Esteban Velarde, skater a los 50: "Deslizarse sobre la vida sigue siendo increíble"

El madrileño reivindica la libertad del skate frente a otras actividades: el monopatín ha sido su vida desde que recuerda
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Esteban Velarde es la prueba de que la juventud no tiene edad. De espíritu seguimos siendo jóvenes si nos empeñamos en ello. Él lo ha hecho a través de una afición, el skate, que no ha abandonado desde que se subió por primera vez a una tabla, hace ya casi 40 años. Fue esa sensación de deslizarse sobre el asfalto y, por qué no, "sobre la vida", la que le hizo enamorarse de una afición que aún hoy, con 56 años, sigue practicando.
“Es que no es fácil explicar lo que te aporta”, asegura este skater madrileño que ha conseguido mantenerse en pie sin perder el equilibrio desde que probó por primera vez un monopatín en 1987. “Simplemente deslizarte es una sensación súper guay. Cuando estás patinando cada día es también el reto de conseguir hacer nuevos trucos porque los que puedes hacer con la tabla son prácticamente infinitos. Es todo lo que te da tu imaginación y lo que quieras hacer con el entorno urbano”.
Eso es la dimensión práctica del skate, la que se ciñe a una tabla, cuatro ruedas y dos ejes. Pero la sensación va más allá: “Es libertad también”. Una característica que hizo que Velarde se enamorara del skate cuando pocos sabían lo que era en España y lo que le llevó a hacer de la tabla su modo de vida a través de su tienda, Paradis, donde sigue atendiendo a jóvenes y a aquellos adolescentes que se enamoraron de este mundo a finales de los 80.
“Porque a la tienda vienen muchas personas de 40 y 50 años. Muchísimas”, confiesa mientras disecciona qué lleva a una persona de cierta edad a subirse a una tabla poniendo en riesgo sus huesos. “Hay gente que patinaba antes y me dice que tiene un recuerdo increíble de cuando patinaba y quiere volver a hacerlo. Pero hay otros que de repente empiezan a patinar de cero. Con más de 40 años. Eso es bastante heavy. Me imagino que los que empiezan de cero a patinar con esas edades es porque lo ven y ven algo como bastante libre, algo diferente”.
Una actividad sin edad
Es lo mismo que sigue sintiendo él cada vez que sale a la calle con la tabla. No lo hace tanto como le gustaría y ha tenido que cambiar sus hábitos para combatir molestias y dolores de la edad, pero sigue siendo su vía de escape. “Con 17 años puedes intentar hacer todos los trucos que quieras en barandillas, en escaleras, en rampas grandes. Te caes y obviamente tienes lesiones, pero te recuperas muchísimo antes. A lo largo de los años, lo que vas aprendiendo ahora, sobre todo, es simplemente a patinar, a deslizarte, a hacer trucos. Es simplemente controlar la forma en la que patinas y los trucos que haces”.
Patinar con más de 50 años, pero sobre todo hacerlo con menos frecuencia que cuando tenías 20 hace que cojas cierto respeto a la tabla: “A ver, me ha entrado miedo, pero más que por la edad, porque yo a no patinar tan a menudo, pierdes esa fluidez. Entonces, al perder esa fluidez, siempre tienes un miedo en plan, ‘hostia, este truco yo lo sabía hacer antes de sobra’. Además ahora cualquier caída me hace mucho más daño que lo que me hacía hace 20 o 30 años. Lógicamente”.
A ver, me ha entrado miedo, pero más que por la edad, porque yo a no patinar tan a menudo, pierdes esa fluidez
Lo que Velarde no ha encontrado nunca es el impedimento o la mirada sospechosa de su entorno por el hecho de seguir patinando a los 50, pese al riesgo que eso puede suponer para su físico. “Nadie me ha dicho nunca nada. Es más, siempre les ha gustado o lo han entendido como una actividad totalmente normal y ya no está visto como una actividad exclusiva para niños o para adolescentes”.
Es en este punto de la conversación cuando Velarde vuelve a poner el acento sobre la afición al skate entre los mayores de 40: “La mitad de la gente que entra a la tienda para comprar material duro, una tabla, unos ejes, unas ruedas o lo que sea, tiene más de 40 años. O sea, eso te dice bastante de cómo está el skate ahora. Cuando yo empezaba a patinar eso era impensable. Tú cuando veías a un tío de más de 30 años, era rarísimo. Ahora no”.
Un mundo menos rebelde
El skate sigue teniendo ese punto de rebeldía y libertad que es lo que aparece como ingredientes para seguir enganchando a gente que pasó los 20 hace ya años. Sin embargo, para Velarde el patín ha perdido parte del espíritu con el que cruzó el Atlántico a finales de los 80. De hecho, para él el mundo del skate se ha domesticado. “Sí, podemos decirlo. Sigue habiendo patinadores rebeldes, ¿eh? Lo que pasa es que hay una gran proporción de patinadores que no son tan rebeldes. El skate, creo que a la gran mayoría de los chavales jóvenes les llama la atención por lo que tiene de algo subversivo, contracultural, y patinar en un skatepark no es contracultura, por ejemplo”.
“Contracultura, o si quieres llamarlo antisistema de alguna forma, es ir contra las normas y hacer lo que te da la gana. Y ya te digo, ir a las olimpiadas, ir a un skatepark, no es ir contra las normas. Es totalmente lo contrario”, argumenta un Velarde que reivindica el patín en las calles como la forma más auténtica de vivir la tabla. “El skate antes no estaba tan domesticado. En el momento en que se hagan más y más skateparks, es la excusa perfecta que tiene el ayuntamiento de la ciudad para decirte, “no patines en la calle”. El skate no es así. No te tienen que decir dónde tienes que estar”.
Viajar por todo el mundo, abrir la mente y aplicar a la vida diaria esa perseverancia que exige conseguir un truco sobre el asfalto es, para Velarde, el verdadero legado de casi 40 años sobre la tabla. Una cultura del do it yourself (hazlo tú mismo) que va mucho más allá del deporte tradicional. “El skate te da la mente abierta y esa constancia para seguir una meta hasta que la alcanzas. Por eso, si pudiera volver a ver a aquel adolescente de 1987 y contarle mi vida, lo que más le sorprendería no es que el skate sea hoy un fenómeno mundial, sino saber que iba a seguir patinando con 56 años”, reflexiona. Para él, a esa edad las cuatro ruedas se veían inalcanzables, pero la realidad demuestra que la pasión no caduca.
El futuro, sin embargo, plantea un escenario diferente para las nuevas generaciones, marcado por la progresiva pérdida del asfalto como espacio libre frente a la proliferación de recintos acotados. “Lo que sí me sorprendería para mal es que el skate dejara de estar en la calle, porque la tendencia actual es que sea un mundo cada vez más domesticado”, concluye Velarde.
A pesar de los achaques, de las caídas que ahora escuecen más y de las inercias de una disciplina que busca institucionalizarse, Esteban seguirá buscando su hueco sobre las aceras. Porque mientras el cuerpo agudice el equilibrio y la memoria conserve la sensación de deslizarse, la calle seguirá siendo el único lugar donde nadie tiene derecho a decirte dónde debes estar.
