Alfonso Navarro, psicólogo, y la trampa de la frustración: "El error es caer en la tentación de evitarla"
El problema no es sentir frustración, sino la forma en que nos relacionamos con ella
Joan Piñol, psicólogo, sobre soportar mejor la frustración a partir de los 50: "No es mal carácter"
La frustración tiene mala fama. La asociamos al enfado, al fracaso o a esa sensación incómoda de que las cosas no salen como habíamos imaginado. Sin embargo, pocas emociones están tan presentes en nuestra vida cotidiana. Aparece cuando el cuerpo ya no responde igual que antes, cuando los planes cambian sin avisar, cuando los hijos toman decisiones que no entendemos o cuando la jubilación no resulta exactamente como la habíamos soñado. Y, aunque intentemos esquivarla, siempre encuentra la manera de colarse.
El problema no es sentir frustración, sino la forma en que nos relacionamos con ella. Porque frustrarse no es un error del sistema, sino una respuesta natural cuando la realidad pone límites a nuestros deseos o expectativas.
La clave está en aprender a convivir con esa emoción, sin dejar que dirija nuestras decisiones ni nuestro estado de ánimo. Hablamos con el psicólogo Alfonso Navarro, autor de 'La trampa de la frustración' (Molino), sobre cómo reconocer la frustración cotidiana, comprenderla y transformarla.
En el libro planteas que frustración es una palabra con muchos significados. ¿Cómo la definirías para alguien de más de 50 años?
La frustración es un sentimiento que nos acontece cuando algo que para nosotros era importante no ha sucedido en la forma en la que nosotros esperábamos o queríamos. Es el sentimiento que acompaña a la adaptación a nuestro entorno, incluido lo social y relacional.
Tres claves esenciales para gestionar las frustraciones más frecuentes en esta etapa vital (pérdida de oportunidades laborales, cambios físicos, jubilación, hijos insoportables, etc.)
Volver un poco al “egocentrismo”. Centrarse en la parte de la vida que depende de uno mismo. Conectar, en la medida de lo posible, con las ilusiones y los objetivos que podemos satisfacer sin que el mundo ayude. Como forma de sentir algo de control sobre la vida y no esa sensación de estar a merced de todas esas cosas que pones como ejemplo.
¿Hasta qué punto la frustración en la madurez está vinculada a expectativas no cumplidas del pasado o a patrones aprendidos en la infancia?
Muchísimo. Cuando hablamos de una frustración más profunda, esa que nos lleva a una tristeza o melancolía, es muy fácil que tenga su origen en esos lugares comunes para tantos adultos. Pensar que su vida podría haber sido mejor si…, o no haber sabido cambiar de patrones y estar repitiendo cosas que no les lleva a la felicidad. Al final es la sensación de sentirse atrapado, pero sabiendo que uno mismo es el carcelero.
¿Hay diferencia entre una frustración “sana” y una frustración “cronificada”? ¿Cómo identificarlas?
Si, la frustración en si misma es algo sano. Es un sentimiento, como cualquier otro, que nos indica que lo que sucede dentro o fuera de nosotros no nos gusta. La “cronifiacada” la podríamos llamar más una depresión funcional. Es decir, aquellas personas que se han instalado en la resignación y no ven una manera de conectar con la ilusión.
Hablas de la trampa de la frustración. ¿Cuál es el error más común que cometemos al intentar gestionarla?
El error más común es caer en la tentación de evitar cualquier tipo de frustración y optar por la vía fácil, desde el convencimiento de que se trata de un sentimiento negativo. Ese y el culpar a todo el mundo de lo que nos sucede, o pensar que las cosas podrían haber sido distintas a como son. En realidad son tres errores distintos pero es difícil decidirse a cual es más común.
¿Se puede “reaprender” a gestionar la frustración después de décadas haciéndolo de otra manera?
Por supuesto. En eso consiste el libro, en una pequeña visión acerca de como podemos ir conociendo lo que la frustración despierta en nosotros y encontrar nuevas formas de enfocarlo. Eso hacemos en terapia con aquellas personas que no consiguen cambiar o llevarse mejor con los sentimientos.
¿Cómo impacta la frustración no gestionada en las relaciones de pareja en personas mayores de 50 años?
Pues con mucha intransigencia. Una de las cosas más frecuentes es la dificultad o rigidez a la hora de adaptarse a situaciones nuevas y a personas que no se comportan como a nosotros nos gustaría que lo hicieran. Así que se convierte en un reto porque buscan relaciones donde no exista mucho compromiso o donde la convivencia no sea una opción.
¿Qué diferencias hay entre la frustración del adulto y la del adolescente?
El adolescente aun no cree que lleve razón. Puede parecer más arrogante a la hora de explicarse, pero no le tiene tanto miedo al cambio. Es más elástico y le resulta más fácil, en ocasiones, conectar con la ilusión que viene con los cambios.
¿Qué herramientas prácticas pueden usar los padres para acompañar emocionalmente a sus hijos en momentos de frustración?
Escuchar todo lo que tenga que decir la otra persona antes de comenzar a responder. La mejor herramienta que tenemos es el silencio. Cuando damos espacio y dejamos que las personas se expresen, muchas veces terminan ellos mismos por entender lo que ha sucedido y regularse de nuevo. El problema es que si intervenimos antes de que terminen de hablar, se defienden y se tienen que posicionar en el extremo.
Otra importante es ver la adolescencia como un proceso de aprendizaje donde el error no es malo. Evidentemente evitando los errores que no son luego reparables, pero permitiendo que el adolescente se pele las rodillas.
¿Qué idea errónea sobre la frustración deberíamos desterrar definitivamente?
Que es evitable. La fantasía de mucha gente es que existe una vida idílica donde no ocurre nada que haya que gestionar. Esa búsqueda de la calma de la que habla mucha gente. La calma es interna, no consiste en que no ocurran eventos importantes, porque es inevitable.
¿Qué mensaje le darías a quienes sienten que la frustración les domina en la segunda mitad de la vida?
Que no tengan miedo a hablar con alguien sobre ello. Que la terapia no es para personas incapaces de hacer las cosas solas. Cuando uno intenta solucionar sus problemas solo no puede ver aquello de lo que no es consciente y lo que termina haciendo es perfeccionar sus problemas y no solucionarlos.
