Por qué nunca se es ‘demasiado viejo’ para empezar a ir al psicólogo

Un estudio de 2024 documentó que apenas el 4% de los adultos estadounidenses de 65 años o más recibió terapia psicológica ese año
Tu personalidad también podría determinar cuánto vas a vivir: lo que dice la ciencia
Los datos sobre salud mental y edad dibujan un cuadro que, como mínimo, podríamos considerar incómodo. La OMS estima que alrededor del 14% de las personas mayores de 70 años conviven con algún trastorno de salud mental, la mayoría, ansiedad y depresión, y que el 17% del total de suicidios registrados en el mundo ocurre en esa franja etaria.
Sin embargo, un estudio de 2024 documentó que apenas el 4% de los adultos estadounidenses de 65 años o más recibió terapia psicológica ese año, frente al 12% de los jóvenes de 18 a 24 años y al 8% de los adultos de 35 a 64. La brecha no responde a diferencias en la prevalencia de los problemas ni a la eficacia de las intervenciones. Responde, sobre todo, a un conjunto de creencias muy arraigadas sobre lo que la terapia puede o no puede ofrecerle a una persona que ya ha vivido siete u ocho décadas. Las investigaciones de los últimos años sostienen que esas creencias son injustificadas y que su efecto acumulado es medible en calidad de vida perdida.
El estigma que aún persiste (y no debería)
La barrera principal la ha documentado un equipo de investigadores europeos en 2025. Su diagnóstico es contundente: los estereotipos negativos sobre el envejecimiento, tanto los que sostienen los profesionales de la salud como los que interiorizan los propios mayores, operan como uno de los principales obstáculos al acceso a intervenciones psicológicas eficaces. En profesionales sanitarios no formados específicamente en psicogerontología, esos estereotipos se traducen en una menor probabilidad de derivar al mayor a psicoterapia frente a la prescripción de fármacos. En el propio mayor, en una expectativa reducida de que la terapia pueda producir cambios significativos a su edad.
Dolores Gallagher-Thompson, profesora del departamento de psiquiatría de la Universidad de Stanford, ha formulado esta contradicción en varias entrevistas. Los adultos mayores, según describe, están cada vez más dispuestos a pedir ayuda psicológica incluso en edades avanzadas. El estigma que hace veinte años pesaba con especial fuerza se ha ido diluyendo.
Por otra parte, los profesionales han descartado la idea, muy repetida durante décadas, de que las personas en su séptima u octava década no pueden modificar su forma de pensar. La lógica de la propia Gallagher-Thompson resume la cuestión: si a alguien le quedan diez o quince años de vida por delante, la pregunta relevante no es si es tarde para empezar, sino por qué habría que seguir siendo desdichado si existe algo que puede aliviarlo.

Los datos científicos que desmontan este argumento
La objeción académica al argumento del "demasiado tarde" la ha formulado sin ambigüedad Pim Cuijpers, autor de un estudio reciente sobre psicoterapia para la depresión en adultos mayores. Su conclusión es que las terapias funcionan durante toda la vida adulta, sin caída significativa de eficacia asociada a la edad.
Ni la terapia cognitivo-conductual, ni la terapia interpersonal, ni las intervenciones basadas en revisión de vida y reminiscencia muestran una menor tasa de éxito con pacientes mayores respecto de pacientes de mediana edad. Al contrario, algunos estudios longitudinales sugieren que la experiencia acumulada, la capacidad de introspección y la disponibilidad de tiempo característica del retiro pueden operar como facilitadores del propio proceso terapéutico. Lo que sí exigen los mayores es un enfoque adaptado, con intervenciones más pausadas, con ritmo distinto al de la terapia con adultos jóvenes, y con especial atención al vínculo entre problemas psicológicos y condiciones físicas concurrentes, muchas veces cronificadas.
Qué se lleva un adulto mayor a la consulta
Las temáticas que la psicoterapia con mayores aborda con más frecuencia dibujan un mapa reconocible para cualquier lector de esta franja de edad. Duelos acumulados por la pareja, por amistades antiguas, por padres o hermanos, ajustes relacionados con el retiro laboral, redefinición de la identidad cuando la profesión deja de ser el eje diario, cambios en el cuerpo y en las capacidades físicas, relaciones familiares tensionadas por la conviven con hijos adultos o con nietos, sensación de invisibilidad social documentada por la sociología reciente, y en ocasiones la revisión biográfica de traumas antiguos que durante décadas no habían encontrado espacio para procesarse.
En definitiva, la psicoterapia funciona en cualquier edad adulta. Lo que en ocasiones no funciona es el sistema de derivación, el estereotipo del propio profesional o la creencia interiorizada del paciente de que ya no vale la pena empezar. Corregir cualquiera de esas tres capas es lo que abre la puerta, en la práctica, a un tipo de bienestar psicológico al que buena parte de los mayores españoles sigue renunciando por defecto.

