Reconectar con el cuerpo a los 50: "Si observas la respiración de alguien, puedes saber cómo vive”

Este entrenador, que promueve vivir de manera más consciente, lanza su primer libro ‘Dejar ser. Otra forma de vivir’, en el que expone su receta para reencontrarse con uno mismo
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MadridNos pasamos la vida acumulando saberes nuevos, reteniendo cápsulas de información que se nos dan, memorizando conceptos… Llenamos nuestro disco duro bajo la máxima atribuida a Leonardo da Vinci de que “un día sin aprender algo es un día perdido”. Pero, ¿y si a partir de un momento determinado “desaprender” fuera la clave para seguir viviendo?
Xabier Sánchez es entrenador y experto en respiración, postura y movimiento y tiene el 'podcast' 'Otra forma', en el que desgrana otras formas de vivir. Acaba de publicar el libro ‘Dejar ser. Otra forma de vivir’ (Espasa), en el que compila consejos para aquellos que sienten que han perdido el contacto con “su” verdad; que enfrentan ese momento de crisis que, aunque puede llegar en un momento cualquiera, acerca muchas veces a la vuelta de los 50. Con él hablamos de cómo desterrar lo superfluo para reencontrarse con la autenticidad.
¿Por qué nos resulta tan difícil conectar con nosotros mismos?
Desde muy pequeños, vivimos instalados en nuestros pensamientos, y eso nos hace vivir el día a día de una forma parcial. Nos cuesta mantener la atención en una conversación y nos cuesta experimentar plenamente lo que estamos viviendo. Y es terrible, porque dejarnos llevar por los pensamientos nos aleja precisamente en esos momentos de experiencia real donde reconectamos con nosotros mismos.

En el arranque de tu libro hablas de volver a ese estado inicial, similar al que sentimos cuando somos bebés, un momento en el que simplemente se está presente…
Así es. Un niño no se piensa a sí mismo. No vive identificado con su nombre, su edad o su historia. Simplemente vive. El trabajo que tenemos que hacer consiste en volver a esa naturaleza: no vivirnos a través de lo que pensamos de nosotros ni de lo que otros piensan.
Mencionas que una de las vías para reconectar con nosotros mismos es el ejercicio físico. ¿Por qué es tan importante?
Nuestro cuerpo está diseñado para moverse y desenvolverse en un entorno natural, pero vivimos en un contexto sedentario desde muy pequeños. El cuerpo se adapta como puede. El ejercicio permite eso que mencionábamos al principio: abandonar el pensamiento y habitar plenamente el cuerpo. Cuando llegas a cierta edad, si no has cultivado el movimiento, aparecen limitaciones. Eso sí, a medida que cumplimos años, es importante elegir bien qué tipo de ejercicio hacer, según nuestro momento vital, para crecer sin lesiones.
También dedicas un espacio importante a la respiración. ¿Por qué es tan relevante?
La respiración es un espejo. Si la observas, puedes saber cómo piensa y cómo vive una persona. Si estás constantemente proyectado hacia el futuro o atrapado en el pasado, la respiración se altera y se acorta. Para reconectar con el presente hay que respirar de manera natural. Y eso implica hacer un trabajo interior.
¿Es la meditación es la herramienta principal para lograrlo?
Es una herramienta fundamental. La mente tiende a dispersarse, y cada vez más, porque cada vez hay más estímulos. A la vez, el ser humano lleva miles de años buscando la calma y el presente. Y la meditación es esa disciplina que te ayuda a mantener la atención en el ahora desatendiendo el pensamiento.
¿Qué significa “desatender” el pensamiento?
La mente no se puede parar, aunque lo intentemos, los pensamientos van a aparecer. El problema es intervenir en ellos, querer solucionarlos, arreglarlos… Meditar es permitir que estén ahí, pero sin atenderlos, como no hacemos caso al ruido de un coche que pasa. Observarlos sin intervenir genera libertad.

Muchas personas sienten que con la edad llega la fragilidad. ¿Es real o es solo una construcción mental?
La edad es solo un número, pero tiene un peso enorme porque la convertimos en una etiqueta que condiciona nuestra manera de vivir. Nos identificamos con el cuerpo, con la edad, con el trabajo… El trabajo que propongo es ‘desidentificarnos’. La edad no es una limitación en sí misma; es una etiqueta que hemos cargado de significado. Creemos que por tener 50 años ya no podemos hacer ciertas cosas porque lo hemos oído mil veces. Pero eso es una creencia, no una verdad absoluta. Y es necesario dejar de vivir según esas creencias.
En los últimos años, a propósito de las crisis económicas o de la pandemia del Covid, un mantra habitual ha sido el de que hay que “reinventarse”. ¿Tiene que ver con lo que propones?
Sí, pero no en el sentido de reinventarse para tener éxito profesional. Nos identificamos con un trabajo o un estilo de vida y creemos que nosotros somos eso, pero la vida está abierta para podamos expresarnos de una manera creativa, cambiar, modificar quienes somos… Siempre hemos vivido las crisis como algo negativo, pero abren puertas. Si nos fijamos en la historia, los grandes avances han surgido en momentos de dificultad. Cuando todo es cómodo y mecánico, tendemos a repetir patrones. Cuando el contexto cambia, aflora nuestro potencial.
Hablas también de la enfermedad y de cómo hemos normalizado vivir enfermos…
La enfermedad tiene un peso excesivo en nuestro día a día. No me malinterpretes: es maravilloso que existan médicos y hospitales, pero otra cosa es vivir obsesionados con lo que nos puede pasar. Eso es consecuencia de una vida demasiado cómoda. Cuando algo nos saca de esa comodidad, lo vivimos como algo tremendamente negativo. Aunque suene fuerte, la enfermedad, como las crisis que mencionamos anteriormente, puede ser una oportunidad para despertar y crecer.
Si mañana quisiéramos empezar a desprogramarnos y cambiar nuestra vida, ¿qué podríamos hacer de forma concreta?
A mí me ha funcionado, en primer lugar, meditar por la mañana: aprovechar ese momento en que la mente todavía no tiene tanta fuerza para parar y observar los pensamientos, los miedos, los deseos… En segundo lugar, movernos cada día durante treinta o cuarenta minutos. El movimiento remueve la energía vital y facilita que estemos más presentes. En tercer lugar, escuchar al cuerpo, especialmente en lo referente a la alimentación. Hay que comer cuando realmente hay hambre, no por impulso o por rutina. Y, por último, observarse a uno mismo en los distintos contextos de la vida: en el trabajo, en casa, con amigos… Pero siempre sin someterlo a juicio y con el único objetivo de crecer y mejorar. La vida es un camino de autoconocimiento continuo, pero no hay que castigarse: solo observarse y aprender de nosotros mismos.

