Por qué cada vez toleras menos a la gente a partir de los 50

Llegados a cierta edad, las personas dejan de intentar justificarse y que los demás entiendan por qué hacen las cosas
Minimalismo emocional después de los 50: cómo soltar lo que ya no te aporta sin sentir pérdida
MadridLos 50 son una edad de cambios, aunque no todos ellos sean notables o de los que te cambian la vida. En general, son los cambios físicos los que reciben una mayor atención, haciendo que sea especialmente importante cuidar la salud con cambios en la dieta y una vida más activa, protegiendo la salud ósea y muscular y tratando de suavizar los efectos que produce cumplir años.
Sin embargo, los cambios emocionales también son destacables, no por nada suele señalarse que las personas pasan por una 'crisis' pasados los 50. Esto es así porque es una etapa de la vida que invita a reflexionar sobre lo que queríamos lograr y lo que hemos conseguido, sobre si estamos donde queremos estar o es el momento de cambiar radicalmente de vida, porque a la vez que sentimos que tenemos mucha vida por delante, también sentimos que se nos acaba el tiempo.
Es, en definitiva, un momento de la vida que nos invita a recapitular sobre nuestro pasado, reflexionar sobre nuestro presente y planificar de cara al futuro. También es una época en la que tendemos a tener menos paciencia, tolerando menos a la gente, ¿por qué pasa esto? ¿Se debe a un cambio de carácter propio de la edad o hay otros motivos para que esto suceda?
Por qué cada vez toleras menos a la gente a partir de los 50
Con el paso del tiempo, nuestra paciencia parece acabarse con mayor facilidad, lo que afecta a todas las facetas de nuestra vida, también a nuestras relaciones. En general, llegados a cierto punto de la vida, parece que toleras menos a la gente, das menos explicaciones sobre tus motivos para tomar determinadas decisiones y las opiniones de los demás pasan a ser algo sin relevancia, una actitud que puede resultar chocante para algunos, pero que tiene su razón de ser.
La gente más joven siente que tiene que justificar las cosas que hace o las decisiones que toma, la gente que ya ha cumplido los 50, en general, ya no tiene esa necesidad, ha dejado de dar explicaciones que ahora le parecen innecesarias, esperan que el resto de la gente entienda por qué hacen las cosas que a ellos les parecen más lógicas y sin ningún atisbo de duda. Si eso no sucede, puede resultar irritante, lo que se traduce en una menor tolerancia hacia esas personas que les obligan a volver a dar explicaciones.
La edad también enseña que la gente es como es y que, por mucho que intentemos cambiarles con nuestro propio comportamiento, eso no va a suceder. Por mucho que se intente ser amable con alguien, esforzarnos o razonar, su comportamiento con nosotros no va a cambiar. Con la experiencia es más sencillo reconocer a este tipo de personas y en muchas ocasiones, nos rendimos antes de intentarlo, lo que puede verse como una tolerancia escasa hacia esas personas.
Llegados a cierta edad, conocerse a uno mismo ya no es un proceso, es algo que ya ha tenido lugar, por lo que no es raro que sepamos alrededor de qué personas sí apetece estar y de cuáles no queremos rodearnos. Aprendemos a distinguir las señales de que alguien no es de fiar o vemos cómo sus comportamientos son tóxicos. Todo esto, sumado a una falta de 'energía' habitual conforme cumplimos años, suele hacer que la paciencia con estas personas se reduzca al mínimo. Perder el tiempo con gente que no interesa no es una opción.
No necesitan la aprobación de los demás, por lo que en muchas ocasiones evitan perder el tiempo intentando suavizar su propio carácter, intentando encajar con lo que los demás esperan de ellos. Buscan la claridad y prefieren la verdad a la cortesía y con el tiempo han entendido que no pueden hacerse responsables de todos los problemas, por lo que no intentan arreglar las cosas que no son su responsabilidad.
Puede parecer que, una vez pasados los 50 años, las personas tienen menos tolerancia con la gente, pero la realidad es que han vivido mucho y han aprendido de la experiencia, no quieren perder su tiempo en dramas innecesarios y prefieren centrarse en lo que les parece verdaderamente importante, que no es justificar sus decisiones o comportamientos con gente que no les preocupa demasiado. La experiencia es también un grado para saber qué batallas conviene pelear y cuáles hay que dejar pasar.
En realidad, no existe una edad específica para que eso suceda, pero sí que es cierto que es una manera de ver y vivir la vida que es más frecuente a partir de los 50, porque se han pasado por suficientes cosas como para conocerse a uno mismo y aceptarse, sin esperar la aprobación de nadie más.

