De la tensión de Trump a la relajación de Xi Jinping: así ha sido el inusual quinto encuentro entre los magnates

No es habitual que el presidente del país reciba personalmente a su homólogo a su llegada al aeropuerto, pero así ha querido hacerlo Trump con Xi Jinping
Donald Trump le pone la alfombra roja a Xi Jinping a su llegada a Washington en visita de Estado
En la Casa Blanca, el despliegue de la alfombra roja es lo habitual en el recibimiento a otro jefe de Estado. Pero lo que no es nada común es que sea el propio Donald Trump el que esté esperando a su homólogo personalmente al final de esa alfombra roja.
En la quinta visita de Xi Jinping a Estados Unidos, la bienvenida ha sido de lo más extraordinaria. Hace 60 años que se repitió esta insólita imagen, cuando Kennedy se situó a pie de escalerilla para saludar al primer ministro británico. Incluso, el propio Xi Jinping no ha protagonizado ningún recibimiento así en su país, sino que en Pekín, Donald Trump se tuvo que conformar con el recibimiento del vicepresidente chino.
El presidente estadounidense parece que aquel recibimiento no tan personal como el suyo, no le importó tanto como le preocupa mantener la paz que China y Estados Unidos zanjaron en su última reunión. Todo esto se debe a que China ha demostrado que su dominio de las tierras raras le proporciona una poderosa herramienta de presión sobre Estados Unidos y condiciona sus decisiones sobre semiconductores, sanciones e incluso sobre la venta de armas a Taiwán.
El apoyo chino, fundamental para Estados Unidos
Esa venta de armas sigue siendo un asunto muy pendiente que Donald Trump se trae entre manos para hacerse con alguna victoria, por ejemplo, en la guerra de Irán, porque el apoyo chino es fundamental para que Estados Unidos sea una potencia muy superior frente a sus enemigos.
El inusual recibimiento, con honores militares, 21 salvas de cañón y una impresionante exhibición de poder aéreo, muestra la necesidad de estabilizar la competencia estratégica con China. Y esta escena resume bien quién llega más cómodo a esta cumbre: mientras Xi Jinping contempla imperturbable el sobrevuelo de dos bombarderos supersónicos, Trump no puede evitar encogerse ante el estruendo.