La escala de Zarit: 22 preguntas para saber si estás quemado de cuidar a tu madre o a tu padre
La escala valora cómo te está afectando cuidar en la salud, en el ánimo, en el bolsillo, en la vida social y en la sensación de control sobre tu propia vida
Lo más valioso de la escala de Zarit es que obliga a hacerse una pregunta incómoda pero necesaria: cómo estás tú
Cuidar de tu madre o de tu padre cuando ya no puede valerse por sí mismo te cambia la vida. Al principio nadie se considera un cuidador. Simplemente haces lo que toca: acompañar al médico, controlar la medicación, ayudar con el aseo, resolver papeles, cocinar, vigilar que no se caiga, repetir las cosas veinte veces o pasar noches en vela. Pero conforme avanza el tiempo y crece la dependencia, llega un momento en que el cuidado deja de ser solo una responsabilidad y empieza a convertirse en cansancio, culpa, irritabilidad y sensación de ahogo. Vas renunciando a más espacio de tu vida para dedicárselo a tu madre o a tu padre, o a los dos, y eso te afecta física y mentalmente. El problema es que no sabemos hasta qué punto la carga de ser cuidador pasa factura. Ahí es donde entra la escala de Zarit, una herramienta pensada para saber cuánto te está costando cuidar de tu familiar dependiente.
Por qué es importante
Steven H. Zarit fue un psicólogo e investigador estadounidense, pionero en el estudio del envejecimiento, la demencia y el impacto que tienen los cuidados sobre la familia. El cuestionario nació a finales de los años setenta del siglo XX para evaluar el desgaste de quienes cuidaban, sobre todo, a personas mayores con deterioro cognitivo.
La escala pone nombre y medida a algo que muchas personas viven en silencio. La escala no pregunta solo si cuidar cansa, pregunta si te está afectando en la salud, en el ánimo, en el bolsillo, en la vida social, en la relación con los demás y en la sensación de control sobre tu propia vida. En otras palabras: convierte el desgaste invisible en algo que se puede detectar y valorar.
Además, sirve para algo muy práctico, esto es, detectar a tiempo cuándo un hijo, una hija o una pareja está llegando al límite. Una puntuación alta no significa que quieras menos a tu madre o a tu padre, significa que llevas demasiado peso encima y que necesitas apoyo antes de seguir tirando hasta romperte.
La escala
La versión más conocida tiene 22 preguntas y para cada una de ellas, el cuidador debe indicar la frecuencia con que se siente así, utilizando una escala que consta de 0 (nunca), 1 (rara vez), 2 (algunas veces), 3 (bastantes veces) y 4 (casi siempre). A continuación, reproducimos las 22 preguntas de la escala de Zarit. Puntúa según el baremo anterior y fíjate en la puntuación total del test.
- ¿Sientes que tu madre o tu padre te pide más ayuda de la que realmente necesita?
- ¿Notas que, por cuidar, tienes menos tiempo para ti?
- ¿Te sientes estresado al compaginar los cuidados con el trabajo, la casa o la familia?
- ¿Te avergüenzan a veces algunas conductas de tu familiar?
- ¿Te sientes enfadado cuando estás con él o con ella?
- ¿Crees que cuidar está dañando tu relación con otras personas?
- ¿Te preocupa mucho el futuro de tu familiar?
- ¿Sientes que depende demasiado de ti?
- ¿Te sientes tenso o nervioso cuando estás a su lado?
- ¿Notas que tu salud se ha resentido por cuidar?
- ¿Crees que ya no tienes tanta intimidad o vida propia como antes?
- ¿Has reducido tu vida social por atenderle?
- ¿Te incomoda invitar a gente a casa por la situación?
- ¿Sientes que tu familiar espera que solo tú le cuides?
- ¿Crees que no tienes dinero suficiente para afrontar los cuidados y tus gastos?
- ¿Sientes que no podrás seguir cuidando mucho más tiempo?
- ¿Notas que has perdido el control de tu vida desde que empezaste a cuidar?
- ¿Desearías poder dejar parte del cuidado en manos de otra persona?
- ¿Te sientes inseguro sobre si estás haciendo lo correcto?
- ¿Piensas que deberías hacer más de lo que haces?
- ¿Piensas que podrías cuidar mejor?
- En conjunto, ¿hasta qué punto te sientes desbordado por cuidar?
La puntuación total va de 0 a 88 puntos. Cuanto más alta sea, mayor es la sobrecarga. En muchos entornos sanitarios españoles se usan estos cortes orientativos: hasta 46 puntos, sin sobrecarga intensa; entre 47 y 55, sobrecarga leve; 56 o más, sobrecarga intensa.
Para Lourdes Álvarez, psicoterapeuta del Centro de Salud Mental Mercedes Rodrigo, “los cuidados constantes a personas dependientes dejan huella física y mental. Hay que dotarse de herramientas que nos ayuden a tomar distancia y perspectiva, pero la mayoría de los cuidadores informales no las conoce, y van acumulando daños que a veces repercuten en la persona cuidada, y eso es muy peligroso, porque es la más frágil”.
Para la experta “lo más valioso de la escala de Zarit es que obliga a hacerse una pregunta incómoda pero necesaria: cómo estás tú. Porque muchas veces toda gira en torno al enfermo y casi nadie mira al que sostiene el día a día. Y, sin embargo, un cuidador agotado también enferma, duerme peor, se aísla más y puede acabar cuidando peor no por falta de amor, sino por pura extenuación”.
Un reciente estudio del Colegio de Enfermería sobre sobrecarga en cuidadores de familiares mayores dependientes señalaba que quienes compartían cuidados con otras personas, percibían apoyo y cuidaban a mujeres tenían menos sensación de sobrecarga. La percepción de apoyo, la presencia de más cuidadores y cuidar a mujeres se asociaron a menores niveles de sobrecarga. El estudio señalaba igualmente que una mayor puntuación en Zarit se asocia con más horas e intensidad de cuidado, mayor dependencia funcional de la persona mayor, presencia de deterioro cognitivo o demencia, peor salud mental del cuidador y menor apoyo social.
Qué hacer si estoy quemado
La experta aconseja completar la evaluación con “el análisis del entorno familiar y social, explorar otros problemas frecuentemente asociados a la sobrecarga —como ansiedad, depresión, deterioro de la salud física, escaso apoyo social o dificultades económicas— e identificar factores de riesgo como la larga duración de los cuidados, la elevada dependencia del mayor o la presencia de trastornos conductuales. A partir de ahí, activar intervenciones de apoyo adaptadas a las necesidades del cuidador, especialmente psicoeducación, grupos de apoyo, asesoramiento, seguimiento periódico, implicación de otros familiares, acceso a recursos sociales y, cuando sea posible, medidas de respiro y ayuda domiciliaria; además, las intervenciones personalizadas realizadas en el domicilio parecen ser de las más beneficiosas”. Señala Lourdes, quien recuerda que estos test son “referencias útiles, pero que siempre conviene interpretarlas con contexto y, si es posible, con apoyo profesional”.
La escala de Zarit es un marcador. Si al hacerla te sale una puntuación alta, el mensaje no es “no vales para cuidar”, el mensaje es que no deberías hacerlo tan solo o tan sola. Pedir ayuda, repartir tareas, consultar con atención primaria, buscar apoyo psicológico o recurrir a servicios de respiro no es abandonar a tu madre o a tu padre. Es entender que cuidar bien también exige cuidarte. A veces la persona más desatendida de toda la casa no es quien está enfermo, es quien lleva meses, o años, sosteniéndolo todo.
