¿El móvil también protege la mente de los mayores de 60?
El uso habitual de tecnologías digitales se asocia con un menor riesgo de deterioro cognitivo en mayores de 50 años
Pasar muchas horas ante el televisor encoge el cerebro a partir de los 50, según un estudio
Desde que los smartphones se convirtieron en un elemento central de nuestra vida cotidiana, expresiones como "demencia digital" o "podredumbre cerebral" han alimentado la idea de que pasar demasiado tiempo frente a una pantalla acaba pasando factura a nuestra mente. Sin embargo, la investigación científica empieza a vislumbrar un panorama más complejo y, en algunos aspectos, sorprendente.
Una de las revisiones más completas publicadas hasta la fecha concluye precisamente lo contrario de lo que muchos imaginaban. El uso habitual de tecnologías digitales -entre ellas los teléfonos inteligentes, los ordenadores e internet- se asocia con un menor riesgo de deterioro cognitivo en personas mayores de 50 años.
El trabajo, publicado en en Nature Human Behaviour, fue realizado por investigadores de la Universidad de Texas en Austin y de la Universidad de Baylor, encabezados por los neuropsicólogos Jared F. Benge y Michael K. Scullin. No se trata de un estudio aislado, sino de un metaanálisis que reunió la evidencia disponible de 57 investigaciones realizadas en distintos países e incluyó datos de 411.430 adultos cuya edad media rondaba los 69 años.
Los autores querían comprobar si la llamada hipótesis de la 'demencia digital' tenía respaldo científico. Esta teoría sostiene que una exposición prolongada a las tecnologías acabaría debilitando funciones como la memoria o la atención.
Los resultados fueron claros. Las personas que utilizaban habitualmente tecnologías digitales presentaban un menor riesgo de deterioro cognitivo y también una menor velocidad de declive mental a lo largo del tiempo. Incluso después de ajustar variables como la edad, el nivel educativo, la situación socioeconómica, el estado de salud o factores relacionados con la denominada reserva cognitiva, la asociación seguía siendo significativa.
Eso sí, los propios investigadores insisten en que el estudio muestra una asociación, no una relación de causa y efecto. Es decir, no puede afirmarse que utilizar un teléfono móvil evite por sí mismo la aparición de problemas de memoria.
La reserva tecnológica
Para explicar estos resultados, los autores proponen un concepto que denominan reserva tecnológica. La idea recuerda a la conocida reserva cognitiva, según la cual mantener el cerebro intelectualmente activo durante toda la vida ayuda a compensar mejor los cambios asociados al envejecimiento. Las tecnologías digitales podrían contribuir a esa reserva por varias vías.
En primer lugar, obligan a aprender continuamente. Cada actualización, nueva aplicación o cambio en la interfaz supone un pequeño reto cognitivo para quienes no crecieron rodeados de pantallas. En segundo lugar, favorecen la interacción social. Videollamadas, aplicaciones de mensajería o redes sociales permiten mantener el contacto con familiares y amigos, un factor que desde hace años se relaciona con una mejor salud cerebral.
Y, además, funcionan como herramientas de apoyo. Recordatorios, calendarios, alarmas, notas o sistemas de navegación permiten compensar pequeños fallos cotidianos de memoria sin sustituir necesariamente el funcionamiento cerebral, sino facilitando una vida más autónoma.
El teléfono como aliado de la memoria cotidiana
El propio Michael Scullin había liderado anteriormente un ensayo clínico aleatorizado publicado en 'Journal of the American Geriatrics Society'. En aquel estudio participaron 52 personas de entre 55 y 92 años con deterioro cognitivo leve o demencia inicial. Tras recibir entrenamiento para utilizar aplicaciones de recordatorios en el teléfono móvil, los participantes mejoraron su memoria prospectiva, es decir, la capacidad para recordar acciones futuras como tomar la medicación, acudir a una cita o realizar una tarea concreta.
Los investigadores defendían entonces que el problema no es el teléfono en sí, sino aprender a utilizarlo como una ayuda inteligente para mantener la independencia funcional durante más tiempo
Otra investigación desarrollada por el mismo grupo y publicada en 'Archives of Gerontology and Geriatrics' analizó a 219 adultos mayores de 65 años. Los resultados mostraron que quienes utilizaban con mayor frecuencia dispositivos digitales manifestaban menos quejas subjetivas sobre su memoria y sus funciones ejecutivas, incluso tras controlar otros factores relacionados con el envejecimiento.
¿Significa esto que cuanto más móvil, mejor? No. El metaanálisis no invita a aumentar sin límite el tiempo frente a las pantallas. Tampoco contradice la abundante evidencia sobre los efectos negativos del uso excesivo del móvil sobre el sueño, la actividad física, el bienestar emocional o la atención.
Lo que los investigadores cuestionan es la idea de que el simple hecho de utilizar tecnologías digitales acelere el deterioro cerebral en los adultos mayores. De hecho, sugieren que el beneficio podría depender del tipo de uso. Aprender nuevas funciones, resolver problemas, comunicarse con otras personas, gestionar tareas o acceder a información exigen una participación cognitiva activa. Muy diferente es pasar horas consumiendo contenido de manera pasiva.
