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Interrail a los 60: el viaje por Europa que ahora puedes hacer sin mochila, albergue ni prisas

La red ferroviaria europea permite que viajar por Europa en tren sea una experiencia gratificante.. Maginfic
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Hubo una época en la que hacer un Interrail significaba cargar con una mochila más grande que uno mismo, dormir en albergues de dudosa ventilación y desayunar cualquier cosa comprada la noche anterior en un supermercado. El objetivo consistía en visitar el mayor número posible de países antes de que se acabaran el dinero, las vacaciones o las fuerzas.

A los 60, afortunadamente, ya no hay necesidad de viajar así. Interrail también puede ser una maleta con ruedas, un hotel junto a la estación, una habitación con baño propio y tres noches en cada ciudad. Puede ser salir a media mañana, comer sentado, reservar primera clase y contemplar los Alpes desde la ventanilla sin tener que demostrar nada a nadie.

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Además, los mayores de 60 años tienen un descuento del 10% en los pases Interrail. No hace falta estar jubilado ni cobrar una pensión: basta con cumplir la edad.

Interrail no es un viaje organizado

Lo primero que conviene aclarar es que Interrail no es un circuito cerrado ni un billete con una ruta fijada de antemano. Es un pase que permite utilizar los trenes de las compañías adheridas durante determinados días.

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El más conocido es el Global Pass, válido en la red participante de 33 países europeos. También existen los pases One Country, pensados para recorrer un único país.

Los pases flexibles permiten utilizar el tren durante un número concreto de días dentro de un periodo más amplio. Por ejemplo, un pase de cinco días en un mes no obliga a viajar únicamente cinco días ni a regresar a casa al quinto. Significa que, dentro de ese mes, se pueden escoger cinco fechas para desplazarse en tren.

En cada día de viaje se pueden tomar varios trenes. Así, una persona puede pasar tres noches en Milán, otras tres en Venecia, cuatro en Florencia y cuatro en Roma, usando solo tres o cuatro jornadas del pase.

Cuánto cuesta el pase sénior

Los precios cambian con las promociones y deben comprobarse en el momento de la compra, pero en agosto de 2026 estos eran los precios para el Global Pass Senior, con el 10% de descuento aplicado: cuatro días de viaje en un mes, 190 euros; cinco días en un mes, 215 euros; siete días en un mes, 257 euros; diez días en dos meses, 302 euros; y quince días de viaje en dos meses, 375 euros.

Son precios aproximados, calculados sobre las tarifas generales publicadas para estos pases. Pueden variar según la clase escogida, el país de residencia, una campaña promocional o las condiciones aplicadas en el momento de pagar.

Si quieres viajar en primera clase también puedes, pero cuesta más. Suele ofrecer asientos más anchos, menos pasajeros por coche, más espacio para las piernas y un ambiente más tranquilo. El pase de primera permite utilizar también los coches de segunda, aunque no ocurre al revés.

Letra pequeña

Tener un Interrail no significa que puedas viajar en todos los trenes ni que el asiento esté garantizado. La mayoría de los trenes regionales pueden utilizarse sin pagar nada más. Sin embargo, numerosos trenes de alta velocidad, internacionales y nocturnos requieren una reserva adicional. Es especialmente frecuente en España, Francia e Italia. Todos los trenes nocturnos exigen reserva.

Interrail calcula un precio medio de unos 10 euros para las reservas en trenes nacionales rápidos, unos 15 euros en trenes internacionales y alrededor de 20 euros en servicios nocturnos, aunque una cama o un compartimento privado pueden costar bastante más. Por ejemplo, un Frecciarossa internacional entre Milán, Turín, Lyon y París exige una reserva de unos 13 euros. Un Eurostar entre París y Colonia puede exigir entre 32 y 37 euros. El Eurostar entre Londres y París, Bruselas o Lille cuesta unos 35 euros en clase estándar. Muchos Railjet entre Austria, Alemania, Hungría o la República Checa permiten reservar por unos tres euros. En los ICE alemanes, la reserva suele ser opcional y ronda los 5,50 euros en segunda clase y los 6,90 en primera.

Por tanto, una ruta de dos semanas no cuesta únicamente los 215 o 257 euros del pase. Para un recorrido de cuatro o cinco ciudades conviene calcular, de forma prudente, entre 30 y 100 euros adicionales en reservas, dependiendo de los países y trenes elegidos.

Salir desde España

El Global Pass permite usar el tren en el país de residencia durante un día para salir al extranjero y otro para regresar. Esos dos días están incluidos dentro de los días de viaje comprados; no se añaden gratuitamente.

Un residente en España podría utilizar, por ejemplo, un mismo día para viajar desde Segovia hasta Madrid, continuar hasta Barcelona y cruzar después hacia Francia, siempre que los horarios y las reservas lo permitan. El día de regreso funciona de forma similar. No se puede usar el Interrail para recorrer España libremente durante todo el mes.

En algunos casos puede ser más cómodo y hasta más barato volar hasta la primera ciudad del recorrido y regresar desde la última. Un vuelo hasta Milán y una vuelta desde Roma, por ejemplo, evita dedicar dos jornadas enteras a cruzar Francia y España.

