Plogging, la tendencia deportiva que combina salud y medioambiente ideal para los mayores de 50
Esta práctica surgida en Suecia hace diez años consiste en hacer ejercicio al aire libre mientras se recogen desechos
La rutina de fuerza ideal a los 50 si solo tienes 20 minutos al día para entrenar
En un momento en que el deporte busca reinventarse más allá del rendimiento puro, el plogging se ha consolidado como una de las tendencias más dinámicas y con mayor proyección social. Lejos de quedar como una moda pasajera, este fenómeno viene a dar respuesta a una doble necesidad contemporánea, la de cuidar el cuerpo y la de responsabilizarse del entorno. La práctica, que combina el gesto sencillo de correr o caminar con la acción de recoger los residuos que se van encontrando, nació en Suecia alrededor de 2016, pero su crecimiento en los últimos años ha sido notable. En 2026 ya no es una actividad marginal, sino que se ha expandido en ciudades y comunidades deportivas.
Eventos organizados, clubes sociales e incluso grandes carreras populares han incorporado esta dinámica -también en España, con iniciativas como el Plogging Tour y numerosa acciones locales-, evidenciando que el deporte de futuro tiende hacia modelos más sostenibles. La clave de su éxito reside, en gran medida, en su accesibilidad. No exige equipamiento complejo ni un nivel físico elevado, lo que convierte al plogging en una opción especialmente atractiva para personas mayores de 50 años.
Cómo practicarlo
Lo ideal, según los expertos, es calentar entre 10 y 15 minutos antes de comenzar y también al finalizar, para mejorar la recuperación muscular. También, por higiene, es aconsejable emplear guantes que permitan proteger las manos y unas bolsas para depositar los residuos que se van recolectando. Cambiar la bolsa de brazo frecuentemente es también importante para evitar cargar siempre el peso en el mismo lado. Importante la hidratación durante la actividad, así como una buena ingesta de líquidos, carbohidratos y proteínas al finalizar.
Desde el punto de vista fisiológico, el plogging introduce un matiz interesante respecto al ejercicio aeróbico tradicional. A diferencia del running continuo, esta actividad alterna ritmos y movimientos: correr, detenerse, agacharse, incorporarse. Ese patrón intermitente activa múltiples grupos musculares -piernas, core, espalda y brazos- y genera un entrenamiento más completo.
Algunos análisis recientes señalan que puede llegar a incrementar el gasto calórico respecto al trote constante, gracias a la inclusión de movimientos funcionales como sentadillas o zancadas. Además, mejora la capacidad cardiovascular, la densidad ósea y el metabolismo, factores clave en el envejecimiento activo.
Otro aspecto relevante es la adaptabilidad. El plogging no exige correr a alta intensidad; puede realizarse caminando o a ritmo suave, lo que permite ajustar la carga de esfuerzo a las capacidades de cada uno. De hecho, expertos en entrenamiento destacan que, al implicar pausas frecuentes, mantiene la actividad en zonas aeróbicas moderadas, facilitando la recuperación y reduciendo el riesgo de lesiones.
Por la integración y contra el aislamiento
Pero su verdadero valor para mayores de 50 no reside únicamente en lo físico. El plogging opera también en el plano psicológico y social. Practicado habitualmente en grupo, fomenta la interacción, reduce el aislamiento y genera un fuerte sentido de pertenencia. A ello se suma el componente emocional de la gratificación inmediata. Mientras que otros deportes requieren semanas para percibir resultados, aquí el impacto es visible al instante -un espacio limpio tras el paso del grupo-, lo que refuerza la motivación y libera dopamina asociada a la recompensa inmediata.
Hay que destacar que el componente ambiental no es accesorio, sino estructural. Cada sesión contribuye directamente a la limpieza de espacios públicos y naturales, reduciendo residuos y fomentando hábitos sostenibles. A escala individual puede parecer un impacto modesto, pero su verdadero alcance está en promover una conciencia colectiva y convertir el acto deportivo en una herramienta de transformación social.
Ya no se trata solo de sumar kilómetros o quemar calorías, sino de integrar propósito, comunidad y sostenibilidad en la actividad física. Para los mayores de 50 representa la oportunidad de mantenerse en forma, socializar y contribuir activamente al cuidado del entorno, todo en un mismo gesto. Una ecuación difícil de igualar en el panorama deportivo actual.
