Necroturismo o descubrir tu país a través de los cementerios: "Los estamos convirtiendo en parques públicos"
El periodista Galo Martín Aparicio reúne en 'Cementerios de España' una selección de camposantos que merece la pena visitar
Necroturismo: cómo iniciarse en este tipo de turismo que cada vez tiene más adeptos
Hay muchas maneras de descubrir España. Podemos recorrer sus pueblos en busca de una buena mesa, seguir la pista de sus castillos, perdernos por sus mercados mercados o dejarnos llevar por carreteras secundarias hasta llegar a lugares que no aparecen en las guías más conocidas. Pero hay otra forma de viajar, bastante menos habitual pero no menos sugerente: entrar en sus cementerios.
Lejos de ser solo espacios reservados al duelo y al silencio, los camposantos españoles guardan un patrimonio artístico, arquitectónico y humano capaz de sorprender incluso a los viajeros más experimentados. Los hay diminutos, monumentales, británicos, marineros o tan insólitos que cuesta creer que existan.
Esta forma de viajar tiene nombre, necroturismo, y uno de sus divulgadores es el periodista y autor Galo Martín Aparicio, que reúne en 'Cementerios de España' (Anaya Touring) una selección de camposantos que merecen una visita por mucho más que los nombres que descansan en ellos. Hablamos con él sobre los más sorprendentes, las anécdotas que esconden y las rutas que merecen la pena.
Usted se confiesa taphófilo. Para quien no haya oído nunca esta palabra, ¿en qué momento uno pasa de visitar un cementerio porque allí está enterrado alguien que le interesa a empezar a viajar deliberadamente para conocer cementerios?
Di a parar a los cementerios en el momento que los centros de las ciudades se convirtieron en un parque temático franquiciado. Expulsado por tanta uniformidad anodina descubrí que los cementerios son algo más que ese lugar rodeado por muro y sus connotaciones. Entonces me pregunté por qué cuando viajamos a Praga visitamos el Cementerio Judío, por qué cuando vamos a París nos acercamos al cementerio de Pere Lachaise a echar un ojo a la tumba de Jim Morrison y, en cambio, ¿por qué no visitamos los cementerios de España si también atesoran un notable patrimonio artístico y en algunos de ellos están enterrados personajes célebres?

Hay una idea muy sugerente detrás del libro. Que para conocer de verdad un pueblo o una ciudad quizá haya que entrar en su cementerio. ¿Qué cuentan nuestros camposantos de la España que no aparece en las guías turísticas?
Lo que nos cuentan los cementerios no solo no aparece en las guías turísticas, a veces, se trata de ocultar en el relato que se cuenta de la historia de España. Pero las tumbas hablan, la ausencia de las mismas mucho más. Los cementerios nos cuentan la relación que se tenía y que se tiene con la muerte. Hasta hace no tanto tiempo, las mujeres que habían sido madres solteras, las personas homosexuales, las personas que se habían suicidado, las personas que no pensaban como se había establecido que había que hacerlo y las que no era católicas, no tenían derecho a ser enterradas de una manera digna, a algunas de esas personas se las enterraba en un rincón del cementerio de turno.
Hoy, gracias a que gran parte de la sociedad tiene otras ideas y valores y a los servicios municipales funerarios, casi todo el mundo es enterrado con un mínimo de dignidad. Aunque todavía somos un país en deuda con miles de muertos. Esa falta de humanidad a algunos no les avergüenza, de hecho la han convertido en su bandera.

¿Cuál es el cementerio más sorprendente que se ha encontrado en España y qué tiene para ganarse ese título?
Todos los que aparecen en el libro a mí me resultan sorprendentes, por eso los he incluido. Espero hacer un segundo libro e incluir a los que me he dejado fuera. Me sorprenden los cementerios británicos, como el de San Sebastián, Madrid y Málaga, por citar tres. Me sorprenden los cementerios gallegos al borde de los acantilados de la Costa da Morte. Me sorprende el cementerio de Noia, que se encuentra en el centro del pueblo. Me sorprende el cementerio de Niembro en Asturias, que cambia su aspecto en función de las mareas, pero lo que más me sorprende son las ganas que ponen las direcciones de algunos cementerios para darlos a conocer a través de diferentes actividades.
Por ejemplo, María Bolado, directora del Cementerio de Ciriego, en Santander, organizó Postales desde el umbral, una actividad en la que diferentes personas de la ciudad contaron qué es y qué significa para ellas el Cementerio de Ciriego. Fue increíble escuchar lo que cada uno de los participantes contó.
¿Y el más bonito (que no necesariamente el más monumental)?
El cementerio de Niembro, en Asturias, es el que aparece en la cubierta de libro. Es pequeño e inesperado. No tiene panteones, mausoleos, pero el entorno y el efecto que provoca las mareas hace que luzca varios aspectos en un mismo día.
¿Cuál es el cementerio que tiene la historia más insólita detrás?
En el Cementerio Británico de Huelva el muerto más celebre no existe. Su tumba no alberga ningún cadáver, sin embargo, sí tiene nombre: William Martin. Un tipo inventado del que se valió el ejército aliado para engañar al ejército nazi durante la II Guerra Mundial. Esta operación la denominaron Mincemeat (Carne picada) o El hombre que nunca existió.

