Un perro contra la soledad a partir de los 50: "Pensaba que me iba a quitar tiempo, pero me lo ha regalado"
Kiwoko ha empezado a llevar perros de terapia a residencias de mayores para plantar cara a la soledad no deseada. Defienden que los beneficios pueden llegar mucho antes
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Un hombre se resistía a tener perro. Sus hijos insistían y él, erre que erre, se negaba: un animal en casa era una obligación más, horas que no iba a recuperar. Al final el perro llegó y, con él, algo que no esperaba. Lola Barceló, responsable del proyecto ‘Momentos by Kiwoko’, lo escuchó de su boca y lo cuenta todavía con asombro. "Me contaba: ‘Yo pensaba que me iba a quitar tiempo y lo que ha pasado es que me ha regalado tiempo’. Porque ese paseo, especialmente por la noche, le hace desconectar y pensar", recuerda.
Es una historia pequeña, pero apunta a uno de los grandes males de nuestro tiempo. La Organización Mundial de la Salud calcula que una de cada seis personas en el mundo se siente sola y vincula la soledad a más de 871.000 muertes al año, unas cien cada hora. No es una metáfora: la OMS la relaciona con más riesgo de ictus, cardiopatías, diabetes, deterioro cognitivo y muerte prematura, y con el doble de probabilidades de sufrir depresión.
En España, el Barómetro de la Soledad No Deseada 2024, elaborado por el Observatorio Estatal SoledadES con casi 3.000 entrevistas, sitúa el problema en el 20 % de la población. Y dos de cada tres personas que la padecen llevan más de dos años en esa situación.
Contra lo que dicta el tópico, la soledad no es cosa solo de la vejez. De hecho, un informe presentado en el Imserso en octubre de 2025 con una encuesta a mil personas de más de 49 años, sitúa en el 23,8 % la soledad no deseada entre los 55 y los 59 años.
Los cincuenta no son, por tanto, la edad de la soledad, sino la de sus semillas. Es cuando los hijos se van, cuando llegan los divorcios y las primeras pérdidas. Cuando, aunque no te das cuenta, te puede estar pasando.
Así las cosas, Lola Barceló resume la situación con una frase que cualquiera, dando un paseo por la calle (con el móvil en el bolsillo) reconoce: "Vivimos en una sociedad en la que estamos hiperconectados, pero cada vez más aislados".
Por eso… y por muchas otras cosas, se tomó la decisión de poner en marcha ‘Momentos by Kiwoko’, un programa que nació hace tres años lejos de los mayores, en colegios de educación especial. Perros entrenados que acudían cada semana a clase para ayudar a niños con discapacidad. "Hace tres años empezamos en un colegio en Vallecas, en Madrid, y fue todo un éxito", recuerda. "La primera edición de Momentos para niños es durante todo el curso escolar y vamos recurrentemente todas las semanas para ayudar a estos niños a desarrollar esas competencias".
El salto a la otra punta del ciclo vital llegó casi por lógica. "¿Por qué las residencias? Por la soledad de las personas mayores, la soledad de las personas que están en residencias, súper bien cuidados, pero lejos de su entorno, de su vida".
Así nació Momentos Senior, que arrancó el 8 de septiembre en la residencia Amavir de Colmenar Viejo, con el patrocinio de NATH y los perros de Yaracan, especialistas en intervenciones asistidas con animales. Barceló explica el plan con precisión: “Queremos impactar entre 24 y 36 residencias con talleres que duran unas tres horas aproximadamente. Queremos priorizar aquellas zonas y barrios más humildes y con menos recursos. La previsión es llegar a entre 1.200 y 1.400 mayores”.
De cuidados a cuidadores
Pero, ¿qué sucede cuando llevas esos perros a las personas mayores? “Es algo maravilloso. Se les cambia el rol. Pasan de ser cuidados a ser cuidadores de esos perros, porque interactúan con ellos, pueden peinarlos, darles las chuches y pasearlos".
Se les cambia el rol. Pasan de ser cuidados a ser cuidadores
Ese giro, de ser cuidado a cuidar, es para ella la clave de todo. "Es intercambiar ese rol, de cuidados a cuidadores. Pensamos que abordamos muchísimas cuestiones que son importantes", explica Lola.
