Ciencia

Por qué convertir listas de palabras en historias puede ayudarte a recordar mejor a partir de los 50

Con la edad, memorizar listas se vuelve más complicado. Getty Images
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A partir de cierta edad, muchas personas sienten que memorizar listas -nombres, recados, medicamentos, tareas- se vuelve más difícil que antes. No se trata solo de una sensación. Realmente el cerebro cambia con el tiempo, y los métodos clásicos de repetición o memorización mecánica tienden a perder eficacia. Sin embargo, hay una alternativa sorprendentemente simple y respaldada por evidencia científica reciente: transformar listas de palabras en pequeños relatos.

Un estudio de la Universidad de Mississippi, publicado en la revista 'Evolutionary Psychology', ha analizado cómo diferentes técnicas afectan a la memoria. En ese estudio participaron más de 380 personas a las que se pidió recordar listas de palabras sin relación entre sí. Los investigadores compararon distintas estrategias, desde técnicas tradicionales de memorización hasta la valoración emocional de los términos, pasando por la construcción de relatos que integraran todas las palabras.

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El resultado fue que quienes optaron por crear historias recordaron la misma cantidad de palabras, e incluso más, que quienes utilizaron métodos mnemotécnicos clásicos. Además, combinar varias estrategias no aportó beneficios adicionales, lo que refuerza la idea de que la narrativa, por sí sola, ya constituye una herramienta muy potente.

“Muchos profesores emplean historias en sus clases para entretener y brindar interés; ahora sabemos que además ayudan a la memoria de los estudiantes”, explicó una de las líderes de la investigación, la doctora Zoe Fischer.

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¿Por qué las historias funcionan mejor?

La clave está en cómo el cerebro procesa la información. Una lista de palabras es, en esencia, un conjunto de elementos aislados. En cambio, cuando esas mismas palabras se insertan en una historia, adquieren contexto, se conectan entre sí y generan significado.

El cerebro no solo almacena datos, sino que los organiza en una estructura con sentido que facilita su recuperación posterior. Esto evita problemas habituales de la memorización tradicional, como recordar bien los primeros y últimos elementos de una lista pero olvidar los intermedios.

Este enfoque resulta especialmente útil a partir de los 50 años. Aunque la memoria sigue siendo funcional, tiende a responder peor a la información fragmentada y mejor a aquello que tiene sentido o contexto. Por eso, en lugar de repetir una lista una y otra vez, puede ser más eficaz convertirla en una escena sencilla.

Por ejemplo, una serie de palabras como “pan, gafas, perro, carta y farmacia” puede transformarse en una pequeña historia cotidiana o incluso absurda; ese toque de imaginación activa más áreas del cerebro y refuerza la huella de memoria.

Una ventaja evolutiva

Los propios investigadores sugieren que esta ventaja tiene raíces evolutivas. Durante miles de años, antes de la escritura, los seres humanos transmitían conocimientos a través de relatos. Nuestro cerebro, en cierto modo, sigue estando diseñado para recordar historias más que datos aislados. Por eso, esta técnica no implica forzar la memoria, sino adaptarse a su funcionamiento natural.

Los resultados del estudio tienen aplicaciones directas en contextos cotidianos. Desde estudiar para un examen a recordar una lista de tareas. Convertir datos o conceptos difíciles en historias ayuda a memorizar mucho mejor sin complicarse la vida.

Para los mayores de 50 años, además, tiene la ventaja de que se apoya en la comprensión y la experiencia, no en la repetición. Y eso supone trabajar con la memoria, no contra ella.