Miguel Sandín, filósofo: "A los 50, hay que valorar lo que tenemos muy por encima de lo que nos falta”

Todo se reduce a una simple idea: "Tratar de comportarnos con la excelencia que requiera nuestra condición"
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Hay una coincidencia que no se debe tomar a la ligera. El estoicismo moderno comenzó a recibir atención a partir de noviembre de 2012, cuando se organizó el primer evento de la Semana Anual Estoica. Desde entonces, su popularidad no ha parado de crecer. Y ese crecimiento coincide con un momento histórico marcado por el colapso institucional, guerras prolongadas, crisis económicas recurrentes y una profunda sensación de pérdida de control. Un contexto, que trasladado a escala personal y doméstica, se parece mucho a lo que viven muchos mayores de cincuenta años con hijos, padres mayores, trabajo y la certeza de que no llegan a todo.
Es para ese tipo de personas para quienes Miguel Sandín, filósofo, ha escrito ‘La paz estoica’ (Deusto). Una propuesta que no vende serenidad instantánea, sino algo más complicado, pero a la vez duradero: un cambio de perspectiva sobre lo que depende de uno mismo y lo que no.
El diagnóstico: vivimos mal lo que no controlamos
"A los cincuenta la frustración suele aparecer al apreciar la distancia entre los objetivos que teníamos previsto haber alcanzado en esa etapa de nuestra vida y los que realmente hemos conseguido", explica Sandín. "Quedarnos contemplando esa brecha, que en muchos casos no depende de nosotros, no ayuda en absoluto."
La alternativa estoica no es negar esa distancia ni celebrarla: es redirigir la mirada. "Los estoicos proponen recurrir a la gratitud, es decir, valorar lo que tenemos muy por encima de lo que nos falta. Si tenemos padres, tenemos hijos y tenemos trabajo, no deberíamos tener motivo para lamentarnos; al contrario, convendría que observáramos desde esa cima el esfuerzo del camino recorrido y sacáramos de ahí la energía para seguir avanzando."
El contexto estadístico da peso a su propuesta. Según un estudio, el 74,6% de los españoles reconoce haberse sentido nervioso, angustiado o muy tenso varios días a lo largo del año. A su vez, la cifra de personas que dicen sufrir estrés de forma habitual asciende ya al 59%, mientras otra encuesta del INE afirma que el 29,8% de la población adulta presenta sintomatología depresiva. Se trata de cifras preocupantes que, aunque Sandín no las menciona, sí que dibujan el paisaje que atisba en su libro.

La paz estoica no es resignación
Uno de los malentendidos más extendidos sobre el estoicismo es creer que propone una actitud de indiferencia pasiva ante la vida. Sandín lo desmonta desde el principio: "Si la resignación se entiende como aceptar lo que nos sucede como una carga contra la que no puede hacerse nada, el estoicismo supone todo lo contrario." La distinción que hace es filosóficamente precisa: la aceptación estoica de que hay cosas que no dependen de uno no es rendición, sino un ahorro radical de tiempo y energía que se redirige hacia lo que sí está en mano de cada uno.
"La paz estoica es la alegría de saber que vivimos plenamente haciendo en cada momento lo que está en nuestra mano hacer, sin importarnos las opiniones ajenas, las dificultades o la pereza interior." No es ausencia de sufrimiento; es claridad sobre dónde poner la atención.
Lo que sí depende de uno a los cincuenta
La herramienta central de su propuesta es la dicotomía del control: la capacidad de distinguir, ante cualquier situación, qué parte pertenece a la esfera de la propia acción y cuál no. A los cincuenta, esa distinción tiene aplicaciones muy concretas. "Nos preocupa el futuro de nuestros hijos, pero debemos entender que es su futuro, no el nuestro", explica Sandín. "La salud de nuestros padres empieza a suponer una fuente de disgusto, pero solo podemos hacer lo que esté en nuestra mano: atenderlos, cuidarlos o buscar su mejor estado. Sentirnos culpables o responsables no va a mejorar nada."
Un dato de la OCDE apunta que más de una de cada ocho personas mayores de 50 años brinda cuidados informales, que generalmente son a sus propios padres, y que esa prestación intensiva de cuidados se asocia con efectos negativos sobre la salud mental. Este es exactamente el perfil de persona al que la propuesta de Sandín puede ayudar.

Tres prácticas para empezar
Por supuesto, hablar de la teoría siempre es mucho más sencillo que llevarla a la práctica, y por eso es importante ser capaces de abandonar la filosofía teórica, y llevarla al terreno de los hábitos. Su propuesta para alguien que siente que ha vivido demasiado deprisa y quiere recolocarse por dentro se articula a través de tres pasos diarios.
El primero de estos pasos sería la meditación estoica, que no consiste en vaciar la mente, sino en analizarla. "Séneca lo hacía cada noche y Marco Aurelio además escribía sus reflexiones." El segundo, sentarse con la espalda recta, respirar y dejar fluir los pensamientos sin seguirlos: "Solo contemplarlos como si fueran nubes que cruzan el cielo. No somos nuestra mente." El tercero, practicar el desapego: reducir la dependencia de cosas y personas para enfocarse en lo propio. "Este desapego no es frialdad, es independencia."
Pero si hubiera que reducir todo esto a una sola idea, sería algo tan simple como "Tratar de comportarnos con la excelencia que requiera nuestra condición en cada circunstancia. Ser el trabajador, el padre, el hijo o la pareja que nos gustaría encontrar enfrente. La honestidad en todas sus dimensiones es el único asunto innegociable para el estoicismo."

