Cómo debería cuidarse de verdad la piel un hombre de más de 50: hablamos con expertos

Hablamos con Marta Masi, farmacéutica y experta en cuidado de la piel. Y con Fran Diéguez, farmacéutico, formador y divulgador científico
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Cuando se habla de los cambios profundos que se manifiestan en la piel a partir de la barrera de los 50 años, la conversación suele girar de forma casi exclusiva en torno a las mujeres. Generalmente se piensa en las consecuencias de las alteraciones hormonales que se producen con la menopausia, un proceso que provoca una caída drástica en la síntesis de colágeno y que se traduce visualmente en arrugas, manchas, deshidratación profunda, falta de luminosidad y flacidez. Sin embargo, el envejecimiento cutáneo no es una cuestión puramente femenina, en la piel de los hombres también se producen alteraciones significativas como consecuencia de la andropausia, una disminución gradual y progresiva de la testosterona que arranca años atrás y que provoca, entre otros muchos efectos, cambios físicos, metabólicos y emocionales.
Lo cierto es que, a simple vista, los efectos de la andropausia en el rostro masculino no suelen ser tan evidentes ni repentinos como los de la menopausia. Para arrojar luz sobre este punto y entender qué ocurre realmente, consultamos a Marta Masi, farmacéutica y experta en cuidado de la piel, que lo explica del siguiente modo: “la piel masculina suele ser más gruesa y más grasa y las pieles grasas suelen tener menos arrugas aparentes”.
Lo cierto es que la piel masculina suele ser un 20% más gruesa que la femenina y genera una mayor cantidad de sebo y las pieles grasas, por su propia naturaleza y lubricación anatómica, suelen manifestar menos arrugas aparentes en las primeras etapas de la vida. No obstante, el verdadero problema del envejecimiento masculino no radica en su genética, sino en su historial de hábitos.
Masi añade un factor diferencial y es que, “por norma general los hombres se han cuidado menos, han tenido menos hábitos de prevención, especialmente con la protección solar, por ello, tienen signos de envejecimiento por acumulación de daño solar año tras año”, es por eso que, al llegar a los 50, presentan signos de envejecimiento muy marcados.
Los efectos de la andropausia en la dermis

A partir de los 50 años, el escudo natural del hombre empieza a ser menos eficaz porque, como consecuencia directa de la disminución de los niveles de testosterona, se reduce de forma paulatina el grosor y la densidad natural de la dermis. El proceso se complica porque, en esta década, la piel del hombre experimenta también una acelerada pérdida de colágeno y elastina, las dos proteínas estructurales que sostienen la arquitectura del rostro.
El resultado de este combo provoca sequedad generalizada, flacidez en la línea de la mandíbula, arrugas funcionales que se transforman en surcos profundos y aparición de manchas solares o lentigos originados por los excesos del pasado.
En definitiva, hombres y mujeres compartimos una problemática muy similar en el fondo, aunque difiera en los tiempos de aparición. Como bien apunta Marta Masi, “la piel realmente no tiene género, sino necesidades”. En definitiva, los pilares del cuidado de la piel son exactamente los mismos para todos: limpieza integral, antioxidantes para frenar los radicales libres, hidratación profunda, protección solar diaria y el uso de retinoides transformadores por la noche.
No obstante, la experta aclara que el secreto del éxito a partir de los 50 no está en las modas, sino en la personalización: “habría que valorar en cada caso concreto qué hay que corregir: sequedad, sensibilidad, manchas, imperfecciones, rojeces, fotoenvejecimiento...”
Cómo cuidar la piel de un hombre a los 50 años

Fran Diéguez, farmacéutico, formador y divulgador científico, aborda el problema desde una perspectiva muy realista y pragmática. Tiene claro que el principal enemigo del cuidado masculino es el desconocimiento: “muchos hombres todavía se lavan la cara solo con agua porque nadie les ha explicado que su piel necesita cuidados específicos.
Coincidiendo con la pauta recomendada por Marta Masi, Diéguez apuesta por desterrar las rutinas complejas que solo generan frustración y abandono y en su lugar enumera los cuatro básicos esenciales que verdaderamente marcan la diferencia: una limpieza diaria eficaz, un contorno de ojos específico, una crema de día adaptada y el uso de retinal por la noche.
En esta rutina sencilla pero eficaz, el primer paso es innegociable. “Limpiar no es opcional”, sentencia Diéguez. Se trata del pilar fundamental de cualquier rutina de ‘skincare’ e imprescindible para eliminar el exceso de sebo, la polución urbana y las células muertas, de lo contrario, es imposible que el resto de los activos cosméticos penetren y funcionen de manera adecuada.
Para Diéguez, el segundo cosmético que no debe faltar en el neceser masculino es el contorno de ojos. La anatomía de esta zona es especialmente delicada, con una piel mucho más fina que la del resto del rostro y carente de glándulas sebáceas. Es, precisamente, “donde los hombres notamos mucho antes los signos de envejecimiento”, ya sea en forma de bolsas, ojeras oscuras o líneas de expresión.
El tercer paso imprescindible de la mañana es combinar la salud con la prevención con una crema de día que hidrate a fondo y repare la función barrera de la epidermis “para protegerla del estrés oxidativo”, y, por supuesto, “la protección solar que debemos utilizar a diario”, el más potente producto antiedad que existe.
La noche: el momento de la renovación
Si la mañana es para proteger, la noche es para reparar y, como advierte el experto, “hay que empezar a utilizar un producto con retinal, que ayude a la renovación celular y a mejorar la textura de la piel”. El retinaldehído es un derivado de la vitamina A que actúa de forma rápida y eficaz, estimulando la producción de colágeno y difuminando las manchas y arrugas sin agredir las pieles maduras.
Para concluir, el farmacéutico derriba uno de los grandes mitos del márketing moderno: “Más tiempo y más productos no significan directamente una mejoría en tu piel”. De hecho, el experto advierte que saturar el rostro con demasiados pasos sin sentido puede ser contraproducente, acabando por alterar el ecosistema cutáneo y provocando sensibilidad, irritación y la destrucción de la función barrera. A los 50 años, la regla de oro es que lo importante no es la cantidad, sino la calidad. Hay que apostar de verdad por fórmulas honestas, eficaces y respaldadas por estudios de evidencia científica.

