Conflictos familiares

Qué hacer si tu hijo te cae mal, según una psicoterapeuta: “Es temporal, pero es también necesario”

Padres e hijos no tienen por qué llevarse bien para quererse. Redacción Uppers
Compartir

"Muchas veces me dicen las madres: es que creo que mi hijo me cae mal". Quien lo cuenta es Diana Al Azem, profesora de secundaria, madre de dos adolescentes y creadora de Adolescencia Positiva, una plataforma nacida para ayudar a las familias a educar a sus hijos de forma consciente y constructiva. La afirmación se realizó en el podcast del Club de Malasmadres, y la frase tiene algo de alivio colectivo. Lo que muchas madres y padres sienten y no se atreven a decir resulta ser tan común que una especialista lo escucha a menudo.

Ese “creo” delata el miedo de quien lo dice. Admitir que el propio hijo resulta antipático parece una traición al amor que se le tiene. Sin embargo, Al Azem rebaja la alarma: “Es temporal, pero es también necesario”.

PUEDE INTERESARTE

Querer no siempre es caer bien

La psicología tiene un nombre para esa mezcla incómoda de amor y rechazo: ambivalencia. La psicoterapeuta británica Rozsika Parker la estudió en Desgarrada entre dos: la experiencia de la ambivalencia materna. Allí describe cómo conviven en la maternidad el deseo de tener cerca al hijo y el deseo de espacio, físico y emocional. La ambivalencia surge en los papeles y las relaciones en los que más se implica una persona, porque siempre hay un equilibrio difícil entre dar y recibir.

Lo que la hace tan difícil de aceptar es que resulta incómodo sentir dos cosas opuestas a la vez. Así lo explicaba la psiquiatra Parker, diciendo que "La mayoría de las veces, la experiencia de la maternidad no es buena ni mala, es buena y mala". Su recomendación es aprender a tolerar esa incomodidad, e incluso sentirse cómodo con ella, en lugar de vivirla como una prueba de que algo va mal.

PUEDE INTERESARTE

Lo que pasa en el cerebro adolescente

Cuando el hijo que cae mal es un adolescente, la explicación tiene además una base biológica. Al Azem lo describe así: "En un adolescente ahora mismo todo su pensamiento está centrado en buscar su tribu, en quedar bien con sus amigos, formar parte de una comunidad". Y añade que, por eso, todo lo que llega de los padres recibe la misma respuesta desganada: "Sí, vale, voy".

La ciencia respalda esa impresión. Un estudio de la Facultad de Medicina de Stanford comprobó con resonancias magnéticas que, en torno a los 13 años, el cerebro deja de encontrar especialmente gratificante la voz de la madre. Hasta los 12, oírla activa de forma única los circuitos de recompensa. Entre los 13 y los 14, esos mismos centros responden con más intensidad a voces desconocidas, sin diferencias entre chicos y chicas. Los adolescentes siguen reconociendo la voz materna en más del 97% de las ocasiones, pero simplemente, su cerebro la prioriza menos.

"Cuando los adolescentes parecen rebelarse al no escuchar a sus padres, es porque están programados para prestar más atención a las voces de fuera de casa", explicó Vinod Menon, uno de los autores del trabajo. Su colega Daniel Abrams, primer firmante del estudio, insistía en que ni siquiera son conscientes de ello, ya que tienen a sus amigos y sus nuevos compañeros, quieren pasar tiempo con ellos, y su mente se siente cada vez más atraída por esas voces. Para los investigadores, este giro forma parte de una maduración sana, al ser una señal biológica que empuja a los hijos a independizarse.

No tomárselo como algo personal

Entenderlo no hace que las malas contestaciones duelan menos. Pero cambia la forma de interpretarlas. Si el portazo, el "no sé" o el "ya voy" responden a un cerebro que se está reorientando hacia fuera de la familia, dejan de ser un juicio sobre la madre o el padre. Y el sentimiento de rechazo pierde su carga de culpa.

Al Azem defiende que esta etapa no tiene por qué vivirse como una desgracia. "Los padres solemos ver la adolescencia como el 'patito feo' en la vida de nuestros hijos, porque no entendemos muchas cosas", explica. "Sin embargo, la adolescencia puede ser una preciosa oportunidad, no una etapa de crisis, si la sabemos gestionar correctamente."