Los senior más duros del Dakar: “Las piernas responden a la mente”

La prueba más exigente del mundo del motor reúne a más de 100 participantes por encima de esa edad.
Así se ha preparado Carlos Sainz para el Dakar a sus 63: "La prueba de esfuerzo dio parecida al año pasado"
El Dakar no entiende de edades, pero sí de carácter. Es una carrera que castiga el cuerpo y exige la mente, que pone a prueba la paciencia, la resistencia y la capacidad de adaptación. Y, sin embargo, en una época en la que casi todo en el deporte parece orientado a la juventud, el rally más duro del mundo sigue siendo un refugio para los veteranos. Un territorio donde cumplir 50 años no es una frontera, sino muchas veces el punto de madurez perfecto.
La edición de 2026 lo confirma con números. En coches y motos, 110 participantes superan los 50 años, lo que representa un 16,5 % del total de inscritos en estas categorías. Uno de cada seis. Una cifra llamativa para una prueba extrema en la que cada etapa equivale a un pequeño desgaste físico y mental, y donde el error se paga caro. Pero el Dakar nunca ha sido solo una cuestión de fuerza bruta. Es también experiencia, cabeza fría y capacidad para sobrevivir cuando el cuerpo empieza a pedir tregua.
Ahí aparece el nombre de Carlos Sainz, que a sus 63 años sigue siendo referencia. No solo por lo que corre, sino por cómo lo hace. El madrileño no ha llegado hasta aquí por nostalgia ni por romanticismo. Su preparación es casi quirúrgica: sesiones largas de bicicleta, trabajo de fuerza, sauna y entrenamientos en hipoxia para acostumbrar al cuerpo a rendir con menos oxígeno. Nada se deja al azar. En el Dakar, a ciertas edades, ya no se puede improvisar. O estás preparado o no estás.
Algo parecido ocurre con Nani Roma, otro de los nombres que explican por qué el Dakar atrae a corredores que han pasado el medio siglo. El de Folgueroles sigue entrenando a diario, con bicicleta y gimnasio, cuidando cada detalle. Roma ya ha ganado el Dakar en motos y en coches, y ahora corre desde otro lugar: el de quien conoce el desierto, sus trampas y sus silencios. Cuando el cansancio aprieta, la experiencia pesa más que la edad.
La motivación cambia, las ganas no
Pero no todo son profesionales con estructura de alto nivel. El Dakar también sigue siendo un espacio para la aventura adulta. Un lugar donde personas con carreras consolidadas y vidas completas deciden ponerse un dorsal cuando muchos ya piensan en bajar el ritmo. José Luis Criado, notario de 65 años y participante en camiones, lo explica con naturalidad. “La motivación con más de 60 años no es la misma que cuando tenía 32 o 33, cuando empecé a correr”, reconoce. Al principio fue la aventura, el motor, la curiosidad. Luego llegó la competición, los equipos grandes y, ahora, algo distinto: el desarrollo tecnológico.
Criado habla con entusiasmo de su camión, de cómo han incorporado hidrógeno, HVO y un motor eléctrico que recupera energía en las frenadas. “Afortunadamente nos da unos 150 caballos más”, dice, como quien sigue encontrando estímulos nuevos cuando otros ya habrían cerrado el círculo. En el Dakar, cumplir años no significa repetirse, sino reinventarse.
Su preparación también rompe tópicos. Nada de fórmulas mágicas. Deporte diario, pádel casi todos los días, fines de semana activos con bicicleta, correr, caminar, cuidar la alimentación. Y, desde octubre, trabajo específico en el Centro de Alto Rendimiento de Sant Cugat. “Las piernas siempre responden a la mente”, resume. Una frase que podría ser lema no solo del Dakar, sino de la vida a partir de cierta edad.
Una aventura inclusiva
Entre los veteranos de esta edición hay también espacio para las historias mediáticas. Jesús Calleja, presentador de Mediaset, afronta su sexto Dakar a los 61 años. Para él, el rally es una extensión natural de su manera de entender la aventura: salir de la zona de confort, exponerse y demostrar que la curiosidad no se jubila. Calleja no corre para ganar, corre para estar. Y eso, en el Dakar, también cuenta.
El listado de participantes incluye además una cifra que impresiona: Jean Pierre Strugo, el más veterano de todos, con 79 años. Un nombre que recuerda que el Dakar no tiene edad máxima oficial, pero sí una exigencia mínima: estar dispuesto a sufrir. El francés no desafía al cronómetro; desafía a la idea de que hay una edad para dejar de intentarlo.
Nueve mujeres
Y si el Dakar es inclusivo por edad, también lo es por género. La clasificación no distingue entre hombres y mujeres, y en esta edición participan nueve mujeres, todas ellas compitiendo en igualdad de condiciones. La prueba lo lleva haciendo décadas, mucho antes de que la palabra inclusión se convirtiera en eslogan. Ahí sigue el recuerdo de Jutta Kleinschmidt, que en 2001 ganó el Dakar absoluto en coches, demostrando que en el desierto no importa quién eres, sino cómo resuelves los problemas cuando todo se complica.
Quizá por eso el Dakar sigue atrayendo a tantos mayores de 50. Porque no es una carrera contra otros, sino contra uno mismo. Porque exige aceptar el paso del tiempo sin resignarse a él. Porque, al final, el Dakar no pregunta cuántos años tienes, sino si todavía te quedan ganas de levantarte al día siguiente y volver a intentarlo.
