Venezuela no se quiere morir, pero lo está haciendo (salvo los ricos)
La corrupción invade, también, la sanidad pública en Venezuela
Al 76% de los hospitales públicos le faltan medicinas y no hay anestesia
CaracasPonerse enfermo en Venezuela es uno de los mayores problemas que cualquier persona que viva dentro del país, ya sea autóctono o extranjero, puede tener. El problema puede convertirse en drama de dimensiones considerables dependiendo de la dolencia y, sobre todo, de la capacidad del bolsillo del paciente.
En Venezuela, la brecha entre la sanidad pública y la privada en lo que a calidad y capacidad de atención se refiere, se ha agravado de manera exponencial con la crisis. Según la Federación Médica Venezolana, los 300 hospitales públicos del país sólo cuentan con un 3% de los insumos necesarios para tratar a los pacientes. Entrar en hospitales emblemáticos de la capital como el Hospital Vargas, el Clínico o el J.M de los Ríos es un viaje en el tiempo hacia la época en la que la astucia o el ingenio de los médicos debía sustituir a una tecnología que todavía no había llegado. Eran otros siglos. No para el país caribeño, incapaz de hacer frente a las necesidades médicas de una población que vive con pavor a la enfermedad más básica.
"Los únicos insumos que recibimos provienen de las ONGs", asegura Carlos Prosperi, Director Adjunto del Hospital Vargas de Caracas. "Los pacientes deben traer todo lo que necesitan para una operación o cualquier tratamiento". Y cuando dice todo, es absolutamente todo, desde gasas, catéteres, vendas, antibióticos o agujas para cualquier tipo de inyección.
Los pacientes deben traer a los hospitales todo lo que se necesita para su tratamiento
El médico asegura que hoy por hoy el hospital tampoco garantiza las tres comidas diarias que cualquier paciente ingresado necesita, y con todo lo que el hospital les da apenas suman 600 kilocalorías. Los familiares deben llevar los alimentos, algo que supone un sacrificio para la mayoría de venezolanos inmersos en una hiperinflación que devalúa cada día sus salarios.
En el Vargas, como en la mayoría de hospitales públicos del país, la escasez de agua también es la tónica, lo que dificulta la salubridad necesaria que se esperaría de un lugar donde hay personas enfermas y en muchos casos, debatiéndose entre la vida y la muerte. Es habitual el olor insoportable a orina en las instalaciones de los centros médicos y la acumulación de basura en las esquinas. Los baños públicos suelen estar cerrados y los que permanecen abiertos no disponen de condiciones para su uso. Muchas familias cargan garrafas de agua potable hasta las habitaciones donde pernoctan sus enfermos. En sus espaldas, mochilas cargadas de tupper ware con proteínas calientes.
Llama la atención que, en el patio de entrada de este Hospital, junto a una de las puertas principales, hay un puesto ambulante de venta de carne y pollo. Los alimentos están sin refrigerar y sus dueños espantan las moscas con papel de periódico. Nadie parece escandalizarse ni pararse a pensar en lo inapropiado de la estampa.
Sin medicinas, material quirúrgico o anestesistas
Desde el 2014, en el país faltan toda clase de suministros médicos, y de acuerdo con la Federación Venezolana de Farmacias, desde el 2015 la escasez de medicinas alcanza el 80%.