Ahora bien, ¿hace falta esperar a la residencia? Barceló cree que no, y aquí no puede dejar de lado su experiencia personal, ya que convive con perros desde hace 25 años: "El vínculo con el animal solo lo descubres cuando tienes animales de compañía. No te piden nada a cambio, ellos son fieles por naturaleza, nunca te van a juzgar. Ellos te van a querer incondicionalmente. La compañía y la intuición que tienen estos animales, porque ellos tienen la capacidad de detectar, identificar si estás contento o estás triste".
Pero el beneficio que más subraya es casi prosaico: el perro saca de casa, un punto clave cuando hablamos de la soledad. "Con su presencia te obligan de alguna manera a tener que salir a la calle, que es muy importante cuando las personas están solas. La responsabilidad de tener un animal, de tener que cuidarle, y tienes que sacarle a pasear, y sacar a pasear ya conecta con unos hábitos de bienestar físico y también con unos hábitos de bienestar social, porque tú sales con tu perro a pasear y al final vas a encontrar a otras personas, y eso genera esa conexión", apunta Lola.
Los datos, aunque la evidencia científica aún es pobre, le dan la razón. Un estudio publicado en JAMA Network Open con casi 8.000 adultos mayores de 50 años encontró que, entre quienes vivían solos, tener un animal se asociaba a un deterioro más lento de la memoria y la fluidez verbal. En quienes vivían acompañados, esa diferencia no aparecía.
El hueco del nido
Por supuesto, en este camino que para algunos se convierte en un calvario, hay una etapa clave. Esa en la que uno deja de ser imprescindible. Los hijos se van y la responsabilidad que durante décadas ordenó los días desaparece de golpe. Barceló no cree que sea casualidad que muchos den el paso entonces. "¿El síndrome del nido vacío? Yo creo que sí, muchas veces se busca llenar ese hueco, y quizás por tener esa responsabilidad. Algunos lo hacen por inercia pero luego se sorprenden", explica.
Uno llega buscando cariño y se encuentra con una rutina, una razón para levantarse, alguien que depende de él. "Supera las expectativas. Porque ellos no juzgan, no te piden nada a cambio. Todo lo que dan, ¿sabes? Es de corazón, es así".
Probar antes de adoptar
Un perro, sin embargo, no es un antidepresivo con patas, y Barceló insiste en ello tanto como en sus virtudes. "Desde luego tienes múltiples beneficios convivir con perros, pero hay que saber la responsabilidad que conlleva. Se tienen que cuidar bien: requieren alimentación adecuada, requieren cuidados de salud, requieren sus paseos, requieren la socialización, requieren una educación, porque es muy importante que los perros sean felices y puedan socializar con personas y con otros animales". Y añade: "Son seres sintientes, no son cosas. Hay que entender muy bien lo que conlleva en cuanto a tiempo, en cuanto a parte de la economía familiar que hay que destinar a que esté bien cuidado".
Desde luego tienes múltiples beneficios convivir con perros, pero hay que saber la responsabilidad que conlleva. Se tienen que cuidar bien
Para el que duda, Barceló propone una fórmula intermedia. "Hay muchas fórmulas de probar. Primero, un poco entender y leer qué cuidados requieren, qué responsabilidades. Y antes de lanzarte a adoptar o a decidir tener un animal de manera indefinida, a priori se puede acoger también".
La otra clave es mirarse al espejo antes de mirar al perro: "Es muy importante elegir bien qué animal de acuerdo a tu estilo de vida y saber que los principios no siempre son fáciles, porque al final son seres sintientes y el perro se tiene que adaptar a ti. Si hay una persona que nunca ha tenido animal, puede asesorarse", asegura Barceló.
Es muy importante elegir bien qué animal de acuerdo a tu estilo de vida y saber que los principios no siempre son fáciles
Antes de finalizar, ponemos sobre la mesa la parte que nadie quiere mirar de frente. Porque los perros pueden ser increíbles pero no son eternos. Barceló lo sabe y reflexiona al respecto: "Hay una frase que me gusta mucho, y es que el mayor fraude del amor es que los perros vivan tan poco. Y es verdad que es muy duro, porque son parte de la familia. Y es una pérdida dura, se les echa mucho de menos. Pero yo siempre digo que siempre compensa. Cuando te recuperas de ese duelo, siempre, siempre compensa".
