Bienestar

Zverev dedica a su madre el US Open: cómo ayudar a los niños con diabetes a no dejar su deporte favorito

Zverev con el trofeo del US Open. Matthew Stockman - Getty Images
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En el Arthur Ashe Stadium de Nueva York, Alexander Zverev conquistó el US Open venciendo al estadounidense Ben Shelton. Este suponía el segundo Grand Slam del año para el tenista alemán, que semanas antes había levantado el trofeo de Roland Garros. 

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Durante la propia final, Zverev tuvo que detenerse en pleno partido para inyectarse insulina antes de continuar el partido. En el discurso tras recibir el trofeo, con la voz quebrada, dedicó la victoria a su madre Irina Zvereva (que nunca ve sus partidos por los nervios) con una confesión digna de copar titulares: "Cuando a tu hijo de cuatro años le diagnostican diabetes, y los médicos te dicen que la vida y el deporte serán muy limitados, se necesita una madre muy fuerte para salir y decir: 'Mi hijo estará dondequiera que quiera estar. Si quiere ser tenista, lo será. Esta enfermedad no nos definirá".

El caso de Zverev es uno de los testimonios deportivos con mayor alcance sobre una realidad médica que afecta a decenas de miles de familias en España cada año. La diabetes tipo 1, una enfermedad autoinmune que el organismo desarrolla habitualmente en la infancia y que exige inyecciones de insulina de por vida, no impide practicar deporte de alto nivel. Pero es cierto que exige del propio niño, de sus padres, de sus entrenadores y del centro escolar una disciplina rigurosa que conviene conocer desde el momento mismo del diagnóstico.

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Kit deportivo obligatorio y controles de glucosa

La regla básica que la Fundación Nemours KidsHealth da a las familias es directa. Cualquier niño deportista con diabetes tipo 1 debe llevar consigo, en todos sus entrenamientos y partidos, un kit específico con seis elementos determinados: insulina, medidor de glucosa (o un monitor continuo si dispone de él), glucosa de acción rápida en forma de gel o pastillas, glucagón para emergencias, agua en abundancia y tentempiés saludables como fruta o crackers para poder responder a las bajadas puntuales de azúcar en sangre durante la práctica deportiva. 

La preparación de dicho kit debe formar parte de la propia rutina cuando el niño se prepara para ir a hacer deporte, siempre incluyéndolo en su bolsa o mochila, teniendo exactamente el mismo nivel de importancia que las zapatillas o la equipación.

El control de glucosa debe realizarse con una frecuencia superior a la habitual durante los días de entrenamiento. Los deportistas con diabetes tipo 1 deben medirse el azúcar antes, durante y después de la actividad física, y ajustar tanto la administración de insulina como la ingesta de alimentos en función de los valores obtenidos. Los monitores continuos de glucosa, que son dispositivos que miden el azúcar en sangre cada pocos minutos, han servido para facilitar enormemente esto y son hoy accesibles para la mayoría de los pacientes españoles a través del propio sistema sanitario público.

Qué ejercicios elegir y cómo adaptarlos

La pediatra endocrinóloga Larisa Suárez, del Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona, formula cuál es el criterio médico general sobre el tipo de deporte adecuado para los niños con diabetes, dejando claro que los ejercicios cardiovasculares como correr, nadar, patinar, montar en bicicleta, bailar, esquí de fondo, spinning, aerobic, etc… consumen mucha glucosa cuando se realizan de forma continuada y hacen bajar los niveles de azúcar en sangre, con lo que es necesario tomar tentempiés preventivos.

Los ejercicios anaeróbicos, como abdominales, flexiones, sprints, levantamiento de pesas, judo o gimnasia, consumen menos glucosa pero provocan la liberación de hormonas que aumentan los niveles de azúcar. Además, muchos deportes combinan ambos tipos de ejercicio, como sería el caso del propio tenis o el fútbol.

Por tanto, la mejor forma de actuar no es descartar ningún deporte por sistema, sino conocer el patrón concreto de la actividad elegida para ajustar en consecuencia la insulina y la alimentación. Un niño con diabetes puede jugar al tenis, al fútbol, al baloncesto, nadar competitivamente o practicar patinaje sobre hielo. Puede estar en un equipo con otros niños, competir en torneos, viajar con la selección de su categoría... El propio Zverev es la mejor demostración de que el techo no lo pone la enfermedad sino la organización familiar y médica que le acompaña.

Qué deben saber entrenador y colegio

Junto a la familia, hay dos figuras adicionales que necesitan tener la información completa y actualizada sobre el niño deportista con diabetes. 

  • El entrenador debe saber reconocer los síntomas de la hipoglucemia (temblor, sudor frío, palidez, mareo, confusión) y de una hiperglucemia (sed intensa, cansancio, visión borrosa, ganas frecuentes de orinar), tener acceso permanente al kit del niño y disponer del número de contacto de los padres para cualquier eventualidad. 
  • El centro escolar, por su parte, debe contar con enfermería o personal formado para administrar glucagón en caso de emergencia y permitir al niño realizar los controles de glucosa siempre que los necesite, dentro y fuera del aula, sin someterlos a limitaciones administrativas absurdas.

A esto hay que añadir un elemento adicional en el que los propios especialistas insisten a menudo. Y es que un niño con diabetes debe aprender pronto a comunicar cómo se encuentra en cada momento, a decirle al entrenador o al profesor cuando siente que el azúcar está bajando, a interrumpir el ejercicio si algo no va bien. Este tipo de autonomía, cultivada desde los primeros años, se convierte con el tiempo en una habilidad que trasciende el propio deporte y beneficia todas las áreas de la vida del niño, incluidos los estudios, las relaciones sociales y las decisiones vitales que le esperan de adulto.

Alexander Zverev tenía cuatro años cuando su vida y la de su familia cambiaron para siempre. Veinticinco años después, alza el trofeo del US Open y reconoce los sacrificios que su familia tuvo que realizar. La lección que su madre extrajo de la consulta médica, según las palabras del propio hijo, sigue estando vigente para cualquier familia que se enfrente hoy al mismo diagnóstico: esta enfermedad no define el futuro.