En el corazón de ese paisaje geológico singular se levanta este pueblo medieval declarado Conjunto Histórico-Artístico
El pueblo que enamoró a Almodóvar y que es perfecto para una escapada de fin de semana
El Parque Natural de la Zona Volcánica de la Garrotxa tiene más de cuarenta conos volcánicos y veinte coladas de lava basáltica. En el corazón de ese paisaje geológico singular, que la Generalitat de Catalunya define como el mejor exponente del paisaje volcánico de toda la península Ibérica, se levanta un pueblo medieval declarado Conjunto Histórico-Artístico cuyo casco antiguo fue concebido principalmente en la primera mitad del siglo XIV. Se llama Santa Pau, está en la provincia de Girona y está a menos de dos horas de Barcelona.
La combinación que ofrece Santa Pau no tiene equivalente fácil en la geografía española. Por un lado, un recinto urbano de piedra que creció alrededor de su castillo baronial del siglo XIII, protegido aún en parte por sus murallas originales, con callejuelas estrechas e irregulares que no admiten el paso de vehículos. Por otro, al salir de cualquiera de sus puertas de acceso, un parque natural de 15.000 hectáreas moldeado por erupciones que ocurrieron entre hace 11.000 y 700.000 años, cubierto hoy de bosques tan densos que resulta difícil imaginar que bajo ellos hay campos de lava solidificada.
El casco medieval: un conjunto, no un monumento
Lo que hace especial a Santa Pau arquitectónicamente no es un edificio en concreto sino la coherencia del conjunto. La declaración de Conjunto Histórico-Artístico protege un núcleo que, según Patrimoni Cultural de la Generalitat, fue diseñado principalmente en la primera mitad del siglo XIV con criterios defensivos, por lo que reinan las murallas, puertas de acceso, callejones irregulares que desorientan al intruso y una plaza mayor porticada de trazado irregular que lleva el nombre de Firal dels Bous, donde antaño se celebraban los mercados y las ferias de ganado.
El Castillo de Santa Pau, construido desde el siglo XIII, preside el conjunto desde el punto más alto del pueblo. A su alrededor, las galerías porticadas, las casas de piedra adaptadas al terreno volcánico y los pequeños rincones con vistas hacia el valle crean un recorrido en el que lo importante no es llegar a ningún destino concreto sino dejarse llevar por las callejuelas. La iglesia de Santa María forma parte del circuito natural. El mirador, en uno de los extremos, ofrece vistas sobre los volcanes y los valles que circundan el pueblo y hacen evidente por qué este lugar fue elegido también como escenario para la película El Pregón.

Los volcanes, la otra razón del viaje
Salir del casco histórico de Santa Pau y adentrarse en el parque natural es la segunda mitad del viaje, y vale por si solo para justificar esta escapada. Los dos grandes iconos volcánicos del entorno inmediato son el volcán de Santa Margarida y el Croscat.
El de Santa Margarida tiene una particularidad que lo convierte en una de las excursiones más solicitadas de toda la Garrotxa: en el interior de su cráter, accesible a pie por un sendero, se encuentra una ermita románica dedicada a la santa que da nombre al volcán. Caminar hasta el interior de un cráter para encontrar allí una pequeña capilla es una experiencia que resulta difícil de describir sin haberla vivido.
El Croscat, por su parte, es el protagonista de uno de los paisajes más conocidos de Cataluña. Sobre su antigua colada de lava creció la Fageda d'en Jordà, un hayedo excepcional cuya vegetación tan frondosa se explica precisamente por la riqueza mineral del suelo volcánico que le da sustento. Sus senderos son accesibles, prácticamente planos, y pueden recorrerse a pie, en bicicleta o incluso a caballo. Hay un itinerario señalizado por el parque que parte del centro de información de Can Serra y realiza un recorrido circular de kilómetro y medio, apto para todas las edades.
Para quien quiera disfrutar de la mejor vista desde las alturas, el Mirador de Puig Rodó, a 909 metros, ofrece una de las mejores panorámicas del parque. Se puede llegar en coche desde la localidad de Les Preses, aunque conviene verificar el horario de apertura: está disponible únicamente durante los fines de semana y los días de verano.
Santa Pau tiene también una gastronomía propia, articulada alrededor del concepto de cocina volcánica: productos cultivados en suelos de origen basáltico que, según la tradición local, aportan una intensidad de sabor específica. Los embutidos artesanos, los platos de caza y los productos de proximidad dominan las cartas de los restaurantes del pueblo. Comer allí es, en ese sentido, también parte de la visita.
Cómo llegar y qué tener en cuenta
Desde Barcelona, el trayecto en coche hasta Santa Pau tarda menos de dos horas. Las calles del casco histórico son peatonales y no admiten vehículos, aunque hay aparcamientos habilitados a la entrada del pueblo. El calzado cómodo es imprescindible, tanto para el recorrido interior como para las rutas por el parque.
El verano es una época perfecta para combinar la visita medieval con las rutas volcánicas; el otoño, para ver la Fageda d'en Jordà en su momento más fotogénico. El invierno tiene su propia versión del pueblo, más íntima y con chimeneas encendidas. No hay temporada mala para Santa Pau.

