Así es el día a día del servicio doméstico en las casas de lo más ricos: de limpiadoras que trabajan en pañales a guardianes de rosas

Una mujer hace una cama
Una mujer haciendo una cama. Cottonbro studio/Pexels
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En un castillo en algún lugar de Francia trabaja José. Es guardián de las rosas y su trabajo consiste en hacer que los rosales de premio de su jefe sean felices. Los cuida, los mima y hasta les pone música para que crezcan mejor. José es parte de una armada un tanto invisible, la de las personas que trabajan en los hogares de los más ricos.

Para la socióloga Alizée Delpierre, el servicio doméstico era una cuestión que parecía sacada de la ficción. O, al menos, de la historia pasada. Hasta no hace tanto, no se había encontrado con doncellas más que en las novelas decimonónicas. “Las criadas no eran para mí más que personajes del pasado, o directamente ficticios, productos de la mirada burguesa y de los fantasmas masculinos que esos escritores proyectaban sobre las clases populares”, escribe.

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Pero un día se planteó qué ocurría tras las puertas cerradas de los más ricos, los millonarios y milmillonarios, y quién se encargaba de sus rosales premiados (como José), su ropa sucia o el polvo de sus lámparas. Las doncellas no eran solo material para las novelas de Émile Zola, sino que seguían existiendo.

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Para ello, hizo un trabajo de inmersión, trabajando como niñera para dos familias, y también uno de recopilación, entrevistando tanto a las personas que trabajan en el servicio doméstico como a las que las contratan. Los resultados de su investigación se pueden leer en un libro, que acaba de ser publicado en gallego por Rinoceronte como ‘Servir os ricos’ y que llegó también en castellano hace unos meses de la mano de Península como ‘Servir a los ricos’.

Un trabajo no tan fácil de encontrar

Por mucho que no parezca difícil encontrar anuncios de empleo en limpieza, las cosas no son tan sencillas para entrar a trabajar en las casas de los más ricos. Delpierre descubrió que este es un mercado de trabajo con sus propias vías de entrada, en el que de poco valen las agencias laborales y donde todavía se opera vía boca a boca y se valoran las recomendaciones.

Este es también un perfil profesional altamente feminizado, en el que conviven tanto las trabajadoras con posiciones más generales (en su libro las llama “polivalentes”, porque se encargan de todo) como las altamente especializadas (que solo se dedican a ser gobernantas, responsables de lavandería, doncellas o nannies). Las grandes fortunas siguen teniendo mayordomos, cocineros, ayudas de cámara o chóferes.

Alizée Delpierre

Los salarios pueden ser muy elevados e incluyen en ocasiones ciertos beneficios, como recomendaciones de inversiones, viajes a zonas paradisíacas (aunque vas a trabajar y no a desconectar) o regalos e incentivos valiosos. Pero esta es un poco una ‘jaula dorada’. Los testimonios que recoge la socióloga muestran jornadas de trabajo maratonianas que limitan la vida propia y pocos derechos laborales (por mucho que la ley de trabajo diga según qué cosas). Delpierre habló con Florent, que había trabajado como limpiador en un palacio en el que tanto él como sus compañeras llevaban pañales. Se los compraba su propia jefa, para que así no perdieran tiempo.

El perfil de los trabajadores domésticos en las casas de los ricos

También se mantienen bastantes estereotipos, no poco clasismo y bastante racismo. La socióloga recoge testimonios de personas que le cuentan que prefieren a trabajadoras domésticas africanas porque son "más resistentes". Una trabajadora de Guadalupe le cuenta que tuvo que mostrarse "más caribeña", porque era lo que sus jefes esperaban de ella.

El hacer que todo fluya puede llevar a situaciones complejas. Ahí está la trabajadora que no sabe cuándo se levantará su jefa los fines de semana, pero sí sabe que, en cuanto lo haga, tiene que llevarle a su habitación el desayuno específico. Para lograrlo no le queda más remedio que llevarse a un baño de la planta baja la plancha y otras tareas, para poder escuchar sus pasos.

Las cubiertas de las ediciones en gallego y castellano de ‘Servir a los ricos’

Aunque las cosas no son como antes, como le cuentan algunas de estas grandes fortunas recordando las armadas de personal que trabajaban en las mansiones de sus abuelos, todavía cuentan con muchos trabajadores domésticos. Aquí hay también diferencias entre los nuevos ricos y las fortunas "de toda la vida", casi como si se estuviese viendo un capítulo de ‘The Gilded Age’. Una aristócrata vecina del castillo con el guardián del rosal le decía a Delpierre que ella solo tenía “un simple jardinero”. Cuántos trabajadores y haciendo qué se ha convertido en un marcador de clase: cuanto más y más excéntricas sean sus labores menos de toda la vida se es.

Aun así, ¿puedes ser ultrarrico y plancharte tus propias camisas? Los testimonios que recoge Delpierre vislumbran que no, y no solo porque estas grandes fortunas pagan todos estos servicios para ganar tiempo. Ser rico implica acepta un juego social en el que se tiene servicio doméstico, incluso si en ocasiones sientes que eso invade tu propia intimidad. Una pareja que había escalado en la escala social le contaba que, en cuanto llegaron a cierto nivel económico y a cierto barrio, tuvieron que abrir la puerta a una señora de la limpieza. En aquel barrio sofisticado era inevitable. No hacerlo era casi como decir que no se había triunfado.