La sensación de “mi casa ya no me representa” se dispara a partir de los 50: la ciencia tiene una explicación
Nuestro hogar debe adaptarse a nosotros y no al revés, por lo que si necesitamos que sea diferente lo mejor es hacerlo
Consejos para adaptar tu hogar y vivir seguro y más cómodo después de los 50 años
MadridSuele hablarse mucho de la crisis de los 50 y, si bien se podría considerar solo un mito, lo cierto es que tiene una base bastante sólida. En algunos casos se emplea esta expresión para señalar que alguien está un poco perdido en la vida y alejándose de lo que una vez fue, tomando decisiones que invitan a pensar que tiene miedo de haber dejado atrás por completo su juventud y aferrándose a lo que un día fue.
En realidad, esta crisis a la que se hace referencia es más un periodo de reflexión y cambio, de introspección que invita a pensar sobre el momento vital en el que nos encontramos. Los 50 son una edad ideal para mirar atrás y asegurarnos de que estamos donde queremos estar, nos permite hacer los cambios que creamos pertinentes porque todavía estamos a tiempo de obtener resultados, tanto si hablamos de lo laboral como si nos referimos a lo personal.
Como decimos, es una época de reflexión y, a menudo, esto suele traer asociados grandes cambios, o puede que no tan grandes, pero sí significativos. No es raro cambiar el color de pelo, buscar un nuevo trabajo o encontrar una nueva afición con la que llenar nuestro tiempo libre, tampoco es raro querer redecorar la casa porque sentimos que "ya no nos representa", y lo cierto es que no es mala idea en más de un sentido.
La sensación de “mi casa ya no me representa” se dispara a partir de los 50
Hay ciertas cosas que suceden al cumplir los 50, una de ellas es que es la época perfecta para hacer un balance vital, eso implica replantearse metas, pero también los gustos personales. Aceptamos que muchas cosas cambian y también lo pueden hacer las emociones que sentimos al llegar a casa. Esos muebles y complementos que nos gustaban en su momento puede que ya no sean de nuestro agrado o también es probable que necesitemos otros que se adapten a nuestra nueva situación.
Llegados a cierta edad, se busca el confort y la comodidad, eso no quiere decir que haya que renunciar a la estética, pero es bastante probable que no solo se necesiten muebles más cómodos, también puede suceder que necesitemos cambiarlos de lugar, para aumentar el espacio de paso. Además, puede que sea una época de mayor estabilidad económica y darnos ese capricho o comprar muebles de mayor calidad ya no sea un imposible.
No es raro que esta época de reflexiones coincida con grandes cambios en nuestra vida, como la marcha de los hijos. Es bastante habitual que la crisis de los 50 coincida con el síndrome del nido vacío, los hijos se han marchado de casa con la intención de comenzar su propia vida y ahora en la casa hay un vacío emocional, pero también físico. Es probable que se quieran cambiar algunas cosas o aprovechar ese espacio que queda vacío para algo que siempre se quiso, como una sala de cine, un cuarto de costura o una sala de ejercicios.
Es un buen momento para cambiar lo que no nos gusta, pero también para adaptar la casa a necesidades nuevas que van surgiendo. A los 50 años no es demasiado habitual tener problemas de movilidad, lo que hace que sea el momento perfecto para hacer aquellos cambios que nos hagan la vida más sencilla en el futuro.
De momento, el movimiento no es un problema, pero puede que con el tiempo lo sea por lo que no es una mala idea eliminar muebles que entorpecen el paso o incluso cambiar los muebles de la cocina, dejando en los de fácil acceso aquello que utilizamos habitualmente. También es bastante frecuente hacer cambios en la iluminación.
La vista no es igual a todas las edades y, con el paso del tiempo, cuesta un poco más ver bien de cerca, por eso una buena iluminación puede ayudarnos a que esta etapa de tránsito sea más llevadera. Esto evitará frustraciones innecesarias, pero también algunos accidentes que se producen porque no vemos con claridad. En el futuro puede que queramos plantearnos otros cambios habituales, como la bañera por un plato de ducha, puntos de apoyo extra o puertas más anchas.
La ciencia señala que, a medida que envejecemos, nuestros cerebros se vuelven más resistentes al estrés, nos volvemos más positivos y experimentamos menos remordimientos, por lo que no es raro que, ante la posibilidad de decorar de nuevo nuestra casa para que siga adaptándose a nosotros, se opte por hacerlo, dejando atrás dudas o culpas. Nuestro hogar debe adaptarse a nosotros y no al revés, y esa es otra de las enseñanzas que aprendemos con el tiempo.