Italia sin querer verla entera

Milán, Verona, Venecia, Bolonia, Florencia y Roma forman una de las rutas más sencillas para estrenarse. No hace falta incluirlas todas. Una versión tranquila podría reservar tres noches en Milán, tres en Venecia, cuatro en Florencia y cuatro en Roma. Con un pase de cuatro o cinco días habría margen suficiente para cubrir los desplazamientos principales.

Los trenes rápidos italianos permiten recorrer grandes distancias en pocas horas, pero suelen necesitar reserva. Sumando el pase sénior y los suplementos, el transporte ferroviario podría situarse aproximadamente entre 250 y 320 euros por persona, sin contar el vuelo hasta Italia, los hoteles ni el transporte urbano.

La ventaja es que Italia ofrece muchas excursiones regionales sencillas. Desde Florencia se puede visitar Pisa, Lucca o Arezzo; desde Bolonia, Módena, Parma o Rávena; y desde Milán, algunas localidades de los lagos.

La Europa imperial

Otra ruta cómoda une Múnich, Salzburgo, Viena, Bratislava y Budapest. Las distancias son razonables, existen buenas frecuencias y muchas reservas son opcionales o baratas. Bratislava puede visitarse durante el día desde Viena, lo que evita cambiar otra vez de hotel.

Con un pase sénior de cinco días, que ronda los 215 euros en segunda clase, y entre 15 y 30 euros para reservas, el coste ferroviario podría quedarse alrededor de 230 o 245 euros por persona.

Bélgica y Países Bajos

Bruselas, Gante, Brujas, Amberes, Róterdam, Delft, La Haya y Ámsterdam permiten organizar un Interrail casi sin grandes desplazamientos.

La fórmula más cómoda consiste en alojarse varios días en Bruselas o Gante y utilizar esa ciudad como base para las excursiones belgas. Después se puede dormir en Róterdam, La Haya o Ámsterdam y visitar desde allí el resto de los Países Bajos.

Muchos trenes no requieren reserva, los trayectos son cortos y hay numerosas frecuencias. Un pase de cuatro o cinco días puede ser suficiente, con un coste aproximado de 191 a 215 euros, apenas incrementado por suplementos.

No es la ruta con más kilómetros ni con más países, pero puede ser una de las que mejor representan el Interrail después de los 60: menos maletas, menos prisas y más tiempo para disfrutar.

Alemania esencial

Alemania permite una ruta como Fráncfort, Heidelberg, Núremberg, Dresde, Berlín y Hamburgo.

Muchos trenes ICE no obligan a reservar asiento. Se puede subir mostrando el pase, aunque en verano, fines de semana o días festivos es prudente pagar los aproximadamente 5,50 euros de la reserva.

También se puede improvisar más que en Francia o Italia. Esto no significa viajar sin ninguna planificación, pero sí conservar cierto margen para quedarse una noche adicional o modificar alguna etapa.

Algunos consejos

La primera regla es sencilla: no cambiar de hotel todos los días. Tres noches por ciudad deberían ser el mínimo razonable. Cuatro, en destinos como Roma, Viena, Berlín o París, resultan todavía mejor.

La segunda es escoger hoteles próximos a la estación. Pagar algo más puede evitar taxis, escaleras, adoquines y desplazamientos agotadores con la maleta.

También conviene limitar los trayectos diurnos a cuatro o cinco horas, dejar margen suficiente entre conexiones y reservar con antelación los trenes más problemáticos. Las plazas destinadas a viajeros con Interrail pueden ser limitadas, sobre todo en los TGV, Eurostar y servicios nocturnos.

Una maleta mediana con ruedas es mucho más práctica que una mochila. Y, aunque resulte evidente, hay que comprobar que se puede levantar para colocarla en el tren. Las estaciones europeas no siempre tienen ascensor en todos los andenes.

También merece la pena contratar un seguro que cubra enfermedad, cancelación, equipaje y regreso anticipado. El pase puede tener determinadas condiciones de devolución, pero no sustituye un seguro de viaje.

¿Interrail es siempre más barato?

No. Y conviene decirlo claramente. Para una ruta con dos o tres desplazamientos comprados con mucha antelación, los billetes individuales pueden resultar más económicos. Interrail empieza a ser interesante cuando se visitan varias ciudades, se atraviesan diferentes países o se valora especialmente la libertad para cambiar de planes.

La comparación debe hacerse sumando el pase y las reservas. Un Interrail sénior de dos semanas, con cuatro o cinco jornadas de tren, puede costar entre 230 y 350 euros por persona. Si incluye varios TGV, Eurostar, trenes nocturnos o trayectos internacionales caros, el precio puede acercarse o superar los 400 euros.

A cambio, evita comprar cada billete por separado y permite organizar el recorrido con una flexibilidad que difícilmente ofrecen las tarifas ferroviarias más baratas.

A los 20 años, Interrail consistía en intentar ver Europa antes de que se acabara el dinero. A los 60 puede consistir exactamente en lo contrario: tener tiempo para detenerse, dormir bien, sentarse junto a la ventana y quedarse unos días más cuando una ciudad lo merece.

El verdadero lujo no es llevar un pase de primera clase, es no tener que correr para coger el siguiente tren.