A qué edad empezamos a perder fuerza, según un macroestudio de 50 años
La investigación hizo un seguimiento a 427 suecos sometidos a evaluaciones objetivas y repetidas de su capacidad física desde los 16 hasta los 63 años
El método tris tras para entrenar fuerza de Boticaria García: "Basta con dos veces por semana"
La pérdida de fuerza no comienza necesariamente cuando aparecen las primeras dificultades para subir escaleras, cargar las bolsas de la compra o levantarse de una silla. El proceso puede arrancar varias décadas antes de que notemos sus consecuencias en la vida cotidiana. De hecho, un macroestudio dirigido por investigadores del Karolinska Institutet (Suecia) ha identificado a qué edad concreta comienza a deteriorarse la capacidad física.
La investigación, que siguió durante 47 años a varios cientos de personas, aporta una perspectiva poco habitual sobre cómo evolucionamos físicamente a lo largo de la vida adulta. Su principal conclusión es que el declive puede empezar en la mediana edad temprana, aunque eso no significa que todas las personas pierdan fuerza al mismo ritmo ni que el deterioro sea inevitable en la misma medida. Los resultados, en cualquier caso, refuerzan la importancia de mantenerse físicamente activos y de incorporar el entrenamiento de fuerza como parte de los hábitos de salud.
Un seguimiento de casi medio siglo
El trabajo, publicado en la revista científica 'Journal of Cachexia, Sarcopenia and Muscle', analiza los datos del Swedish Physical Activity and Fitness study (SPAF), una investigación sueca que evaluó repetidamente la capacidad física de 427 personas seleccionadas al azar, un 48% de ellas mujeres, nacidas en 1958. Los participantes fueron examinados desde los 16 hasta los 63 años, lo que permitió observar los cambios experimentados por las mismas personas a lo largo de varias décadas.
Tras analizar distintas dimensiones del rendimiento, entre ellas la fuerza, la resistencia muscular y la capacidad aeróbica, los investigadores observaron que la capacidad física comienza a deteriorarse alrededor de los 35 años. Esto no significa que una persona de 36 vaya a notar una pérdida evidente de fuerza. El deterioro inicial puede ser gradual y pasar inadvertido durante años, especialmente cuando se mantiene una vida activa.
Los investigadores también concluyeron que las personas que comenzaron a realizar actividad física de manera regular durante la edad adulta lograron mejorar su capacidad física entre un 5% y un 10%. “Nuestro estudio demuestra que la actividad física puede ralentizar el declive del rendimiento, aunque no sea posible detenerlo por completo”, comentó la académica del Departamento de Medicina de Laboratorio y autora principal del estudio, Maria Westerståhl.
El seguimiento prolongado a un grupo de personas es una de las claves que destacan esta investigación sobre otras. Buena parte de los estudios sobre envejecimiento comparan a personas de distintas edades en un momento determinado. En cambio, seguir a una misma población durante 47 años permite estudiar cómo evoluciona su rendimiento físico individual y reducir algunas de las limitaciones de las investigaciones transversales.
Lo que dicen otros estudios
En cualquier caso, otros trabajos longitudinales han llegado a conclusiones compatibles con las del Karolinska Institutet, aunque existen diferencias relevantes según la función muscular que se mida, la edad de los participantes y el método empleado.
Un estudio publicado en 2010 en 'American Journal of Human Biology' analizó mediciones repetidas de 1.031 personas, 498 hombres y 533 mujeres, con edades comprendidas entre los 18 y los 96 años. Los resultados situaron el máximo promedio de fuerza de agarre en torno a los 36 años. Sin embargo, el descenso estimado comenzaba más tarde, a los 50 años en las mujeres y a los 56 en los hombres.
La diferencia con el estudio sueco ilustra por qué no existe una única edad universal para empezar a perder fuerza. El agarre es solo una medida de la función muscular, mientras que la capacidad física general engloba otras cualidades.
Otro estudio del Baltimore Longitudinal Study of Aging, con mediciones repetidas durante un periodo de hasta 25 años, encontró que la fuerza y la potencia de las extremidades superiores empezaban a disminuir alrededor de los 40 años en hombres y mujeres. Los investigadores observaron también que la potencia muscular podía deteriorarse más que la fuerza, lo que recuerda que ser capaz de ejercer una fuerza máxima y producirla con rapidez no son exactamente lo mismo.
Todos estos resultados reflejan que el envejecimiento físico es un proceso complejo, con distintas trayectorias según la función estudiada y las características de cada persona. La evidencia invita a abandonar la idea de que la fuerza solo debe preocuparnos cuando llegamos a la vejez. Cuidarla desde antes y mantenerla después de los 50 puede contribuir a preservar la movilidad, reducir las limitaciones funcionales y favorecer un vida independiente durante más tiempo.
