Preguntamos a los expertos: Àngels Barceló o cómo mirar adelante tras dejar un trabajo que ha sido tu vida
Cuando llega el momento de cerrar una etapa que ha sido parte esencial de la identidad de una persona, lo que se tambalea puede ser algo más que la agenda
El miedo a perder la identidad al quedarnos sin trabajo o tras la jubilación: “Somos más que una tarjeta corporativa”
Ángels Barceló finalizará una era clave en la radio de nuestro país cuando el próximo 31 de agosto, deje el programa 'Hoy por Hoy' de la cadena SER con el que ha liderado las mañanas durante siete temporadas. La comunicadora catalana, de 62 años, se desvinculará así del grupo en el que ha cumplido más de veinte años de trayectoria. "Estoy bien, a veces cuesta mucho tomar decisiones. Das vueltas y pasas malos días (...) A lo mejor no era la decisión que quería tomar, pero una vez está tomada, ya está. Y demás yo soy de una manera que cuando tomo una decisión, palante”, aseguraba este lunes la presentadora.
Cuando llega el momento de cerrar una etapa que ha sido parte esencial de la identidad de una persona, que ha marcado sus horarios y rutinas y ha dado propósito a su día a día, lo que se tambalea no es únicamente la agenda. Pero dejar atrás una vida profesional larga no tiene por qué vivirse obligatoriamente como una pérdida devastadora, ni tampoco como una liberación automática. Todo depende, en gran medida, de cómo ocurra esa salida y del relato que seamos capaces de construir a partir de ella.
"Siempre que dejamos un puesto de trabajo después de mucho tiempo, existe un duelo que debemos superar, a veces, unido a una situación de alivio porque suele llegar en un momento en el que estamos especialmente quemados, independientemente de que tengamos más o menos ganas de abandonarlo", nos contaba aquí Ángela de la Fuente, psicóloga de AF Psicología y Psicoterapia.
También es cierto que no es lo mismo marcharse porque uno siente que ha llegado el momento que verse empujado hacia la puerta por una reestructuración, un despido encubierto, una prejubilación no deseada o esa forma elegante y fría con la que a veces las empresas sugieren que ha llegado la hora de dar paso a nuevas generaciones. La diferencia psicológica entre una salida voluntaria y una impuesta es profunda.
"Cuando la decisión se toma de forma consciente parte de ese duelo comienza antes del día de decir adiós. Sin embargo, cuando no nos lo esperamos, al duelo en sí mismo debemos sumarle el shock de lo inesperado. Ahí el proceso es mucho más largo y costoso", advierte la psicóloga. Cuando la salida viene marcada por factores externos, pueden aparecer enfado, desconcierto, tristeza e incluso una herida silenciosa al orgullo. No es extraño que surja una pregunta incómoda: si ya no soy esto que he sido durante tantos años, entonces ¿quién soy?
No se trata de fragilidad emocional, ni de incapacidad para adaptarse, sino de la pérdida de un rol central. Cuando durante décadas una actividad ha ocupado el centro de la identidad social, desprenderse de ella exige una reorganización interna, una especia de mudanza psicológica. El problema no es tener tiempo libre, sino no saber todavía quién habita esa tiempo. "Para que se entienda fácilmente, no es lo mismo una persona que vive para trabajar, que la que trabaja para vivir (...)Tener otras pautas que con las que sentirse identificado puede hacer mucho más llevadero el proceso", apunta De la Fuente.
¿Qué nos pide el cuerpo?
Dependiendo de la edad y de las circunstancias, conviene escucharnos para entender si lo que nos pide el cuerpo es una pausa o si, por el contrario, es necesario pensar en un retiro definitivo. Existe una fantasía bastante extendida alrededor de esta etapa, la de que, después de años de esfuerzo, por fin llega el ansiado momento de 'no hacer nada'. Pero el bienestar en esta nueva fase no depende de la ausencia de obligaciones, sino de la presencia de actividades con sentido. Lo difícil llega cuando durante años todo el sentido personal estuvo concentrado en el trabajo y no hubo ocasión de cultivar otras parcelas de identidad. Entonces aparece una sensación extraña, casi de intemperie.
En el caso de Ángeles Barceló, la comunicadora no ha aclarado cuáles son sus planes a partir de septiembre. Algunos medios apuntan a que podría tomarse un tiempo de descanso, pero tampoco es descartable una retirada definitiva con la que la propia presentadora ha coqueteado alguna vez. "Sueño con retirarme, no lo digo en broma", confesaba en una entrevista en 2017. Si decide darse ese tiempo bien podría dedicarlo a sus hobbies, como el fútbol y la cocina, o a su hija Clara, nacida en 1994 fruto de su relación con el también periodista Josep Morell.
Aquí entra en juego otro factor decisivo, el entorno afectivo y social. El apoyo familiar amortigua el impacto emocional y resulta especialmente valioso cuando la salida no ha sido deseada. Sentirse acompañado protege, sostiene y ofrece seguridad emocional. Pero convertir a la pareja, a los hijos o a los nietos en el único eje de la nueva vida puede generar tensiones inesperadas. Una adaptación saludable pasa por ampliar vínculos, no por concentrarlos.
“Lo más importante es construir una identidad propia, al margen del trabajo. Desarrollar otros ámbitos de nuestra vida que disfrutemos poniendo en valor no sólo el hacer, el concebir, el producir, sino también el sentir, el vivir, el disfrutar. Esto es más fácil decirlo que hacerlo y debemos trabajarlo en el tiempo, buscar otras pasiones, llenar nuestras horas libres con gente, actividades, saber desconectar", subraya De la Fuente.
Cambiar de rumbo laboral más allá de los 50
Y si se opta por emprender un nuevo rumbo laboral hay que recordar que la edad ya no implica necesariamente la incertidumbre que supuso durante décadas. Hoy, la tecnología, la globalización y una mentalidad más abierta hacia el aprendizaje continuo ofrecen un terreno fértil para la reinvención. "Si tienes 50 años y no estás a gusto en lo que estás, las oportunidades que tienes ahora con la tecnología, con la posibilidad de viajar, la posibilidad de no conformarte con lo que siempre se ha hecho, pues este es el siglo indicado, bienvenido al siglo XXI", no explicaba aquí la escritora y divulgadora Elsa Punset Punset. "Pero, como siempre, esto empieza contigo. No te dejes asustar por el edadismo", concluía.
La psicología del desarrollo lleva décadas desmontando la idea de que a cierta edad ya está todo definido. No es verdad. Seguimos transformándonos mientras seguimos aprendiendo, vinculándonos y encontrando nuevas formas de propósito. Dejar un trabajo importante duele porque cambia la historia que nos contábamos sobre nosotros mismos, pero en ese espacio incierto donde todavía no sabemos del todo lo que nos deparará el futuro puede comenzar una de las etapas más honestas y fértiles de la vida.
