La que fuera pareja sentimental de la víctima fue condenada a 15 años y lleva ya 7 en prisión
Carmen Merino, la decapitadora de Castro Urdiales, Cantabria, acepta no heredar el piso de su novio
BilbaoA principios de este año, en el mes de febrero, se cumplieron siete años del conocido como ‘crimen de la cabeza’, uno de los casos más macabros de la crónica negra en este país. En febrero de 2019 el jubilado vizcaíno de 67 años dejó de dar señales de vida, sin embargo no sería hasta septiembre de aquel año cuando el caso saldría a la luz al aparecer unos restos humanos dentro de una caja.
La que era su pareja entonces, Carmen Merino fue condenada a 15 años de prisión por la desaparición, muerte y descuartizamiento del que era su pareja entonces, el jubilado vizcaíno, Jesús María Baranda, cuya cabeza apareció guardada en una caja que la mujer pidió a una amiga que le guardara. Meses después, al abrirla, descubrió el macabro contenido.
Ocurrió en 2019 y tres años después, la pareja sentimental de Baranda fue juzgada y condenada a 15 años de cárcel por un delito de homicidio con agravante de parentesco. Tenía entonces 64 años.
Merino lleva casi siete años en el centro penitenciario de El Dueso, en Santoña y aunque en varias ocasiones se han rechazado sus peticiones para disfrutar de permisos penitenciarios, según ha podido saber El Diario Montañés, la acusada de decapitar a Jesús María y hacer desaparecer su cuerpo ya ha salido este 2026 en dos ocasiones de prisión. Dos permisos en los que ha estado varios días fuera de los muros de El Dueso y que, según este medio, volverá a repetir este mismo mes, con un nuevo permiso de cinco días. Carmen Merino está en segundo grado penitenciario, ha cumplido la cuarta parte de su condena, tiene un buen comportamiento en prisión y además, fuera cuenta con apoyo familiar.
Restos humanos en un neceser
A mediados de febrero de 2019, el vizcaíno Jesús María Baranda desapareció en Castro Urdiales (Cantabria) donde vivía con su pareja sentimental, la gaditana Carmen Merino. Sus allegados, extrañados denunciaron su desaparición y comenzó su búsqueda. Su cuerpo nunca ha sido hallado, pero en septiembre de ese mismo año, el craneo de Jesús María apareció en un neceser que Carmen había pedido a una amiga que le guardara.
Con la caja en su casa desde marzo, en septiembre esta mujer ante el mal olor que desprendía el bulto, decidió abrirlo y descubrió el siniestro contenido. Las sospechas recayeron desde el principio sobre la que había sido su pareja sentimental y que más tarde se sabría, había sido nombrada por la víctima, en su testamento, como heredera universal.
