Mitos sobre el supositorio: para qué sirve este medicamento y cómo podemos ponérnoslo bien
Los supositorios son útiles en determinadas circunstancias como, por ejemplo, en caso de vómitos o en pacientes inconscientes
Para favorecer su inserción se aconseja ponerse de cuclillas o recostarse de lado, con una pierna doblada y la otra estirada
El paracetamol se usa en ocasiones en forma de supositorio para el tratamiento del dolor, o de la fiebre
Hay muchos mitos en torno a los supositorios. El primero de ellos, y más importante si cabe, el cómo se coloca. más adelante te contaremos cómo se hace correctamente porque seguramente te lleves una sorpresa. Se trata de un tipo de dispensación de fármaco que, aunque no sea siempre nuestra principal elección, sí puede representar una alternativa en el tratamiento ante determinadas situaciones o enfermedades.
Pablo Caballero, farmacéutico del área de divulgación científica del Consejo General de Colegios Farmacéuticos, ha concedido una entrevista al medio de comunicación 'Infosalus' en la que habla sobre los supositorios, un tipo de forma farmacéutica con forma cónica o troncocónica, conocida comúnmente como si de una bala se tratara. "Están compuestos por uno o más principios activos, junto con excipientes que se funden o disuelven en el recto tras su administración", precisa.
¿Cómo se colocan los supositorios?
Este experto incide en que, aunque no son la forma farmacéutica más habitual, los supositorios son útiles en determinadas circunstancias como, por ejemplo, en caso de vómitos, o en pacientes inconscientes o con dificultad para deglutir, y permiten obtener una buena absorción gracias a la irrigación de la mucosa en esta zona (venas hemorroidales) en caso de que se busque una acción sistémica.
"Sin embargo, la incomodidad asociada a la vía de administración rectal provoca que los pacientes suelan preferir otras vías, generalmente la vía oral en caso de que sea posible recurrir a ella", aclara Pablo Caballero.
Así, vamos al 'quid' de la cuestión y vamos a explica cómo se colocan los supositorios porque, seguramente, lo has estado haciendo mal todo este tiempo. El farmacéutico del área de divulgación científica del Consejo General de Colegios Farmacéuticos reseña, en primer lugar, que conviene reducir el periodo de manipulación directa en la medida de lo posible, para evitar deshacerlo antes de lo deseado. "Hay que lavarse las manos tanto antes de la manipulación, para no contaminar el fármaco, como después", precisa.
Para favorecer su inserción se aconseja ponerse de cuclillas o recostarse de lado, con una pierna doblada y la otra estirada, empujando lenta y firmemente el supositorio en el recto, según prosigue. Y, una vez introducido, dice que se debe tratar de controlar el deseo inmediato de defecar, intentando no ir al cuarto de baño por lo menos en una hora, a menos que el supositorio sea un laxante.
"No suele ser raro que en el caso de los niños se salgan los supositorios. Para evitar que esto suceda se aconseja poner el supositorio al contrario de lo que siempre pensamos, es decir, introducirlo por el lado plano y no por el puntiagudo. De esta manera se evita que se salga, por acción del esfínter anal, que evitará en mayor medida su expulsión", relata este experto.
Mitos o ideas erróneas
Los supositorios no se utilizan solo en los niños, sino que están indicados en muchos tipos de situaciones (que más adelante veremos), y pueden constituir una forma farmacéutica especialmente útil en determinados casos, como el estreñimiento, defiende Caballero.
En cuanto a su conservación, y por lo general, sostiene que no es necesario mantener los supositorios en el frigorífico: "Los actualmente comercializados en España pueden conservarse a temperatura ambiente, siempre que ésta se encuentre por debajo de los 30 grados centígrados, o por debajo de los 25 grados centígrados en algunos casos. En este sentido, es recomendable consultar con el farmacéutico y leer las condiciones de conservación indicadas en el prospecto".
Es más, recalca este farmacéutico que los supositorios son "bastante sensibles" al aumento de la temperatura, lo que hace que se vea alterada su forma, y esta forma es precisamente lo que garantiza una correcta administración. "Por ello, si vemos que se ha producido un cambio de aspecto, porque se derrite o se deforma como consecuencia del calor, no debemos utilizarlo ya que puede ser una señal de que se han visto modificadas también sus propiedades farmacéuticas", alerta Pablo Caballero.