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¿Escuchar la música a todo volumen en el gimnasio te hace rendir más?

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¿Fitness a todo volumen?. Getty Images
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Para ser honestos, ir al gimnasio no siempre apetece. De hecho, a partir de los 50 años esa pereza puede volverse más frecuente. El cuerpo tarda más en activarse, las molestias aparecen antes y la motivación no siempre acompaña. Por eso muchos recurren a un clásico, ponerse música animada para 'arrancar'. Y si se sube el volumen al 11 parece más sencillo vencer la desgana y rendir más. De hecho, la música alta es muy habitual en las clases de fitness, pero ¿qué dice realmente la evidencia científica?

Un estudio realizado por investigadores de la Universidad del Sur de California y publicado en la revista JAMA Otolaryngology se centró en analizar la relación entre la música a alto volumen durante el ejercicio y sus efectos reales.

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La idea no era tanto medir si uno levanta más peso o corre más rápido, sino observar cómo influye el volumen elevado en el organismo, especialmente en el sistema auditivo. Para el estudio se contó con la participación de 189 personas que asistían a clases de entrenamiento en Los Ángeles.

Durante algunas de estas sesiones se reproducía la música a 91,4 decibelios, mientras que en otras se hacía a 88,5. Después de cada ejercicio, los participantes respondían a cuestionarios en los que se valoraba la intensidad del esfuerzo. La conclusión principal fue clara: no hay evidencia sólida de que escuchar música a volumen alto mejore de forma significativa el rendimiento físico.

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La música, en general, sí puede influir positivamente en la percepción del esfuerzo -es decir, puede hacer que el ejercicio “se sienta” más llevadero-, pero subir el volumen no aporta beneficios adicionales en términos de capacidad física real. Por tanto, la motivación sí puede mejorar con música, pero no depende de que esté alta. El efecto motivador está más relacionado con el ritmo, la familiaridad o el gusto personal que con los decibelios.

El riesgo que sí aumenta

Donde el estudio sí es contundente es en los riesgos. Los investigadores advierten que la exposición prolongada a niveles altos de sonido, algo habitual en muchos gimnasios, puede contribuir a daño auditivo acumulativo. Esto es especialmente relevante a partir de los 50, cuando la audición ya puede empezar a mostrar signos de desgaste natural.

Hay que subrayar que la música alta es habitual en muchas clases colectivas, con niveles de sonido que pueden alcanzar hasta los 108 decibelios, volumen comparable al de un concierto de rock. Si la OMS advierte contra la exposición prolongada a sonidos superiores a 85 decibelios, hacerlo varias veces por semana en sesiones que duran entre 30 y 60 minutos puede tener graves consecuencias.

"Reducir el volumen de la música en las clases fitness grupales no produjo reducciones significativas en el esfuerzo percibido y puede reducir el riesgo de pérdida de audición inducida por ruido", concluyeron los autores en dicha revista científica.

Motivación inteligente, no más ruido

Para quienes buscan mantenerse activos con los años, la clave no está en el volumen, sino en la estrategia. Elegir música que guste, con un ritmo adecuado al tipo de ejercicio, puede ayudar a mantener la constancia sin necesidad de forzar el oído. En actividades cardiovasculares, muchas personas entrenan mejor con canciones que tienen entre 120 y 140 pulsaciones por minuto, un tempo que coincide con el ritmo habitual del esfuerzo físico.

Eso sí, conviene tener en cuenta que otros factores, como una rutina adaptada, objetivos realistas o un entorno cómodo son más importantes a la hora de mantener la motivación que la música alta.