¿De verdad las mujeres con poder se están dejando las canas?

Amparo Moraleda, nueva presidenta mundial de Airbus, ha hecho de las canas una extensión de su estilo de liderazgo
Adiós al cabello teñido: así puedes lograr la transición a las canas con estilo para un gris espectacular
Durante años las canas han sido interpretadas como sello de sabiduría, experiencia y autoridad... en los hombres. Por el contrario, en las mujeres eran leídas sistemáticamente como un signo de abandono o declive. Sin embargo, algo está cambiando. Lentamente, sí, pero de forma irreversible. Las mujeres con poder están reclamando el derecho a envejecer de forma natural, convirtiendo el cabello gris en un nuevo símbolo de seguridad, elegancia y empoderamiento.
El reciente nombramiento de Amparo Moraleda, de 61 años, como presidenta mundial de Airbus no solo es un hito histórico por lo que representa para el talento español y femenino en la ingeniería, sino que también funciona como un espejo de este cambio de paradigma. Moraleda, una de las ejecutivas más brillantes y respetadas de Europa, ha hecho de su imagen natural, donde las canas conviven con una trayectoria impecable, una extensión de su estilo de liderazgo.
Las evidencias están ahí. Cada vez más mujeres deciden no teñirse, y no por dejadez, sino por posicionamiento. Dejarse las canas ha pasado de ser algo marginal a una tendencia creciente, especialmente tras la pandemia, cuando muchas mujeres “descubrieron que no era un drama”, según explicaba la editora de belleza de S Moda, Patricia Rodríguez, en la Cadena Ser.
Eso sí, pese a los avances, aún hoy dejarse las canas sigue siendo una decisión que requiere valentía. Persisten comentarios, juicios y una presión constante por aparentar juventud . Es decir, sí hay naturalización pero todavía no normalización.

Ahí entran nombres que funcionan casi como excepción más que como norma. La actriz Ángela Molina ha hecho de su imagen natural una declaración de coherencia. Andie MacDowell convirtió su melena plateada en icono internacional. Carolina de Mónaco ha mostrado sin complejos el paso del tiempo.
Incluso figuras sometidas a una presión estética constante como la Reina Letizia han dejado entrever canas en actos públicos, generando titulares que, en sí mismos, evidencian que el tema sigue siendo noticia.
Y luego están perfiles menos mediáticos pero igual de relevantes, como Pino Montesdeoca o Laura Sánchez, que desde la moda han contribuido a redefinir la estética de la madurez. Todas estos casos confirman que las canas ya no son incompatibles con el atractivo, ni con la autoridad. Pero todavía no es lo habitual. Una encuesta de Pantene señalaba hace unos años que solo un 21% de las españolas se planteaba en serio la posibilidad de no teñírselas.

El poder en los despachos sigue teñido
Si trasladamos esta conversación al mundo corporativo, la conclusión es aún más clara. La naturalización de las canas en mujeres con poder es todavía una excepción. En España, por ejemplo, solo alrededor de un tercio de los cargos directivos están ocupados por mujeres, y muchas han tenido que emprender para liderar ante la falta de oportunidades dentro de estructuras tradicionales . Es decir, llegar ya es difícil. Y una vez dentro, la presión por cumplir con códigos implícitos, incluido el estético, es enorme.
A esto se suma el fenómeno conocido como acantilado de cristal. Muchas mujeres acceden a posiciones de liderazgo en contextos adversos, donde el margen de error es mínimo y la exposición máxima. En ese entorno, cualquier elemento percibido como 'debilidad', y lamentablemente la edad lo sigue siendo en ciertos ámbitos, puede jugar en contra. Por eso, en los niveles CEO, la imagen sigue siendo un territorio muy vigilado.

La transición: otro campo de batalla
No se trata solo de decidir dejarse las canas. Otro desafío importante está en el proceso. Ese momento intermedio —raíces visibles, tonos desiguales, dudas internas— es donde muchas mujeres abandonan. Pero existen diferentes maneras de hacer la transición del cabello teñido a una melena plateada cuidada, homogénea y bonita.
Uno de los métodos más rápido es cortar el pelo, siempre que sea algo con lo que sentirse confortable, claro. En cabellos más cortos es más fácil emplear un spray retocador para cubrir las raíces canas, disimulando su presencia durante el proceso de transición.
Pero si no se está dispuesta a renunciar a la melena también hay soluciones que ayudan en la transición y hacen que el cabello luzca saneado. Por ejemplo, la técnica go gray, mechas balayage con las que se consiguen mechas en tono gris, lo que evitaría el efecto raíz. O las decoloraciones suaves del cabello, hasta que todo quede de color blanco.
En cualquier caso, parra las mujeres mayores de 50 se abre un terreno nuevo: la posibilidad de elegir. Teñirse o no. Ocultar o mostrar. Adaptarse o redefinir. Y esa, probablemente, es la verdadera revolución. No el color del pelo, sino quién decide sobre él.
