La angustia de los que tratan de salir de Afganistán y los que esperan en España: Allá golpeados, aquí a punto del infarto

Afganos residentes en España sufren por la vida de sus familiares atrapados en el país a merced de los talibanes
Los miembros de los Ejércitos de Dinamarca, Polonia, Hungría, Países Bajos y Bélgica ya han dejado Afganistán
Francia y España tienen previsto salir este viernes y cesar todas las evacuaciones
La cuenta atrás ya ha comenzado y en apenas 24 horas España abandonará Afganistán tras evacuaciones frenéticas. Miles de colaboradores y deportistas afganos han podido llegar a nuestro país para escapar del horror talibán. Los que están aquí muestran las fotos de familia, sus hijos, sus madres y hermanos. Los que se han dejado atrás, mientras su desesperación va en aumento: "Me va a dar un infarto, no sé qué hacer".
Ullah muestra las fotos que ha recibido de su familia: su hermano lleno de magulladuras en el cuerpo y el rostro, los talibanes los golpearon cuando intentaban entrar al aeropuerto y a pesar del esfuerzo siguen allí, en medio del caos en que se ha convertido el país con patrullas talibanes que registran, piden documentos, golpean, disparan.
El aeropuerto está cerrado; ya no se puede entrar ni salir. Está bloqueado ante el riesgo de atentado del que alertan los servicios de inteligencia de occidente. Ellos tienen a sus familias allí atrapadas en Kabul y estos afganos residentes en España pasan las horas con angustia.
Mohamed sufre por su familia que tampoco ha podido entrar al aeropuerto y son algunos de esas miles de personas que vemos en las imágenes con las caras desencajadas y sucias tras días sin dormir, sin comer, sin lavarse. Allí están con los pañuelos rojos y el pasaporte en la mano, porque -como cuenta Mohamed- tienen todos los documentos listos pero no han podido entrar al aeropuerto.

Todo son nervios, para los afganos, tanto para los que están aquí y allá. No duermen, no comen y solo esperan que todo termine bien, que llegue el email que esperan para que aparezcan en la lista y puedan abordar uno de los últimos aviones españoles. Se quejan de la burocracia, de peticiones imposibles en un país donde hacer una fotocopia o una llamada telefónica es una hazaña imposible.
Gul Khan no ha podido traer a su mujer: ella llora al teléfono y grita, mientras él reconoce su impotencia. No sabe qué hacer. "Me va a a dar un infarto", dice y baja la cabeza. Sueña todas las noches con su familia, que están juntos, que están aquí, pero todavía no han llegado, pero sigue esperando para que el sueño se convierta en realidad y los vea bajar del avión español y llegar a Madrid.

