Las 'casas analógicas', la nueva tendencia contra el estrés
Rincones de lectura en lugar de pantallas, despertadores de toda la vida y salones con los sofás mirándose entre sí.
¿Y si una cámara analógica fuese la excusa para reconectar con tu hija adolescente?
Durante años, la casa del futuro hablaba. Encendía las luces con una orden, avisaba de que faltaba leche y bajaba las persianas sin que nadie tocara un interruptor. Ahora, una parte de quienes pueden permitírselo hace el camino inverso. Esconde la televisión en un mueble, recupera el reloj despertador de manillas y reserva una habitación en la que el móvil no entra. Lo llaman casa analógica, y para muchas personas de más de cincuenta años no es una novedad, sino una forma de vivir que ya conocían de sobra.
Qué es una casa analógica
Se define como un espacio pensado para las actividades sin conexión y las tecnologías más lentas y antiguas, que funciona como un respiro de la vida en línea. No se trata de renunciar a la tecnología, sino de usarla de manera más consciente. El diseñador de interiores Hans Lorei, a quien se atribuye haber planteado el concepto de espacios analógicos en 2024, los presentó como “un antídoto contra la saturación digital”.
En la práctica, el repertorio es reconocible. Despertadores, agendas de papel, calendarios en la cocina y soportes físicos como discos de vinilo, CD, DVD o casetes. También zonas para juegos de mesa, rincones de lectura, mesas para manualidades e incluso una habitación dedicada al ordenador, para que las pantallas se queden en un solo lugar.
Del hogar inteligente al hogar “tonto”
El fenómeno tiene también una cara inmobiliaria. En noviembre de 2025, el medio estadounidense Axios recogía la expresión que circula en el sector. “La gente está creando ‘casas tontas’”, explicaba Beth McGroarty, vicepresidenta de investigación del Global Wellness Institute, la organización que estudia la industria del bienestar. Son viviendas construidas o reformadas para depender menos de la tecnología conectada. De esta forma, se vuelven a instalar interruptores e interruptores físicos y se reservan espacios sin pantallas.
La arquitecta Yan M. Wang lo dejaba claro afirmando también que se trata de casas en las que la tecnología está siempre en segundo plano, ya que tenerla “funcionando y escuchando” resulta, según ella, “generador de ansiedad” en lugar de reparador.
Los anuncios de viviendas empiezan a reflejarlo. El portal inmobiliario estadounidense Zillow analizó millones de anuncios de venta para su informe de tendencias de 2026, y detectó que las menciones a los rincones de lectura habían crecido un 48 % en un año. Según la compañía, los compradores buscan un “descanso desenchufado” en casa, rincones tranquilos donde “dejar el teléfono y recargar”.
Lo que dice la ciencia sobre desconectar
El argumento contra el estrés no es solo estético. En 2025, la revista científica PNAS Nexus publicó un ensayo con 467 usuarios de iPhone a los que se les bloqueó el acceso a internet en el móvil durante dos semanas, aunque podían seguir llamando y enviando mensajes. Los autores concluyeron que la intervención “mejoró la salud mental, el bienestar subjetivo y la capacidad, medida de forma objetiva, de mantener la atención”. El efecto sobre los síntomas de depresión fue mayor que el que los metaanálisis atribuyen a los antidepresivos. La mejora de la atención equivalía, en magnitud, a diez años de deterioro asociado a la edad. El 91 % de los participantes mejoró en al menos uno de los aspectos medidos.
El estudio no habla, por tanto, de un estilo de decoración, sino que busca explicar por qué tantas personas buscan en casa un lugar donde el teléfono no mande.
Cómo llevarlo a tu casa
Los diseñadores coinciden en que no hace falta una reforma. “Cada vez nos piden más que reimaginemos zonas de la casa como santuarios intencionados y sin pantallas”, explica Caroline Milns, del estudio de interiorismo Zulufish. Entre las propuestas que recoge la publicación están separar la zona de trabajo de la de descanso con alfombras, plantas o muebles, y guardar portátiles y cargadores fuera de la vista. También colocar los sofás mirándose entre sí en lugar de orientados a la televisión, y ocultar esta en un mueble cuando no se usa.
La iluminación también cuenta. Las expertas recomiendan sustituir la luz cenital intensa por lámparas de pie, de mesa y velas, y elegir colores apagados, como blancos calizos, topos cálidos o verdes suaves. Completan el cuadro los materiales táctiles, como la madera, la piedra o el lino, y los rincones para la música, la lectura o la escritura. “Un rincón de lectura es mucho más que un simple rincón acogedor”, resume Milena Vallier, interiorista de My Bespoke Room.
