Bienestar

Por qué se cae más el pelo al volver de vacaciones: "Se incrementa"

Caída del pelo tras peinarse. Pexels
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Son muchos los que durante las primeras semanas de septiembre se encuentran en el suelo del baño, el cepillo y la almohada con mucho más pelo de lo habitual. Se trata de una realidad, no una sensación imaginaria. Los especialistas en tricología llevan años documentando el fenómeno del efluvio telógeno posvacacional, una alteración temporal del ciclo capilar que se hace visible al comenzar el otoño. 

El doctor Steven Walker, cirujano capilar del Hospital Capilar madrileño, lo confirma afirmando que "Tras el verano aumenta la caída del pelo y, por tanto, puede haber una mayor percepción de caída, tanto en la almohada como en el cepillo o en la ducha." La caída no responde a una única causa. Es el resultado de una combinación de factores que confluyen tras el descanso estival y que empiezan a manifestarse cuando el cuerpo vuelve a la rutina.

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El cabello humano no crece de forma continua. Cada folículo pasa por tres fases sucesivas: anágena (crecimiento activo, entre 2 y 6 años), catágena (transición, unas 3 semanas) y telógena (reposo y caída, unos 3 meses). En condiciones normales, alrededor del 85% de los folículos están en fase anágena y el 10-15% en telógena, lo que se traduce en la caída fisiológica de entre 50 y 100 cabellos diarios, algo que ningún especialista considera anormal.

El efluvio telógeno se produce cuando un porcentaje mucho mayor de folículos pasa de forma sincronizada a la fase telógena, y semanas o meses después esos pelos se desprenden en cascada. La causa puede ser un episodio de estrés físico o emocional agudo, un cambio hormonal, una deficiencia nutricional, una enfermedad febril o, incluso, una exposición prolongada al sol y a la radiación ultravioleta.

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Por qué el verano dispara la caída

Walker describe el mecanismo bioquímico con precisión: "Aunque no existe todavía una evidencia científica que respalde el motivo por el que se produce esta caída estacional, se cree que después del verano se puede producir un efluvio telógeno debido a la exposición solar y a la irradiación ultravioleta que provoca inflamación, aumento de radicales libres y, a nivel sistémico, un incremento del estrés oxidativo que lleva de una fase anágena a una fase telógena del folículo piloso. Dicha caída se evidencia meses después." Así pues, la agresión acumulada durante junio y julio se paga en septiembre y octubre.

Existe además un fenómeno complementario que no se debe confundir con la caída folicular. "Muchas veces observamos un aumento en la caída del pelo, pero lo que realmente sucede es una ruptura de la fibra capilar", explica. "En verano se produce una mayor agresión al tallo piloso, ya sea por la sal marina, el cloro o el aire, aumentando la fricción y disminuyendo la resistencia. Así, es más sencillo que el pelo se rompa más fácilmente al peinarlo o al rozarse repetidamente con la almohada." Esta es una distinción clínicamente importante, ya que la ruptura del tallo se corrige con acondicionadores y protección capilar, mientras que la caída folicular requiere otro tipo de abordaje médico específico.

El propio Walker menciona además una hipótesis biológica: "Hay estudios que han observado que, como sucede en otras especies animales, existe una muda de pelo relacionada a un proceso fisiológico y que se asocia al comienzo del otoño."

Cuándo dejar de ser fisiológica

La regla que Walker maneja marca dos umbrales para diferenciar la caída normal de la patológica: cuando se prolonga más de seis meses en el tiempo y cuando existe una pérdida significativa de densidad capilar. "Es importante recalcar que es normal que en algunos períodos del año se incremente la caída sin que sea por una patología", subraya el cirujano. Ese matiz es importante, dejando claro que solo por encontrarnos más pelos en la almohada durante el mes de septiembre no debemos entrar en estado de alarma o intentar acudir a una consulta de forma urgente.

El paciente que sí necesita valoración es quien mantiene una caída intensa más allá del tercer o cuarto mes, quien aprecia zonas concretas con menor densidad o quien nota que la raya del pelo se ensancha de forma visible. Determinadas patologías, como pueden ser los trastornos tiroideos, anemias, síndrome de ovario poliquístico, alopecia androgenética femenina, deficiencias de hierro o de vitamina D, pueden manifestarse inicialmente como una caída aparentemente estacional que no remite con el paso de las semanas.

Cómo minimizar esta caída

Las recomendaciones de Hospital Capilar para reducir el impacto del verano sobre el cabello son seis. 

  1. Evitar la sobreexposición al sol directo durante las horas centrales del día. 
  2. Mantener una alimentación rica en proteínas y en micronutrientes (hierro, zinc, biotina, vitaminas del grupo B, vitamina D).
  3. Aplicar acondicionadores que protejan la fibra capilar frente a la fricción y la deshidratación. 
  4. Reducir el tiempo que el pelo permanece mojado tras el baño en agua salada o clorada. 
  5. Aclarar el cabello con agua dulce después de cada inmersión en el mar o en la piscina. 
  6. Elegir cosmética capilar que ayude a disminuir la fricción del tallo. 

Aunque, eso sí, se debe tener en cuenta que ninguna de estas medidas devuelve el pelo caído, sino que reducen el impacto ante la próxima temporada estival.