Estrategias para que tu padre y tu madre sigan socialmente activos

Porque la actividad física, la estimulación cognitiva y la participación social, permiten mejorar el rendimiento cognitivo y retardar el avance de las demencias
El psicoanalista de 97 años que montó un grupo de mayores de 90 solo para charlar y combatir la soledad
Hay un deterioro que no aparece en las analíticas y que rara vez ocupa tiempo en las conversaciones familiares: el aislamiento progresivo de una persona mayor. Ocurre despacio, sin síntomas evidentes. Un padre que deja de salir porque ya no tiene a nadie con quien quedar. Una madre a quien los hijos llaman cada vez menos. Y lo que parece una simple retirada del mundo resulta ser uno de los factores de riesgo más directos sobre la salud cognitiva y emocional en la vejez.
En España, el 16,2% de las personas mayores están en riesgo de soledad no deseada. Además, un 8,7% están en riesgo de aislamiento, una cifra que supera el 12% entre los mayores de 75 años. La soledad emocional afecta en mayor medida a las mujeres mayores de 80 años: el 26,2% frente al 19,2% de los hombres. El Observatorio Estatal de la Soledad no Deseada sitúa en el 20% la prevalencia entre los mayores de 75 años, con una soledad en esta etapa que, según sus datos, tiende a ser más intensa y persistente que en edades anteriores.
La ciencia dice que a la hora de prevenir el deterioro cognitivo en personas mayores el trabajo sobre factores protectores, tales como la actividad física, estimulación cognitiva y participación social, permite mejorar el rendimiento cognitivo y retardar el avance de las demencias en etapas iniciales. Es decir, que la conexión social no es un complemento del bienestar, sino uno de sus pilares centrales.

Las siete estrategias
- Agendar llamadas aunque sean de diez minutos: el uso del teléfono móvil se asocia con un riesgo de aislamiento del 7,8%, frente al 24,1% entre quienes no tienen teléfono móvil. No es el dispositivo lo que protege, sino el hábito de contacto regular que facilita. Fijar una hora de llamada semanal, aunque sea breve, convierte una intención en una rutina.
- Mantener actividades con estructura y comunidad: ir a la iglesia, a un centro de mayores, a una asociación vecinal o a cualquier grupo estable cumple una función que va más allá del entretenimiento: ancla a la persona en una red de relaciones con expectativa de continuidad. La asistencia regular a actividades grupales es uno de los factores protectores más consistentes en la bibliografía gerontológica.
- Salir de casa: una caminata, un recado, cualquier motivo. El movimiento al aire libre tiene un efecto verificado sobre el estado de ánimo. El informe EmancipaTIC también señala que el nivel bajo de actividad social es uno de los principales factores que explican el riesgo de soledad. Salir —aunque sea a acompañar a alguien a hacer gestiones— interrumpe el ciclo de encierro antes de que se consolide.
- Juegos de mesa, cartas o actividades en grupo: se trata de actividades que ejercen un doble efecto. Por un lado mantienen activa la interacción social, por otro, estimulan funciones cognitivas como la atención, la memoria de trabajo y la planificación. Según un estudio, los programas de actividades en la comunidad que incluyen este tipo de estimulación resultaron positivos para el desempeño cognitivo en siete de los estudios experimentales analizados.
- Involucrarle en actividades cotidianas: puede tratarse de algo tan simple como regar las plantas, pasear a una mascota, acompañar a hacer la compra. La sensación de utilidad y de participar en la vida doméstica activa refuerza la percepción de autonomía, un elemento central del bienestar emocional en la vejez. No requiere esfuerzo adicional: se trata de no excluir a la persona de lo que ya ocurre.
- La música como puerta a la conversación: poner canciones de la época de tu padre o tu madre puede abrir conversaciones que de otro modo no ocurrirían. La música activa la memoria autobiográfica con una eficacia documentada en la investigación sobre demencia y envejecimiento cognitivo: conecta con recuerdos, con emociones y, por extensión, con las personas que los comparten.
- Invitarles a pequeños encuentros: un café, una comida, una visita… No hacen falta grandes planes. Lo que la investigación señala de forma consistente es que la frecuencia del contacto presencial es el factor que más incide en la preservación de la red social. Los encuentros cotidianos e informales son los que sostienen la conexión a lo largo del tiempo.
El informe EmancipaTIC recoge una advertencia del presidente de la asociación, José Manuel Azorín, que merece no pasar desapercibida: "Diversas investigaciones confirman que la soledad mata y está asociada a una disminución del bienestar social." Que tu padre o tu madre tengan con quién hablar esta semana no es un detalle de confort. Es una intervención de salud.