¿Y la más conmovedora?
El cementerio de Teresa, en Bausen, en el valle de Arán. Es un cementerio en el que solo hay una tumba, la de Teresa. Ella y otro joven se querían casar, pero el cura del pueblo se negó a hacerlo salvo si le pagaban por ello. La pareja se negó y siguió adelante con sus planes. Al morir Teresa a los 33 años por una neumonía, Francisco, su pareja, con ayuda de algunos vecinos, cavó una fosa al final de un camino de montaña y la enterró, junto al cementerio del pueblo. Su marido y sus hijos no están enterrados a su lado porque al estallar la Guerra Civil Española escaparon a Francia.
¿Hay alguno que sobre el papel parecía poca cosa y que, al verlo, le dio una auténtica sorpresa?
Ninguno de los cementerios que he visitado me ha parecido que fueran poca cosa, al contrario. Recuerdo entrar al Cementerio Municipal Nuestra Señora del Recuerdo de Alicante y encontrar la tumba de Miguel Hernández sin buscarla. Fue impactante verla y comprobar que su presencia se mantiene viva.
¿Y al contrario, alguno del que esperaba muchísimo y que le dejó bastante frío?
Frío me deja el hecho de que nos interesan poco los cementerios, los miramos desde afuera.

¿En cuál se ha encontrado la tumba más extravagante?
En el cementerio de Montjuïc en Barcelona y en el de la Almudena en Madrid, las tumbas de los fallecidos de la comunidad gitana son muy coloridas. Suelen incluir una escultura, una guitarra, por ejemplo, y fotos. Son tumbas extrovertidas, notas de color en los cementerios en las que se encuentran.
¿Hay alguna lápida cuya inscripción recuerde especialmente porque le haya hecho sonreír?
En la galería del cementerio de Alcoy recuerdo haber leído la palabra SOLTERA en una tumba.
El de Alcoi reúne modernismo, art nouveau, secesión, art déco, racionalismo y galerías subterráneas. ¿En qué momento un cementerio deja de ser simplemente un cementerio y empieza a ser un museo?
Eso pasaba más antes, cuando la muerte era algo temido y sagrado y a la que se le rendía honores a través de esos panteones y mausoleos y que a su vez servían para que los fallecidos y su familia les recordasen a los demás lo ricos y poderosos que eran en la tierra. A su vez, ese patrimonio artístico evidencia la riqueza que hicieron unos pocos en el contexto de la Revolución Industrial, sobre todo en Cataluña, Valencia y Baleares. A los ricos industriales y comerciantes les gustaba vivir en casas modernistas, a su muerte querían descansar en panteones del mismo estilo.
En los cementerios las clases sociales están presentes y separadas. También el machismo: los panteones de los hombres ilustres han envejecido muy mal. Un cementerio es un reflejo de lo que hay fuera de sus muros, por eso no es extraño, pero sí injusto, que en el Panteón de Personalidades Ilustres (así denominado desde 2003) de Ciriego solo descanse una mujer, la religiosa Sor Ramona Hormazábal, quien trabajó en el Hospital de San Rafael.
Una de las cosas que más atraen a los visitantes son los personajes enterrados. ¿A quién enterrado en España le recomendaría ir a "visitar" aunque el lector no haya oído hablar nunca de él?
Juan Pelayo España (en la cripta de la familia Menéndez Pelayo), quien fuera director del Hospital de San Rafael, aunque su gran reconocimiento fue la labor asistencial que hizo durante la catástrofe al estallar el barco de vapor Cabo Machichaco en el puerto de Santander y que causó 575 muertos y más de dos mil heridos. Fue tal el esfuerzo que hizo durante esa jornada que murió pocos días después de un paro cardiaco.
¿Cree que los españoles tenemos una relación demasiado incómoda con la muerte? Visitamos iglesias, palacios y museos llenos de referencias a ella, pero seguimos considerando extraño entrar en un cementerio simplemente por curiosidad
Es una relaciona que nos incomoda, que nos da miedo, algo normal, por otro lado, pero que sobre todo no sabemos afrontar, manejar, porque somos una sociedad de adultos infantilizados. Las connotaciones que se asocian a los cementerios son barreras invisibles para mucha gente. Sin embargo, poco a poco, no solo estamos entrando a los cementerios para visitarlos y conocer lo que atesoran, también los estamos convirtiendo en una especie de parque públicos. Durante la pandemia, cuando se pudo salir a la calle, hubo gente que aprovechó el cementerio de la Almudena para pasear o correr.

Para alguien que conozca bastante bien España y crea que ya ha visto casi todo, ¿qué tres cementerios le recomendaría visitar para descubrir algo distinto de lo que aparece en las rutas habituales?
El Cementerio Militar Alemán de Cuacos de Yuste, en Cáceres. El Panteón Inglés, en Cueto, Santander. No es un cementerio, pero sí un monumento en honor a una persona que murió en ese lugar. Y el cementerio de Sad Hill, camposanto que se construyó en la provincia de Burgos para el rodaje de la película El bueno. El feo. El malo.
