El pueblo de Margarita, en Vitoria, gana: los 30 vecinos de este enclave logran impedir que abra la quinta gasolinera en su pueblo

En 20 años, ha desaparecido el campo y el pueblo de Margarita es hoy, una isla rodeada de industria, gasolineras y naves
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Vitoria-GasteizMargarita, un pueblo con nombre de flor a solo 11 kilómetros de Vitoria, lleva años marchitándose a marchas forzadas, convertido en una isla rodeada de gasolineras, un polígono industrial, mastodónticas naves y el Tren de Alta Velocidad. Entre sus escasos 30 vecinos, los que llevan más tiempo a penas pueden reconocer el pueblo que era y el lugar inhóspito en el que se ha convertido.
Poco o nada queda ya de los extensos campos, que a buen seguro se alfombraban de las flores que dan nombre al pueblo por primavera, en su lugar, estaciones de servicio donde los camiones hacen cola para repostar, ruido, contaminación, malos olores y unas potentes luminarias capaces de cegar al más pintado, "esto parece Las Vegas", lamentaba uno de los residentes hace un tiempo.
20 años después de que comenzara el cerco al pueblo con la expropiación de terrenos por sus cuatro puntos cardinales, los vecinos podrían haberse rendido, por puro cansancio, pero no es así. Los de Margarita están dispuestos a resistir a base de luchar y de hacer su propia revolución con nombre de flor. Su último logro ha ocurrido esta misma semana, cuando han ganado el pulso a la empresa que pretendía poner en marcha la quinta gasolinera en el municipio, justo enfrente de otra estación de servicio.
30 vecinos y cinco gasolineras
Se da la circunstancia de que en un pueblo de solo 30 vecinos ya hay en funcionamiento cuatro estaciones de servicio a la entrada del municipio, ubicado a 11 kilómetros al oeste de la ciudad de Vitoria, junto a la autovía A-1 (Madrid-Irún). Ahora, el Ayuntamiento de la capital alavesa ha denegado la licencia para la apertura de una quinta, porque esta infraestructura no cumple con la distancia mínima exigida entre el suelo residencial y las zonas de surtidores y de almacenamiento de combustible y carburantes, tal y como marca el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU), que entró en vigor a finales de este pasado mes de enero.
Una victoria celebrada por grupos como Elkarrekin Podemos que adjudica el logro a la “presión social”. Margarita gana, al menos esta vez, y sus vecinos respiran más tranquilos aunque sin hinchar mucho los pulmones, “aquí siempre hay malos olores y contaminación”, lamentan resignados a vivir enjaulados en una isla industrial, pero firmes en su propósito de defender su pueblo de los que pretenden seguir acorralándolo, aún más si es posible.
