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Así es el pueblo que estuvo 30 años sumergido y su fascinante historia

La historia de este pueblo sumergido también es la de sus vecinos
La historia de este pueblo sumergido también es la de sus vecinos. Freepik
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MadridEn un rincón del noroeste de España, concretamente en la provincia de Ourense, podemos encontrar un lugar cuya historia parece sacada de una novela. Hablamos de Aceredo, una aldea que pasó casi treinta años sumergida bajo el agua y que hoy vuelve a emerger ante la mirada de aquellos que buscan entender el paso del tiempo y las huellas que dejamos.

Con cada sequía severa las aguas del embalse de Lindoso, situado en la frontera entre España y Portugal, retroceden y dejan al descubierto las ruinas de este pueblo hundido. Para muchos visitantes, caminar por sus calles y ver sus muros, fuentes o restos que parecían olvidados es una experiencia surrealista: una Atlántida contemporánea en Galicia.

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Un pueblo con vida antes del agua

Antes de que fuera tragado por el agua, Aceredo era un pueblo vivo. Formaba parte del municipio de Libios, en la provincia de Ourense y hasta 1992, su existencia estaba marcada por tradiciones rurales, viviendas de piedra, huertas y un paisaje tranquilo junto al río Limia, muy cerca de la frontera portuguesa.

Según registros de habitantes y fotografías de familias, por esa época Aceredo contaba con unas 70 casas y unos 120 vecinos. Una comunidad que se mantenía unida en torno a la agricultura y a la vida más tradicional.

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Cuando el agua lo cambió todo

El 8 de enero de 1992 supuso un antes y un después para esta aldea. Ese día, la hidroeléctrica EDP (Energías de Portugal) cerró las compuertas y comenzó a llenar el embalse de Lindoso, un proyecto transfronterizo diseñado para regular las aguas del río Limia y generar electricidad mediante una presa.

La construcción del pantano obedecía a un convenio internacional firmado en 1968 entre los gobiernos de España y Portugal para el aprovechamiento conjunto de recursos hídricos. Pese a ello, su ejecución no estuvo exenta de controversia.

La inundación del valle provocó el desalojo forzoso de Aceredo y los pueblos circundantes, obligando a sus habitantes a abandonar viviendas, huertas, hórreos, caminos y hasta el cementerio. La iglesia fue preservada antes de la inundación y los cuerpos del camposanto, por su parte, fueron desenterrados y trasladados a terrenos más altos, evitando que quedaran sepultados bajo el agua para siempre.

La subida del agua sorprendió a varios vecinos desprevenidos, por lo que hizo falta que las autoridades intervinieran para poder evacuar todas las casas que todavía no estaban completamente desocupadas.

Algunas familias se asentaron en localidades cercanas, otras escogieron irse más lejos después de la inundación que cambió sus vidas. A pesar de que construyeron nuevas vidas, muchos todavía recuerdan el día del desalojo y conservan recuerdos vividos de sus hogares, huertos y plazas.

Las protestas también fueron parte de esta historia: hubo concentraciones, huelgas de hambre y enfrentamientos con autoridades en los días previos al cierre de la presa, principalmente liderados por mujeres de la zona que se negaban a perder sus hogares sin al menos luchar por ellos.

30 años después: el pueblo resurgió de las aguas

Durante décadas, Aceredo permaneció sumergido. Sus piedras, calles empedradas y restos urbanos quedaron ocultos bajo las aguas heladas del pantano. Sin embargo, el cambio climático y los periodos de sequía cada vez más frecuentes han hecho que el nivel del agua del embalse baje, dejando al descubierto esta aldea.

Entre 2021 y 2022, el embalse alcanzó niveles históricamente bajos, con reservas muy por debajo de su nivel medio, debido a la marcada reducción de lluvias y a la gestión del agua durante sequías. Esto provocó que Aceredo emergiera parcialmente, mostrando los restos del pueblo, ruinas de casa y una fuente prácticamente intacta que habían estado ocultos casi 30 años.

Estas imágenes se hicieron virales: casas en medio de un paisaje acuático, calles desiertas, viejas chimeneas congeladas en el tiempo. Para muchos, se trata de un lugar de belleza inquietante, un paisaje fantasmal que recuerda a las historias de otras tantas ciudades hundidas.

El resurgimiento de Aceredo ha llamado la atención de turistas y curiosos que viajan desde diferentes puntos del país para contemplar el pueblo que emerge de las aguas. Algunos lo describen como una experiencia emocionante y nostálgica, otros como un aviso sobre los efectos del cambio climático y la gestión de los recursos hídricos.

Los visitantes cuentan que tienen sensaciones encontradas: por un lado se asombran ante las ruinas visibles, pero también sienten tristeza al imaginar la vida que hubo allí y sobre todo lo que perdieron los vecinos por una decisión que ellos no tomaron.

Además, el paisaje es una oportunidad única para los fotógrafos y documentalistas: casas medio sumergidas, caminos antiguos que se asoman bajo el agua y trozos de piedra que vuelven a ver la luz tras décadas de silencio.