Estilo de vida

Experta en protocolo explica cómo la forma de sentarse revela detalles de la personalidad

Es una pista de comunicación no verbal. Freepik
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MadridPuede parecer que sentarse es uno de los gestos más simples que podemos hacer. Sin embargo, la postura que adoptamos al sentarnos puede hablar mucho antes de que pronunciemos una sola palabra. La manera en la que nos colocamos puede proyectar muchas cosas.

La experta en protocolo Mar Casas lo resume con una idea muy clara: la forma de sentarnos puede revelar detalles de nuestra personalidad. No porque una postura pueda ser suficiente para definir a una persona, sino porque el cuerpo habla incluso cuando intentamos mantener silencio.

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La postura que adoptamos también comunica

Ahora mismo se habla mucho de autenticidad y naturalidad, por lo que el protocolo puede parecer una norma antigua. Pero, entendido correctamente, no busca convertirnos en personas artificiales, sino ayudar a comunicarnos mejor. La postura al sentarse forma parte de ese lenguaje silencioso que acompaña a lo que decimos.

Una persona puede decir que está interesada en una conversación, pero si se recuesta hacia atrás, mira el móvil, esconde las manos o gira el cuerpo hacia la salida, el mensaje puede resultar contradictorio. De la misma manera, cuando alguien mantiene una postura abierta, escucha, apoya las manos de forma natural y mira a su interlocutor transmite presencia y disponibilidad.

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La comunicación no verbal no debe ser interpretada de forma aislada ni tampoco absoluta. Una pierna cruzada puede responder a comodidad, costumbre, frío o educación recibida. Una persona encorvada puede estar cansada o tener dolor de espalda, pero los gestos corporales sí construyen una impresión.

Qué revela cada postura al sentarnos

La espalda recta, pero sin rigidez

Mantener la espalda erguida transmite atención, seguridad y respeto por el momento, en especial en una comida formal, una reunión o una entrevista. Sin embargo, no se trata de sentarse como una estatua o mantener una postura artificial. Se debe mantener el cuerpo alineado, los hombros relajados y una actitud cómoda. Una espalda demasiado hundida puede proyectar desgana o cansancio, mientras que una excesivamente rígida puede parecer tensión o incomodidad.

Sentarse al borde de la silla

Esta postura puede tener una doble lectura. Por un lado, cuando nos sentamos ligeramente hacia delante puede transmitir interés, disposición y ganas de participar en la conversación. Por otro lado, si se acompaña de movimientos repetitivos, manos tensas o la sensación de estar a punto de levantarse, puede ser interpretado como ansiedad o impaciencia.

Reclinarse demasiado

Apoyarse en el respaldo de manera natural no tiene nada de incorrecto, pero dejarse caer en la silla o reclinarse en exceso puede proyectar desinterés, arrogancia o falta de implicación. En situaciones profesionales o sociales donde se quiere causar buena impresión, una postura demasiado relajada puede transmitir que no se está del todo presente.

Las manos, siempre visibles

Las manos tienen un papel esencial en la comunicación no verbal. Ocultarlas bajo la mesa, guardarlas en los bolsillos o esconderlas constantemente puede transmitir inseguridad, reserva o falta de transparencia. Lo recomendable es mantenerlas visibles, descansando de forma natural sobre la mesa o cerca del plato cuando corresponda. Unas manos calmadas refuerzan la sensación de control.

Cruzar brazos o piernas

Cruzar los brazos suele interpretarse como una postura cerrada, aunque a veces solo responda a comodidad, frío o costumbre. Con las piernas ocurre algo parecido: no siempre indica distancia, pero si se combina con el torso girado, la mirada evasiva o una actitud corporal tensa, esa sensación de bloqueo puede verse reforzada.

La dirección del cuerpo revela interés

No solo importa cómo nos sentamos, sino hacia dónde apunta el cuerpo. Orientar el torso hacia la persona que habla transmite escucha y disponibilidad, mientras que girarse hacia otro lado, mirar constantemente alrededor o apuntar los pies hacia la salida puede sugerir que se quiere finalizar la conversación.

Cómo sentarse mejor sin parecer forzado

La buena postura no tiene que verse ensayada. De hecho, cuando alguien se sienta de forma demasiado rígida, el efecto puede resultar contrario al deseado. La presencia elegante se nota cuando parece natural.

Una fórmula muy sencilla sería sentarse con la espalda recta, los hombros relajados, los pies apoyados o colocados de forma estable, el torso orientado hacia la conversación y las manos visibles.

También ayuda evitar gestos repetitivos que puedan delatar nerviosismo: mover la pierna sin parar, jugar con un anillo, tocarse el pelo constantemente, mirar el móvil, recolocarse una y otra vez o esconderse detrás de la copa. No se trata de quedarse inmóvil, sino de reducir todo aquello que pueda distraer el mensaje.

Aunque la postura comunica, conviene evitar interpretaciones simplistas. Nadie debería concluir que una persona es insegura, arrogante o fría únicamente por cómo se sienta durante unos minutos. Para poder usar la comunicación no verbal correctamente se necesita un contexto.

Una persona puede cruzarse de brazos porque tiene frío. Puede esconder las manos porque no sabe dónde ponerlas, sentarse al borde de la silla porque es incómoda o reclinarse porque le duele la espalda. Por eso, la lectura correcta no es una postura siempre significa algo, sino que se pueden transmitir ciertas cosas en determinadas circunstancias.