Por qué tantas mujeres adultas llegan tarde al diagnóstico de TDAH: "Son las reinas del camuflaje"
María Garau, neuropsicóloga y psicoterapeuta, habla del tema en 'TDAH Adulto. Una vida sin frontal' (Kairós)
Cuando el diagnóstico llega décadas tarde: "Tengo 46 y acabo de saber que sufro TDAH"
Hay mujeres que llevan décadas pensando que son despistadas, torpes o que simplemente "no dan para más". Mujeres que se esfuerzan el doble que los demás y obtienen la mitad de resultados. Mujeres que han cargado con etiquetas de ansiosa, perfeccionista o irresponsable sin saber que detrás de todo eso había una explicación concreta: TDAH no diagnosticado. María Garau, neuropsicóloga y psicoterapeuta en Neuro & Psico, aborda este fenómeno en su nuevo libro ‘TDAH Adulto. Una vida sin frontal’ (Editorial Kairós), donde combina su experiencia clínica con su propio diagnóstico tardío.
Los números son difíciles de ignorar. Históricamente, la prevalencia del TDAH en la infancia ha sido de una niña por cada tres niños, pero en la edad adulta estas cifras se igualan, lo que evidencia un claro retraso en el diagnóstico en las niñas y adolescentes. La edad media de diagnóstico en los varones es de 7 años, frente a los 38 años en las mujeres. Distintos estudios así lo confirma, dejando claro que las mujeres experimentan un retraso de varios años en recibir su diagnóstico en comparación con los hombres, a pesar de tener altas tasas de contacto previo con el sistema de salud mental.
¿Cómo es posible que tantas mujeres pasen décadas sin que nadie detecte lo que les ocurre? Para Garau, la respuesta está en cómo se manifiesta el trastorno en ellas: "Son las reinas del camuflaje: muy hormiguitas, muy constantes, muy responsables... pero el resultado no se equipara a todo ese sobreesfuerzo que han hecho". A diferencia del perfil clásico del niño hiperactivo e impulsivo, muchas mujeres presentan un patrón distinto, más silencioso y difícil de detectar. Como resultado, numerosas mujeres llegan a la vida adulta sin diagnóstico, interpretando sus síntomas como rasgos de personalidad o recibiendo diagnósticos alternativos como ansiedad o estrés crónico.
Garau describe cómo el entorno social y cultural moldea esta invisibilidad: "La mujer es la que no tiene que hacer ruido, no tiene que destacar. Entonces la sintomatología va muy por ahí: soy muy inatenta, muy empanada, y a lo mejor estoy en clase mirando al profesor y pensando en otra cosa". El problema es que ese camuflaje tiene un coste enorme. La energía destinada a controlar cada detalle, la planificación obsesiva y la corrección constante de despistes agota las funciones ejecutivas y puede conducir a bloqueos, perfeccionismo extremo o burnout ejecutivo.
La ansiedad que lo tapa todo
Uno de los patrones más frecuentes que describe la neuropsicóloga es el de mujeres que llegan a consulta no por sus dificultades atencionales, sino por síntomas emocionales. "Normalmente debutan con niveles muy altos de ansiedad, que utilizan como estrategia compensatoria: compensan sus dificultades atencionales con una autoexigencia tremenda, con un perfeccionismo tremendo y con ese estado de hiperalerta constante para no fallar".
Solo uno de cada cinco especialistas evalúa específicamente el TDAH en pacientes mayores de 50 años, lo que significa que es muy fácil que una mujer adulta consulte repetidamente por ansiedad o depresión sin que nadie explore si hay un TDAH de base. "Quizás consultan primero por esa sintomatología emocional, y luego te das cuenta de que hay un TDAH detrás", explica Garau.
A esto hay que añadir que, cuanto más tarda el diagnóstico, mayor es el daño acumulado. No solo en términos de síntomas, sino en la imagen que una tiene de sí misma. "Cuanto más tarde va a hacer el diagnóstico, aparece un autoconcepto más dañado, un sistema de creencias más heavy hacia ti: creencias de que no eres suficiente, de que hagas lo que hagas no vas a servir".
Son mensajes que se han ido instalando desde el colegio, el trabajo, las relaciones. Mensajes externos que, con el tiempo, se convierten en voz propia. El diagnóstico, en ese sentido, no es una etiqueta más: es una explicación. "Cuando descubres que todo tu funcionamiento no es por falta de voluntad, de repente se posa toda esa responsabilidad y eso te genera alivio", concluye Garau.
Un alivio que, para muchas mujeres, llega demasiado tarde. Pero que, en cualquier caso, siempre llega a tiempo para empezar a mirarse de otra manera.
