Maquillaje

El truco de maquillador experto para tener la piel radiante a los 60

Salma Hayek, piel radiante a los 60. Getty Images
Compartir

Las reglas del maquillaje en ocasiones resultan de lo más curiosas, casi contraintuitivas. Como el hecho de que a mayor edad, no se debe usar más producto, sino menos. La tentación de compensar arrugas e imperfecciones con capas adicionales produce el efecto contrario al buscado. Cuando hacemos esto, la piel deja de respirar, el maquillaje se cuartea a lo largo del día y el rostro adopta una apariencia acartonada que envejece más de lo que oculta. La consigna que los profesionales llevan años predicando apunta, precisamente, en la dirección opuesta: aligerar, iluminar, dejar que la piel se vea.

Sobre esa premisa se articula la recomendación que el maquillador David Deibis ha convertido en su fórmula estrella para quienes rondan o superan la sexta década. La técnica es simple y se resume en un gesto: "mezclar una base tipo sérum o un tratamiento con color con una pequeña cantidad de iluminador líquido. No hace falta aplicarlo por toda la cara: debe concentrarse en las zonas donde la luz incide de forma natural", explica a Trendencias. Y, por si aún hay dudas, describe el procedimiento: "Basta con poner una dosis de base en el dorso de la mano, añadir una gota de iluminador y extender la mezcla con los dedos".

PUEDE INTERESARTE

El principio que rige esta recomendación es físico antes que cosmético. La luz rebota sobre las prominencias del rostro, como pueden ser unos pómulos altos, el arco de Cupido, el puente nasal, el arco superciliar, el hueso del mentón… y esas zonas concentran naturalmente el brillo. Al saturar de iluminador únicamente esos vértices, y sustituir la clásica base compacta por una fórmula fluida con acabado glow, se restituye la sensación de piel jugosa que la maduración cutánea tiende a apagar. No hay tapado, hay redistribución de luz.

Hay que preparar la piel

La eficacia del truco depende de factor tan invisible, como importante. La piel debe estar hidratada y su barrera intacta. Un sérum rico en activos antioxidantes y reparadores, aplicado sobre la cara limpia unos minutos antes del maquillaje, funciona como lienzo. Los especialistas insisten en que, cuando el manto hidrolipídico está alterado con rojeces, sensibilidad reactiva o pequeñas descamaciones, cualquier producto que se deposite encima se agarra a esos accidentes y los subraya. El correcto proceso de maquillaje, por tanto, empieza mucho antes de coger la brocha, y ser reserva a un paso de tratamiento que suele quedarse en las rutinas nocturnas.

PUEDE INTERESARTE

La aplicación de la base debe ser lo que la industria llama ultra fina: una capa levísima, extendida con esponja húmeda o directamente con las yemas de los dedos, para unificar el tono sin cargar. A partir de ahí, en lugar de sumar una segunda pasada de base para cubrir imperfecciones, se recomienda intervenir sobre puntos concretos (como pueden ser una mancha en el pómulo, unas rojeces alrededor de las aletas de la nariz, la sombra bajo el ojo) con la mínima cantidad de producto necesaria. 

La maquilladora Marta Arce así lo afirma: "No siempre es necesario aplicar producto en todo el rostro. Simplemente con unificar ligeramente el tono de nuestra piel, corregir pequeñas imperfecciones y añadir un toque de color en mejillas y labios y una máscara de pestañas es suficiente". Además, es importante tener presente que aplicar más base, más polvos o más fijación al maquillaje no hará que dure más tiempo, sino que ocurrirá justo lo contrario. El exceso de capas suele acabar rompiéndose, acumulándose, moviéndose o resultando incómodo a lo largo del día.

El colorete que devuelve el rubor

Si un producto único puede rescatar un rostro apagado en cuestión de segundos, ese es el colorete. Las fórmulas en crema y las líquidas, más flexibles que las tradicionales en polvo, se funden con la piel y aportan color y jugosidad al mismo tiempo, en lugar de posarse en seco sobre las líneas de expresión. La elección cromática también importa: "Los tonos melocotón y coral rosado aportan calidez sin endurecer los rasgos", aconseja Deibis. Son gamas que suman luminosidad sin entrar en los territorios rosáceos que, en pieles maduras, pueden acentuar cansancio.

La colocación es tan relevante como el color. El colorete debe depositarse en la parte más alta del pómulo y difuminarse ligeramente en dirección ascendente hacia las sienes, para conseguir un discreto efecto lifting óptico. Pero siempre sin adentrarse directamente en la sien. Con la edad, esa zona tiende a hundirse levemente, y saturarla de color acentúa el efecto de vaciado en lugar de disimularlo. Un toque de corrector luminoso justo en el hueco temporal aporta, en cambio, una recuperación visual del volumen.

La suma de todos estos gestos apunta a un objetivo estético concreto: el llamado efecto segunda piel. Un acabado en el que el maquillaje no se percibe como una capa superpuesta, sino como una prolongación de la propia dermis, más uniforme, más luminosa, ligeramente encendida en las mejillas. A los sesenta, la elegancia cosmética no reside en cubrir, sino en dejar ver mejor. El truco del maquillador experto es, en el fondo, ese cambio de paradigma.