La mujer que brilla en la barra de pole fitness a los 88 años: "Me siento una persona sexy"
La mexicana María Luisa Solórzano Arroyo se ha convertido en todo un símbolo de energía, perseverancia y empoderamiento
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A sus 88 años, María Luisa Solórzano Arroyo se ha convertido en todo un símbolo de energía, perseverancia y empoderamiento. Esta mexicana, madre de diez hijos, abuela de catorce nietos y bisabuela de nueve, ha captado la atención y admiración de miles de personas en redes sociales gracias a su dedicación al pole fitness, una disciplina que ha abrazado con entusiasmo y determinación.
Lo curioso es que María Luisa no siempre estuvo vinculada al fitness. Fue ya a los 77 años cuando decidió comenzar a entrenar pole fitness, o pole sport, una práctica física bastante exigente que combina fuerza, flexibilidad y coordinación. Desde entonces, ha convertido esa barra de ejercicio en el escenario de su transformación, tanto física como emocional. Su historia circula en redes, donde se la ve realizando movimientos con control y seguridad, inspirando a personas de todas las edades a replantear sus propios límites.
Un ejemplo para todas las generaciones
"Como todo, nos cuesta un poquito, pero no me rindo", asegura la mujer, que se autodefine como una persona "muy independiente". De hecho, no practica pole fitness simplemente por el desafío físico. También quiere motivar a otras personas mayores, especialmente a mujeres que han sido formadas con la idea de que la vejez equivale a quietud, cuidado doméstico o retiro social. Según ella, esa falta de actividad solo hace que se "oxiden". "Yo sí quiero decirle a todas las mujeres que hagan ejercicio, que no nacimos nada más para estar en la casa atendiendo al marido y a los hijos", destaca.
Independencia y confianza
Su práctica regular del pole fitness no solo ha fortalecido su musculatura, sino que también ha reforzado su sentido de independencia y confianza frente a las expectativas tradicionales sobre cómo deben comportarse las mujeres mayores. María Luisa demuestra que el ejercicio puede ser un vehículo para ganar autonomía, fuerza emocional y una visión positiva en cualquier etapa. Tampoco lo importa lo más mínimo las miradas y los comentarios suspicaces. Con una frase que se ha vuelto emblemática en los videos que comparte -“no hay edad para ninguna actividad de ejercicio”-, demuestra que mantenerse activa es un motor de bienestar integral.
Además, habla abiertamente sobre sentirse bien consigo misma y celebrar su propio cuerpo: "Véanme bien. Yo tengo 88 años y me encanta el pole. Me siento una persona sexy sexy". Su historia ha viajado más allá de su círculo familiar y de quienes la conocen localmente. En las redes sociales ha logrado un impacto que trasciende fronteras, animando a personas mayores a replantear sus posibilidades y a jóvenes a reconocer el valor de la constancia y la pasión.
