Por qué adaptarte a los cambios se vuelve más difícil con la edad

Los cambios estructurales en el cerebro con el paso de los años influyen en su capacidad de adaptación al entorno
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A medida que cumplimos años, notamos que los cambios de rutina, la adopción de nuevos comportamientos o la adaptación a nuevas situaciones se vuelven procesos más difíciles y lentos. Nos cuesta más aprender a utilizar una nueva aplicación en el móvil o simplemente acostumbrarnos a un cambio de horarios. Esta experiencia subjetiva tiene una base neurológica y cognitiva sólida, respaldada por investigaciones recientes en neurociencia, psicología y biología del envejecimiento.

Sabemos que nuestro cerebro es altamente plástico durante las primeras décadas de vida. Las conexiones sinápticas se forman y reorganizan de manera eficiente conforme aprendemos habilidades, hábitos y conocimientos nuevos. Es lo que se conoce como neuroplasticidad, y es la base biológica del aprendizaje y la adaptación. Al envejecer, la neuroplasticidad disminuye de forma natural. Las neuronas establecen conexiones estables y automatizadas que facilitan el procesamiento de habilidades bien dominadas -como conducir, hablar o trabajar con herramientas conocidas-, pero al mismo tiempo dificultan la formación de nuevos circuitos para comportamientos no habituales.
Un estudio reciente de la Universidad de Arkansas liderado por Tatiana Wolfe y publicado en eNeuro ha revelado que la disminución de la capacidad de adaptación en la adultez mayor está vinculada a cambios estructurales en el cerebro, especialmente en la mielina, una sustancia clave para el funcionamiento eficiente de las conexiones neuronales. Estos cambios afectan la llamada flexibilidad cognitiva, una habilidad fundamental para ajustar la conducta frente a nuevas situaciones. En otras palabras, el cerebro envejece por alteraciones en la calidad de las 'rutas internas' que permiten que la información circule con rapidez y precisión.
Cambios en la materia blanca
Lo que detectó la investigación es que ciertas estructuras de materia blanca del cerebro, cruciales para la flexibilidad cognitiva, sufren modificaciones con la edad. La materia blanca funciona como la red de comunicaciones entre distintas regiones cerebrales. Cuando estas rutas están bien integradas y con un recubrimiento de mielina eficiente, la información fluye con rapidez y permite alternar tareas, actualizar estrategias o ajustar respuestas ante nueva información.
El trabajo de Wolfe, basado en miles de imágenes cerebrales de adultos jóvenes y mayores, mostró que en la adultez joven los tractos de materia blanca implicados en la flexibilidad cognitiva son relativamente homogéneos y eficientes. Con la edad, la homogeneidad y densidad de estos tractos disminuyen, lo que se traduce en una menor eficiencia en la transmisión de señales entre regiones cerebrales implicadas en el cambio de comportamiento.
Ese deterioro no significa que el cerebro “deje de cambiar”, sino que la coordinación entre los circuitos implicados en la adaptación se vuelve menos eficaz. Es decir, cambia la forma en que el cerebro procesa la información, haciendo que tareas como alternar entre actividades, actualizar planes o incorporar nuevas reglas requieran más esfuerzo cognitivo.
Además de los cambios estructurales, existe un fenómeno conocido como rigidez cognitiva: la tendencia del cerebro a preferir rutas de procesamiento antiguas y eficientes frente a nuevas alternativas cognitivas menos practicadas. Con la repetición, ciertas conexiones neuronales se vuelven profundas, automáticas y poco flexibles —una ventaja para la realización de tareas habituales—, pero una desventaja cuando se requiere un cambio de hábitos o de rutinas.
Cómo favorecer la adaptación en la edad adulta
Aunque el envejecimiento implica una menor plasticidad y cierta rigidez cognitiva, no significa que no se pueda cambiar o aprender. Numerosas investigaciones sugieren que la plasticidad nunca desaparece por completo y que es posible fortalecerla con prácticas específicas. El neurocientífico Andrew Huberman propone las siguientes:
- El entrenamiento cognitivo guiado puede mejorar la flexibilidad mental y la capacidad de adaptación incluso en adultos mayores. Aprender nuevas habilidades, como un idioma, es un estímulo clave para la creación de conexiones neuronales.
- Ejercicio físico regular, sueño adecuado y estimulación social están asociados con una mayor salud cerebral y menor deterioro de las conexiones neuronales, favoreciendo la capacidad de cambio.
- Hacer pequeños ajustes graduales en rutinas diarias reduce la demanda cognitiva y permite que nuevas conexiones neuronales se formen con menor resistencia.
- Atención y motivación: La atención enfocada y la motivación son elementos clave para incrementar la neuroplasticidad y mejorar el aprendizaje

