Viajes

Marta Insausti, la mujer que dio la vuelta al mundo en moto tras superar un cáncer y un divorcio: "Me siento feliz”

Marta Insausti
Marta Insausti, la motera tranquila. instagram @lamotera
Compartir

Cada vez hay más hombres y mujeres que, después de décadas de cumplir horarios, levantar familias y sobrevivir a los golpes de la vida, decide subirse a una moto y convertir el mundo en una carretera abierta. Algunos lo hacen buscando aventura, otros nuevos aires, y unos cuantos, directamente, una segunda vida. La madrileña Marta Insausti, de 62 años y conocida como 'La Motera', pertenece a ese grupo.

La motera Marta Insausti explica cómo decidió cambiar su vida radicalmente en 'Todas las mujeres que soy'
La motera Marta Insausti explica cómo decidió cambiar su vida radicalmente en 'Todas las mujeres que soy'
PUEDE INTERESARTE

Con casi 56 decidió coger la moto rumbo a Asia y dar la vuelta al mundo en solitario, pero su historia empieza bastante antes, en una una etapa personal devastadora en la que sintió que todo lo que había construido se venía abajo al mismo tiempo.

Durante años Marta llevó una vida convencional. Empresaria, madre de dos hijos y motera desde joven, había pasado buena parte de su vida trabajando. Pero la década previa a su gran viaje fue, en sus propias palabras, "tremendamente dura". Según contó en una entrevista con 'Artículo14', tuvo que lidiar con la quiebra de sus negocios, un divorcio y un cáncer de mama grado III que la dejó física y emocionalmente al límite. “Todo eso fue todo en una batidora y caí en una depresión profunda”, explicó.

PUEDE INTERESARTE

El cáncer fue probablemente el gran punto de inflexión. En otra entrevista con 'La Vanguardia', recordó que durante uno de los ciclos de quimioterapia estuvo "a punto de morir por una reacción alérgica". Y ahí apareció una idea que luego marcaría todo lo demás: había dejado demasiadas cosas para después. “Me prometí que no volvería a tener esa misma sensación”, contó.

En moto desde los 18

La moto, curiosamente, siempre había estado ahí. No era un capricho tardío ni una moda de madurez. Insausti llevaba conduciendo desde los 18 y hablaba de las dos ruedas casi como un territorio íntimo. “Yo me subo a la moto y ya me siento feliz”, decía en esa misma entrevista. Durante la enfermedad, mientras recibía quimioterapia, se entretenía desplegando mapas y soñando rutas pero, una vez recuperada, la idea concreta de la vuelta al mundo apareció de una manera casi casual.

Colaboraba desde hacía años con la Fundación Vicente Ferrer y recibió una invitación para visitar sus proyectos en Anantapur, en el sur de India. Primero pensó en hacer un viaje relativamente sencillo hasta allí. Después empezó a mirar mapas. Luego rutas. Más tarde alternativas para no regresar por el mismo camino. Y de pronto se encontró planteándose algo descomunal. “Pues doy la vuelta entera”, se dijo.

Ni siquiera ella estaba segura de que fuese a hacerlo. "Lo hacía más como un divertimento y una distracción, pero no pensaba que de verdad fuera a hacerlo", confesó en 'Artículo14'. Pero la fecha llegó. El 16 de septiembre de 2019 salió de Madrid con una Royal Enfield Himalayan y una mezcla de vértigo, miedo y liberación.

Aquella aventura terminó convirtiéndose en una vuelta al mundo de más de 50.000 kilómetros y decenas de países atravesados en solitario. Europa, Turquía, Irán, Pakistán, India, el sudeste asiático, Chile, Perú, México, EEUU. Hubo una pandemia de por medio, fronteras cerradas y una interrupción obligada cuando el planeta se detuvo por la COVID-19. Pero retomó el viaje en cuanto pudo.

Viajar sin miedo

Durante su periplo también desmontó varios clichés alrededor de las mujeres que viajan solas. Después de recorrer países que mucha gente consideraría complicados, insistía en que el miedo real había sido el cáncer, no la carretera. “Miedo, pavor, le tengo al cáncer, no a viajar sola”, afirmaba.

Durante la ruta convirtió además el viaje en una iniciativa solidaria vinculada tanto a la Fundación Vicente Ferrer como a CRIS contra el Cáncer, intentando recaudar fondos para distintos proyectos sociales y de investigación oncológica.

Hoy, convertida ya en una referencia para muchos viajeros maduros, sigue defendiendo que no hay que esperar eternamente al momento perfecto. Porque a veces ese momento no llega nunca. Y ella llegó a un punto en el que sentía que quedarse quieta era peor que lanzarse a lo desconocido. “Necesitaba abandonar todo lo que hasta ese momento había sido mi vida. Hacer algo que me sacudiera y me hiciera sentir viva”, resume.