Así se mantiene en forma Guillermo Lachica para seguir siendo socorrista a los 71: "Soy el abuelo del grupo pero aprendo de los chavales"
Antes de empezar su jornada como socorrista, se mete en el agua y nada hasta 1,5 kilómetros
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A las nueve de la mañana, cuando buena parte de la playa todavía está desperezándose, Guillermo Lachica Pando ya está en marcha. Vive en Algarrobo Costa y cada día se sube a la bicicleta para recorrer los cerca de diez kilómetros que lo separan de su puesto de trabajo, en Torrox Costa (Málaga). Al llegar se cambia, se mete en el Mediterráneo y nada entre uno y un kilómetro y medio antes de comenzar oficialmente su jornada como socorrista. Lo llama calentamiento, pero es una rutina que dejaría exhausta a la mayoría de personas con la mitad de sus 71 años (cumplirá los 72 en diciembre).
Mientras muchos de sus coetáneos llevan años disfrutando de la jubilación, Guillermo pasa nueve horas en la orilla (entre las 11:30 y las 20:30 horas), caminando, vigilando el estado del mar y pendiente de cualquier bañista que pueda necesitar ayuda. Ha salvado "algunas vidas", según cuenta en El Debate, aunque se apresura a precisar que, por fortuna, "no demasiadas".
También ha trabajado como operador de motos acuáticas en las playas de Torrox y mantiene actualizados sus conocimientos y sus titulaciones porque, en su oficio, la experiencia no sustituye a la formación. Todo apunta a que es el socorrista en activo de mayor edad de España, aunque sigue teniendo pasión por lo que hace. "Soy el abuelo del grupo, disfruto mucho con mi trabajo, aprendo de los chavales", confiesa en Diario Sur.
Una vida mirando hacia el agua
Guillermo no llegó al mar después de una vida sedentaria. Más bien parece que ha ido construyendo su vida alrededor de él. Nació en Buenos Aires y cruzó el Atlántico en 1989. Primero vivió en A Coruña, donde pasó cinco años y nació su primer hijo. Después llegó Valladolid, ciudad en la que permaneció 18 años ejerciendo como ingeniero agrónomo y donde nació su segundo hijo. Pero el sur estaba presente desde mucho antes. Su abuela era malagueña y su abuelo procedía de Rubite, en la Alpujarra granadina. En 2015 hizo realidad el deseo de instalarse definitivamente en Algarrobo, junto al Mediterráneo.
Su relación con el socorrismo tampoco es reciente. Comenzó en 1977 y se formó en la Cruz Roja mediante un curso de un año que incluía prácticas de resistencia en las playas del Atlántico Sur y el Río de la Plata. Ya entonces trabajaba en playas y piscinas. Después llegarían el triatlón, las travesías a nado, las carreras y el montañismo, pasiones que explican bastante bien al Guillermo de hoy.
Ha competido en Argentina y España, participó en triatlones olímpicos en la isla de Huemul, en Bariloche, y fue subcampeón de su categoría en Mar del Plata. En España ha afrontado travesías como las de la isla de Tabarca y el cabo de Gata. También ha recorrido la Patagonia y coronado el Aconcagua. Y tiene alguna historia difícil de imaginar en una conversación convencional.
Una vez, nadando en el Caribe hacia un barco hundido, perdió la referencia de la distancia al regresar y terminó saliendo del agua en un complejo hotelero vecino al que no tenía acceso. Cuando los empleados le preguntaron cómo había conseguido entrar, la respuesta era sencilla. Había llegado nadando.
El aire libre como una oficina
Guillermo no parece considerar el ejercicio, el mar y el trabajo como compartimentos separados. Son partes de una misma forma de vivir. "Nunca he sido de oficina, no lo soportaría. Estar al aire libre es mi oficina", explica a El Debate.
Cuando le preguntan por el secreto de su estado físico, tampoco recurre a ninguna fórmula milagrosa. Habla de deporte, descanso y alimentación: "El consejo es llevar una dieta muy saludable y eliminar totalmente la comida chatarra, y estar físicamente activo". Según ha contado, basa su alimentación en productos naturales, proteínas y una mayor carga de hidratos, como pasta o arroz, cuando se prepara para competir.
Lo admirable, en realidad, no es solo que Guillermo pueda completar diez kilómetros en bicicleta, nadar antes de trabajar y permanecer nueve horas vigilando una playa. Es que continúa haciéndolo porque quiere. "A mi edad no me quiero jubilar aunque podría, soy una persona muy activa, necesito moverme y éste es el trabajo ideal", confiesa en Diario Sur.
