Ni sexo ni ganas de comer: anhedonia, cuando dejan de darte placer cosas que antes lo hacían

La incapacidad de disfrutar de lo que antes gustaba aparece hasta en tres de cada cuatro depresiones y algunos pacientes lo relacionan ahora con los fármacos para adelgazar
Anhedonia o por qué se pierde el placer sobre aquellas cosas que antes disfrutabas
El plato favorito llega a la mesa y no despierta nada. La cena con amigos del sábado se cancela sin pena, la tienda que antes justificaba un paseo ya no tienta y la intimidad de pareja se va aplazando. No hay llanto ni una tristeza evidente. Hay un vacío más difícil de nombrar, para el que la medicina sí tiene nombre. Se define la anhedonia como “la incapacidad para experimentar placer en actividades que antes resultaban gratificantes”.
La anhedonia es uno de los rasgos centrales de la depresión, aunque a menudo pasa inadvertida. Ciara McCabe, catedrática de Neurociencia, Psicofarmacología y Salud Mental de la Universidad de Reading (Reino Unido), calcula que está presente en “hasta el 75%” de los adultos y jóvenes con depresión. Advierte que sufrirla de forma constante durante al menos dos semanas es un signo de depresión, incluso cuando no hay tristeza. McCabe la relaciona con “mecanismos de recompensa disfuncionales” en el cerebro, que intervienen en la anticipación, la motivación, el placer y el aprendizaje. Y añade una paradoja incómoda: “Incluso es posible que algunos tratamientos antidepresivos empeoren la anhedonia”.
Un apagón que se atribuye a los fármacos para adelgazar
La popularidad de los fármacos GLP-1 para adelgazar, la familia de Ozempic y Wegovy, ha añadido otro sospechoso. Algunos pacientes cuentan en consulta que, además del apetito, han perdido las ganas de salir, de comprar o de tener relaciones sexuales.
“No es una depresión, pero sí que hay muchos pacientes que confiesan haber perdido esa sensación de placer a la hora de comer, por ejemplo”, explica Gontrand López-Nava, director de la Unidad de Endoscopia Bariátrica del Hospital Universitario HM Sanchinarro. “Nos llegan casos de gente que ha perdido las ganas de hacer otras cosas. No tienen iniciativa ni motivación, sino que viven en un apagamiento emocional”, describe. Y advierte: “Adelgazar no puede suponer un apagamiento emocional”. Según López-Nava, el efecto “depende de las dosis y del paciente, pero no hay que normalizar” que aparezca.
El mecanismo es verosímil, pero no está demostrado. Joshua Neal, médico especialista en obesidad de la Universidad Médica de Carolina del Sur, recuerda que los receptores GLP-1 actúan sobre las vías de la recompensa y la dopamina. Por eso considera biológicamente plausible que esos fármacos alteren la motivación. Pero los relatos de pacientes que se sienten “planos” proceden sobre todo de redes sociales y foros, y Neal es tajante: “No lo hemos visto en los datos”. Su experiencia apunta a lo contrario: “En general, he visto que la gente disfruta sobre todo de una mejora en sus síntomas de salud mental”.

Lo que dicen los estudios
El ensayo más reciente desmiente la intuición. En abril de 2026, la revista JAMA Psychiatry publicó un análisis de un ensayo controlado con placebo. Investigadores de la Universidad de Toronto observaron que la semaglutida mejoraba la motivación de pacientes con depresión, que se mostraban más dispuestos a esforzarse cuando la recompensa era mayor.
Los expertos consultados por el Science Media Centre británico pidieron cautela. La propia McCabe lo calificó de “interesante primer paso”, pero señaló como limitaciones su pequeña muestra y que no evaluara la anhedonia de forma directa. Atheeshaan Arumuham, del King’s College de Londres, añadió que el resultado “no significa que la semaglutida sea un antidepresivo”.
Tampoco los reguladores han encontrado señales de alarma en la salud mental. En 2024, el comité de farmacovigilancia de la Agencia Europea del Medicamento (EMA) concluyó que “la evidencia disponible no respalda una asociación causal” entre estos fármacos y los pensamientos o actos suicidas o de autolesión. La EMA sí ha reconocido otros efectos. En junio de 2025 consideró la neuropatía óptica isquémica anterior no arterítica, una lesión del nervio óptico que puede causar pérdida de visión, un efecto secundario “muy raro” de la semaglutida, que puede afectar a hasta una de cada 10.000 personas.
La alternativa que actúa en el estómago
López-Nava defiende la endoscopia bariátrica como vía para adelgazar sin actuar sobre el cerebro. A través de la boca, sin cirugía, se pliega el estómago para reducir su capacidad, un procedimiento que la nota describe como reversible. “La endoscopia te quita el apetito actuando en el órgano donde comemos, que es el estómago, y no en el cerebro como los fármacos”, resume el especialista.
Su centro la acompaña de apoyo nutricional y psicológico y atribuye a esa combinación pérdidas de hasta el 20 % del peso corporal. En el ensayo independiente MERIT, publicado en The Lancet en 2022 con 209 pacientes de nueve centros de Estados Unidos, la técnica, combinada con cambios en el estilo de vida, logró una pérdida media del 13,6 % del peso al cabo de un año. El grupo que solo cambió sus hábitos perdió un 0,8 %. Hubo efectos adversos graves en el 2 % de los pacientes tratados.
Sea cual sea el tratamiento, la anhedonia rara vez se cuenta si nadie pregunta por ella. Neal lo explica con una frase que vale para cualquier consulta: si se quiere detectar, “probablemente haya que preguntar por ella de forma específica”. Quien note que lleva semanas sin disfrutar de nada, con o sin fármacos, tiene un motivo para decírselo a su médico.

