Vizcaya

Marilu, con síndrome de Down, obligada a dejar su plaza en un centro para personas con discapacidad por tener 67 años: "Es su casa, lleva 23 años y no entiende por qué no puede ir"

La familia teme que sufra un deterioro en su salud y los profesionales que la atienden desaconsejan el traslado.. Turismo Euskadi
  • Marilu tiene 67 años y llevaba más de 20 en el Centro de Día Nafarroa de Amorebieta, desde febrero no ha vuelto a ir

  • La Diputación de Vizcaya le ofrece ir a un centro de mayores y la familia advierte que los técnicos desaconsejan su traslado

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BilbaoHace casi tres meses que Marilu, de 67 años no ve a su otra familia, la que ha tejido, durante casi un cuarto de siglo, con los usuarios y profesionales del Centro de Día Nafarroa de Amorebieta (Vizcaya): “Pregunta todos los días por ellos, está siento muy doloroso para ella, no entiende que pasa”, explica Borja, portavoz de la familia de esta vizcaína con síndrome de Down, discapacidad intelectual moderada y un grado III de dependencia.

La familia de Marilu denuncia que la Diputación Foral de Vizcaya ha forzado su salida del centro para personas con discapacidad, “basándose exclusivamente en un criterio de edad” y que “es mentira” que lo hayan hecho apoyándose en criterios técnicos, “los únicos informes técnicos son los de los profesionales que la conocen y atienden desde hace años y que desaconsejan su traslado a un centro de mayores”.

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La familia considera profundamente "errónea e injusta" la idea de que un centro para personas mayores puede sustituir a uno especializado en discapacidad intelectual simplemente porque la persona haya superado los 65 años. Además, insisten en que la normativa en materia de dependencia no establece la edad como criterio determinante para asignar recursos, sino por idoneidad, es decir, cada persona debe recibir el servicio que mejor se adapte a sus necesidades específicas.

"Muchas marilus"

El Centro de Día Nafarroa es, para Marilu, mucho más que un recurso asistencial, “es su casa”. Allí, ha forjado durante más de dos décadas vínculos emocionales y afectivos, en el centro tiene sus rutinas y privarla de todo “de un día para otro”, puede generarle un “potente deterioro”. Sus seres queridos temen que pueda caer en un estado de ansiedad o depresión “porque además por su edad es mucho más vulnerable”.

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A pesar de que María Luisa Uria Martitegui tenía su derecho a la plaza reconocido de manera definitiva, por la propia Diputación vizcaína desde el año 2002 y consolidado en 2019 dentro de su Programa Individual de Atención aprobado por Orden Foral que lo identificaba como el recurso más adecuado para sus necesidades; este 2026, “de un día para otro”, recibieron una llamada de la Subdirección de Atención a la Dependencia comunicando el "inminente cese" del derecho de Marilu a su plaza en el CAD Nafarroa para trasladarla a un centro de mayores, por haber superado los 65 años.

La familia se negó y días más tarde, ante la insistencia porque aceptaran el cambio, argumentaron con informes técnicos el “impacto negativo” que el traslado podía tener en ella, pero “los desoyeron” y el 19 de febrero, dictaron el cese del derecho de Marilu a la plaza. La familia solicita la suspensión cautelar del cese de su plaza para evitar daños irreparables, pero se lo denegaron. “No pongo en duda que tengan 'carga de trabajo'”, argumento que ha dado la Diputación para advertir a la familia de que la resolución al recurso podría demorarse un año, “pero no tenían esa ‘carga de trabajo’ para sacar este mes de abril, un decreto insultante con el que pretenden limpiarse las manos y en el que fijan un criterio de edad, los 64 años”, lamenta el portavoz.

La familia de Marilu que “lo está pasando mal”, piensa seguir luchando por los derechos y el bienestar de esta vizcaína de 67 años y se muestra “esperanzada” en poder lograr que sea readmitida en el Centro de Día Nafarroa, su “casa” durante casi 25 años. Insisten en que, en realidad, existen “muchas marilus” y que su caso es único, porque “por desgracia no hay recursos suficientes para tantas personas que demandan una plaza” y esta es la manera que tiene la administración de “librar plazas”, “desplazando a las personas de un centro a otro por comodidad administrativa” y sin tener en cuenta su bienestar.