Deporte

Así es Judi Oyama, la skater competitiva de mayor edad del mundo con 66 años

Judi Oyama, de récord Guinness a los 66. instagram @worldskatesb
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Se supone que cuando uno tiene una cierta edad empieza a mirar con más prudencia aquello que hacía de joven. No es el caso de Judi Oyama. De hecho, parece haber elegido el camino contrario. A los 66 años sigue compitiendo en monopatín y el Guinness World Records acaba de volver a reconocer oficialmente su hazaña como la mujer de mayor edad que compite en skateboarding.

No se trata de una veterana que conserve el monopatín como recuerdo de otra época y participe en pachangas de viejas glorias. Oyama sigue entrando en competición internacional y se ha clasificado para los World Skate Games de 2026, que se celebrarán en Paraguay en octubre, apenas unas semanas antes de cumplir 67 años.

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La escena, bien mirada, es casi surrealista. Mientras buena parte de sus contemporáneos contemplan el skate como una afición propia de adolescentes, esta estadounidense de raíces japonesas se coloca el casco, se sube a la tabla y se lanza por un circuito de conos a velocidades que pueden rondar los 50 o 60 kilómetros por hora.

Cuando las mujeres ni siquiera tenían categoría

La historia de Oyama empieza mucho antes de que existieran récords que batir. Tenía 13 años cuando su hermano Cary llevó a casa un monopatín fabricado en la clase de carpintería del colegio. Era 1973 y Santa Cruz, California, se estaba convirtiendo en uno de los grandes laboratorios mundiales de la cultura skate. Oyama se enganchó inmediatamente.

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En aquellos años el problema no era solamente hacerse un hueco entre los mejores. Para una chica, sencillamente, había muchas veces que no había un hueco. Oyama pertenece a una generación que empezó a patinar cuando el skate todavía estaba construyendo su identidad y las mujeres tenían una presencia testimonial en las competiciones.

En el Capitola Classic de 1977 fue la única mujer participante y terminó octava. Un año después entró en el equipo Santa Cruz Skate y comenzó a recibir algunos de los primeros patrocinios destinados a mujeres en este deporte.

Comenzó practicando distintas modalidades, entre ellas street y vert, pero con el tiempo encontró su terreno competitivo especialmente en el slalom y las pruebas overall. En el slalom los corredores deben atravesar un recorrido de conos con la máxima velocidad y precisión posible. El movimiento exige equilibrio, anticipación, coordinación y una enorme capacidad para cambiar de dirección sin perder velocidad.

No es precisamente una modalidad amable con el cuerpo. Las carreras implican velocidad, inclinaciones, cambios bruscos de trayectoria y, como sabe perfectamente Oyama, caídas. Por eso tiene tanto mérito lo que sigue haciendo.

Mantenerse activo a los 66 tiene un significado muy distinto cuando la actividad consiste en caminar, nadar o montar tranquilamente en bicicleta que cuando se trata de deslizarse sobre cuatro ruedas a gran velocidad, girar alrededor de conos y aceptar que perder el equilibrio forma parte del juego. En 2024, durante los World Skate Games de Chieti, Italia, Oyama compitió rodeada de deportistas que podían tener una cuarta parte de su edad. Y estaba allí para competir, no para figurar.

Entrenar para poder seguir cayendo

Su longevidad deportiva tampoco responde a una genética especialmente milagrosa, sino a una preparación física deliberada. Según explicó a Guinness, acude a CrossFit cuatro mañanas por semana, a las seis, y combina el trabajo de fuerza con levantamiento de pesas y ejercicios de suspensión agarrada, conocidos como bar hangs.

Los fines de semana suele reservar tiempo para patinar y, cuando se aproxima una competición, incrementa el trabajo específico durante la semana antes de reducir la carga y permitir que el cuerpo llegue descansado a la carrera.

Devolver lo recibido

Con todo, quizás su legado más importante esté lejos de los podios. Oyama dedica tiempo a enseñar y acompañar a jóvenes skaters, especialmente mujeres, y colabora con Board Rescue, una iniciativa que dona monopatines a niños en situación de vulnerabilidad.

Uno de sus ejemplos más significativos es Leiola Kahaku. Oyama empezó a trabajar con ella cuando tenía 15 años. La joven se aficionó al slalom, siguió entrenando a su lado y terminó convirtiéndose, con 17 años, en campeona mundial femenina de slalom. En la misma competición Oyama terminó tercera. Para la veterana, ver ganar a su pupila fue uno de los momentos más especiales de su carrera.

"Llevo más de 50 años patinando y quiero ver hasta dónde puedo llegar", explicaba en un vídeo en el que repasaba su carrera. En su caso, el monopatín ya no es únicamente una cuestión de velocidad o competición. También es una forma de transmitir una cultura deportiva a quienes vienen detrás.