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La primera mujer motera en dar la vuelta al mundo sola: "Soy consciente de lo que significó mi valentía"

Anne-France durante una de sus rutas
Anne-France durante una de sus rutas. FB
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En 2016, la casa de moda Chloé presentó su colección de otoño-invierno inspirada en su look motero de los años setenta, con la típica cazadora de cuero, el casco, las botas... El mundo de la moda redescubría así a una mujer que el mundo del motor había ignorado, ridiculizado y hasta difamado cuarenta años antes. Anne-France Dautheville ya tenía 72 años. Y la historia, como siempre, llegaba tarde.

Nació el 22 de marzo de 1944 en Seine-et-Marne, hija de una alsaciana y un cevenol. Creció entre el barrio parisino de Rue Lauriston y un pueblo rural, fue educada en la tradición protestante, estudió literatura, se mudó al centro de París y encontró trabajo en una agencia de publicidad. Una vida perfectamente ordenada que la fotografía de la época reconocería sin esfuerzo: Radio Luxembourg, J. Walter Thompson, Havas. Trabajo estable. Nada extraordinario.

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La ruptura llegó con las huelgas del mayo del 68. Con el metro paralizado, Anne-France compró una Mobylette Honda para moverse por la ciudad. "La CGT ya no se burlaría de mí", dijo después. Aquella pequeña moto fue el principio de todo, y con ella comenzó a recorrer Francia. Descubrió que viajar sobre dos ruedas le producía una sensación de libertad que no había tenido hasta entonces, hasta el punto de que el trabajo, su apretada agenda o los clientes empezaron a parecerle algo accesorio.

En 1972, la revista Moto Revue organizó el Raid Orion, la primera competición de motos entre París e Isfahán, en Irán. Anne-France solicitó participar y aceptaron su solicitud. Era la única mujer que lo hacía en solitario, el resto de escasas féminas que tomaban parte en la prueba iban como pasajeras de pilotos masculinos. 

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De los 105 participantes que salieron hacia Isfahán, 92 llegaron. 11 continuaron hasta Kabul. Solo 5 alcanzaron Rawalpindi, en Pakistán. Ella estaba entre esas cinco, conduciendo una Moto Guzzi de 750 cc. Después de Rawalpindi, desapareció tres meses más. Cuando regresó a Francia, el 13 de noviembre, se puso manos a la obra con su primer libro: Une demoiselle sur une moto ‘Una señorita en una moto’.

Anne-France y una de sus primeras motocicletas

La respuesta de la prensa

La acogida mediática fue un ejercicio de lo peor que el periodismo puede producir. Rumores de que era lesbiana, ninfómana, de que había abandonado la moto y terminado el trayecto en autobús. Nada verificado, por supuesto, pero todo se publicó. Anne-France no respondió con palabras. Respondió con una Kawasaki de 100 cc de dos tiempos y un plan sorprendente: dar la vuelta al mundo ella sola.

De este modo, en 1973 partió de Canadá. Cruzó Alaska. Llegó a Japón. Atravesó India, Pakistán, Afganistán, Irán, Turquía, Bulgaria, Yugoslavia, Hungría, Austria, Alemania y regresó a Francia. Fue la primera persona conocida en completar ese recorrido en solitario sobre una moto, poco antes de que el escritor Ted Simon iniciara su propio viaje en una Triumph Tiger de 500 cc. El libro que nació de ese trayecto, Et j'ai suivi le vent ‘Y me llevó el viento’ en español, es el testimonio de una épica que la pequeña cilindrada de su moto hacía todavía más improbable.

Una paradoja que nadie esperaba

Lo que Anne-France descubrió durante aquellos años de carretera contradecía radicalmente las advertencias que había recibido antes de salir. "Nadie me contó que en el momento en el que saliese de Europa una mujer que viaja sola se convierte en algo casi sagrado, que sería respetada, a quien todo el mundo querría ayudar y se esforzarían por proteger", dijo. "Ser mujer me abrió muchas puertas, todo el mundo me recibía con los brazos abiertos porque al viajar sola entendían que yo confiaba en la gente."

En Afganistán, los transportistas le cedían el paso en aduana diciéndole "Eres una mujer valiente". En India, un hombre la miró, dijo que estaba completamente loca y se fue riendo. Lo que ninguno de ellos hizo fue negarle el paso o devolverla a casa.

Hay recuerdos de aquella aventura que guarda con la misma nitidez que si hubieran ocurrido ayer. "Afganistán con el sol desapareciendo en el valle de Bahamian mientras yo lo contemplaba sentada sobre la cabeza del gran Buda", contó a Yego Motor Club. "Un lago de agua caliente en Yukón, en medio del bosque, donde tomé un baño en plena noche mientras las auroras boreales se dibujaban en el cielo sobre mi cabeza."

Anne-France con una de sus motos, ante la torre Eiffel

No paro de rodar 

En 1975 recorrió Australia en una BMW Motorrad de 750 cc. En 1978 volvió para rodar una película para la televisión australiana. En 1981, a lomos de una Honda de 250 cc, bajó desde Bogotá hasta Buenos Aires cruzando Perú, Ecuador y Bolivia: 21.000 kilómetros, seis meses, ocho países, y el libro La Piste de l'Or ‘La pista del oro’, por el que recibió el Premio Hermes.

Después de ese viaje, Anne-France Dautheville se dedicó a la botánica y a la literatura, dejando la moto aparcada, por decisión propia, eso sí, no porque nadie la dijera que debía parar. El mundo del motor, en cambio, siguió funcionando como si ella nunca hubiera existido.

Hasta 2016, cuando Chloé le devolvió el nombre al presente con una colección que llevaba su estilo de los setenta a las pasarelas. Tenía 72 años, vivía tranquila en París y no se consideraba feminista. "Soy consciente de lo que significó mi valentía en aquel momento", dijo. Una frase tan acertada como los caminos que eligió tomar al manillar de sus motos.