Así es la casa especilísima y con cine de Ingmar Bergman en Fårö

Fårö tiene aproximadamente 114 kilómetros cuadrados, el doble de Manhattan, y en torno a 500 habitantes permanentes
Y también: La casa-santuario de David Lynch a la venta por 15 millones de dólares
Pocas biografías del siglo XX ilustran con tanta nitidez la relación entre paisaje y psique como la de Ernst Ingmar Bergman. El director sueco, uno de los grandes arquitectos del cine europeo, buscó durante décadas un lugar que fuese exterior e interior al mismo tiempo. Que fuera una tierra en cuyos silencios pudiera reconocer los suyos propios. Lo encontró casi por descarte, en la primavera de 1960, en una isla báltica minúscula y azotada por el viento cuyo nombre, Fårö, apenas figuraba en los mapas turísticos suecos.
Un descubrimiento pactado con el azar
En abril de 1960, Bergman estaba escribiendo Como en un espejo (Såsom i en spegel), una historia de cuatro personajes recluidos en una isla remota. Su preferencia estética apuntaba a las Orcadas escocesas, inspirado por un documental que había visionado. La productora SF (Svensk Filmindustri) desestimó esta opción por su elevado coste y, en un último intento por disuadirlo de llevar la producción a una geografía extranjera, le sugirió visitar Fårö, un islote situado al noreste de Gotland del que Bergman nada sabía.
Llegó allí una noche oscura y lluviosa de abril y, según recoge el archivo de la Fundación Ingmar Bergman, su reacción fue inmediata y casi mística: "Ceremoniosamente podría decirse que había encontrado un hogar, un verdadero hogar". Rodó allí Como en un espejo (1961) y volvería a hacerlo en Persona (1966), Vergüenza (1968), Una pasión (1969), la serie televisiva Escenas de un matrimonio (1973) y los documentales Fårödokument (1969) y Fårödokument 1979, entre otros títulos.

Hammars: una casa construida como refugio y como método
Fue durante el rodaje de Persona, en 1966, cuando Bergman identificó una parcela a orillas del Báltico que compró para levantar allí su vivienda. La firmó el arquitecto Kjell Abramson, que ya había participado en la reforma del Dramaten, el Real Teatro Dramático de Estocolmo del que Bergman fue director artístico, y estuvo lista en la víspera de San Juan de 1967, cuando el cineasta se instaló en ella junto a la actriz Liv Ullmann y su hija Linn.
En 1971 se casaría con Ingrid von Rosen, quien viviría con él en Hammars hasta su fallecimiento en 1995. En la puerta del despacho de Bergman cada año quedaba marcada con lápiz rojo entre 1967 y 2000, y el 95 aparece tachado.
La finca, que hoy mantiene y conserva la Bergman Estate Foundation, comprende un complejo compuesto por cuatro casas y un cine: Hammars, Ängen (algunas centenas de metros bosque adentro, con chimenea monumental y anexo Drängstugan), la Skrivstugan o Cabaña de Escritura (a pie de mar, y fue la protagonista de la escena de reconciliación de Escenas de un matrimonio) y Dämba, alrededor de la cual orbita un granero reconvertido en sala de proyección.
El rito de las tres en punto
En Dämba, Bergman transformó un antiguo pajar en un cine privado de quince butacas. El estreno de esa sala, en agosto de 1974, coincidió con la primera proyección doméstica de su película La flauta mágica. A partir de entonces, según ha contado su hija Lena Bergman, el director acudía todos los días a las tres en punto, aunque los sábados adelantaba el pase a las dos, y permanecía dos horas en su butaca de la primera fila, con los pies apoyados en un escabel. Veía películas seis días por semana, de mayo a octubre, durante tres décadas, lo que supone unas ocho mil horas de proyección estimadas, un ritual férreo que no admitía impuntualidades.
Y es que, la devoción bergmaniana por la rutina no era estética, sino profiláctica. En el documental La isla de Bergman, dirigido por Marie Nyreröd en 2003, el cineasta enumeró los demonios que habitaban su psique: el demonio del desastre (el peor), el demonio del miedo, la ira y los rencores, y agradeció no haber conocido el demonio de la nada, esa parálisis en la que la imaginación abandona al artista.
En sus notas, sentenciaba: "A los demonios no les gusta el aire fresco. Prefieren que uno se quede en la cama con los pies fríos". El desayuno a las siete, el paseo matinal, tres horas de escritura, la comida a la una en punto, la lectura vespertina y la sesión de cine componían así una arquitectura conductual diseñada para sobrellevar la depresión que arrastró, con especial intensidad, tras la muerte de Ingrid.

Un enclave que se protegió a sí mismo
Fårö tiene aproximadamente 114 kilómetros cuadrados, el doble de Manhattan, y en torno a 500 residentes permanentes que en verano ceden el paisaje a sus miles de visitantes. Durante décadas, los isleños desviaban deliberadamente a los curiosos que preguntaban por la casa del cineasta.
Y en la puerta de Hammars campeaba un rótulo que advertía, con la ironía luterana del propio Bergman, de la presencia de un "perro asesino". En 2003 Bergman rompió sus últimos vínculos con Estocolmo, vendió su piso y se instaló en Fårö de forma permanente. Murió allí, en Hammars, el 30 de julio de 2007, a los 89 años.

