Cuando te das cuenta de que ya no eres la prioridad de nadie: cómo gestionarlo sin hundirte

Si priorizamos a alguien le estamos dando un lugar de preferencia, dedicándole tiempo, atención y cuidado
La ley de Falkland o cómo priorizar lo importante y tomar la mejor decisión
Priorizar implica jerarquizar, establecer qué cosas, actividades, acciones o personas nos parece que tienen preferencia frente a otras. Implica decir sí a algunas cosas y no a otras, al priorizar, escogemos a qué queremos dedicar nuestro tiempo. Esto es especialmente importante en las relaciones, porque una vez que priorizamos, estamos dando un lugar de preferencia, dedicándole tiempo, atención y cuidado.
Tal vez por eso resulta tan doloroso darse cuenta de que no somos una prioridad, sobre todo cuando es algo que se repite. Una vez que eres consciente de que no lo eres en el núcleo familiar o entre tus amistades, o que tu pareja no te tiene como prioridad, hundirse puede ser la respuesta más habitual, la que surge de manera natural ante algo que puede ser devastador.
Sin embargo, es importante saber reaccionar y hacerlo de tal manera que se salga fortalecido, incluso si en un primer momento parece imposible que esto pueda pasar o si para lograrlo se necesita la ayuda de profesionales, algo que es más habitual de lo que pensamos. Encontrar la manera de sobreponerse a esta información puede necesitar herramientas que no todo el mundo tiene disponible y tener un guía se convierte en algo esencial.
Señales de que no eres una prioridad para alguien
Muchas veces no somos conscientes de que para otras personas no somos una prioridad, o comenzamos a sospecharlo, pero no es algo que sea sencillo de aceptar, porque habitualmente queremos ser prioridad para esas personas que son prioritarias para nosotros y darnos cuenta de que no es algo recíproco, de que no estamos poniendo el mismo peso emocional en la relación, no estamos dando lo mismo ambos, puede ser un golpe complicado de asumir. Si sospechamos que esta puede ser la situación, puede que notemos alguna de estas señales.
Si la comunicación no es fluida y tarda varios días en contestar, puede ser una señal de que no eres una prioridad para esa persona, también si solo hace planes contigo en el último momento, porque eres su plan de reserva, si apenas pasáis tiempo juntos, no sientes apoyo emocional por parte de esa persona o no te apoya frente a momentos complicados, si desestima o ignora tus sentimientos o no te respeta como debería. No eres su prioridad si sientes que eres su segunda opción.
Cómo gestionar que ya no eres la prioridad de nadie
No es posible obligar a que otras personas nos conviertan en una prioridad, pero eso tampoco quiere decir que sea necesario resignarse. Un buen primer paso es dejar de buscar excusas (estará agobiado, no ha tenido tiempo, está pasando por un mal momento…) y aceptar lo que sucede. En muchas ocasiones las personas nos tratan como dejamos que nos traten y por eso mirar hacia uno mismo puede ser la clave.
Conviértete en tu propia prioridad. Puede que sea el momento de pensar en ti mismo y en tus propias necesidades en lugar de poner por delante las de los demás. Esto te ayudará a cuidarte física y mentalmente. Sentir que nadie nos prioriza puede afectar a nuestra autoestima y nuestra confianza, aprender a querernos de nuevo y ser conscientes de nuestras fortalezas y aspectos positivos puede ayudarnos a sentirnos mejor.
En este proceso introspectivo, no es mala idea plantearnos si nuestras expectativas son las adecuadas o estamos esperando que los demás actúen como lo haríamos nosotros; puede que estemos esperando de los demás algo que no pueden darnos. Comunicar cómo nos sentimos y hacerlo de manera asertiva puede ayudarnos a cambiar esta relación, si es que puede ser reparada.
El siguiente paso es establecer límites y uno de ellos puede ser tomar distancia con esas personas, reducir el contacto con quienes no te valoran como tú les valoras a ellos; tienen sus problemas y necesidades, pero tú también y también son importantes. Esto puede llevarnos a darnos cuenta de que las relaciones que teníamos han cambiado (porque aparecen nuevas prioridades o por desgaste) y ahora los caminos se están separando.
Quedarse estancado en el dolor no es el mejor de los planes, lo mejor es buscar la manera de hacer nuevas amistades, crear una red de apoyo que verdaderamente lo sea, ya sea con quienes han decidido acompañarnos en el proceso respetando nuestros límites y necesidades, o con personas nuevas.
Este proceso, desde que nos damos cuenta de lo que sucede hasta que buscamos la manera de crear nuestro propio grupo donde nos sintamos a gusto, pasando por el proceso de curación y sanación intermedio, no es sencillo. En estos casos es una buena idea buscar ayuda profesional, apoyarnos en quien puede darnos las herramientas para entender qué necesitamos y cómo podemos conseguirlo, trabajando para reforzar nuestra autoestima y para aprender a establecer límites saludables.

