Menopausia y cerebro: nuevas evidencias vinculan los cambios hormonales con alteraciones similares a las del Alzheimer
Las mujeres pueden reducir el riesgo de desarrollar demencia tras la menopausia haciendo ejercicio físico de manera regular, no fumando y reduciendo el consumo de alcohol
¿Cómo se transforma el cerebro de una mujer durante la menopausia?
La menopausia está relacionada con la pérdida de materia gris y unos cambios en el cerebro que son similares a los observados en el Alzheimer, según sugiere este martes una investigación de la Universidad de Cambridge. Según estos científicos, la disminución de estrógenos durante esta etapa vital puede generar alteraciones en regiones del cerebro asociadas con la memoria, la atención y otras funciones cognitivas. Aunque estos cambios no equivalen a un diagnóstico de Alzheimer, sí presentan similitudes con patrones observados en fases tempranas de la enfermedad, lo que ha despertado un renovado interés científico.
Los investigadores analizaron imágenes cerebrales de mujeres en distintas fases de la transición menopáusica y observaron modificaciones en áreas clave como el hipocampo y la corteza prefrontal. Estas regiones participan en procesos como la consolidación de recuerdos, la planificación y la toma de decisiones. Según los autores, los cambios detectados podrían explicar por qué muchas mujeres reportan dificultades cognitivas —como olvidos frecuentes o problemas de concentración— durante la perimenopausia y la posmenopausia.
Respuesta del cerebro a un entorno hormonal cambiante
El estudio subraya que estas alteraciones no deben interpretarse como un deterioro irreversible, sino como una respuesta del cerebro a un entorno hormonal cambiante. La caída de estrógenos, una hormona que desempeña un papel neuroprotector, parece desencadenar una reorganización funcional que puede manifestarse en síntomas temporales. Sin embargo, la investigación también advierte que esta vulnerabilidad podría interactuar con otros factores de riesgo, como antecedentes familiares o condiciones metabólicas, aumentando la probabilidad de desarrollar enfermedades neurodegenerativas en el futuro.
Los investigadores destacan que la menopausia no es solo un fenómeno reproductivo, sino un proceso sistémico que afecta múltiples órganos, incluido el cerebro. La evidencia acumulada en los últimos años muestra que los estrógenos influyen en la comunicación neuronal, la plasticidad sináptica y el metabolismo energético cerebral. Su disminución puede alterar estos mecanismos y generar síntomas que, aunque a menudo se consideran “normales” en esta etapa, merecen una atención más profunda.
El papel de la terapia hormonal: alivio, pero no reversión
En este sentido, según los expertos, la terapia de reemplazo hormonal (TRH), aunque puede atenuar algunos de los cambios cerebrales asociados a la menopausia, no revierte por completo las alteraciones observadas. Según fuentes consultadas por Infobae, los investigadores encontraron que las mujeres que recibían TRH mostraban una mejor preservación de ciertas funciones cognitivas y una actividad cerebral más estable en comparación con quienes no la utilizaban. Sin embargo, los efectos beneficiosos eran parciales.
De acuerdo con los autores del estudio, la TRH parece “moderar” el impacto de la caída de estrógenos, pero no logra restaurar plenamente el funcionamiento cerebral previo a la menopausia. Esto sugiere que la intervención hormonal puede ser útil para reducir síntomas como los sofocos, las alteraciones del sueño o las dificultades cognitivas leves, pero no constituye una solución definitiva para los cambios neurobiológicos más profundos.
Los expertos también advierten que la eficacia de la TRH depende del momento en que se inicia. Las mujeres que comienzan el tratamiento en etapas tempranas de la transición menopáusica parecen obtener mayores beneficios que aquellas que lo hacen años después. Este hallazgo refuerza la idea de que existe una “ventana crítica” en la que el cerebro es más receptivo a la acción de los estrógenos.
En este sentido, los expertos coinciden en que aún queda mucho por investigar. La interacción entre hormonas, genética, estilo de vida y envejecimiento plantea un desafío complejo, pero también una oportunidad para desarrollar estrategias preventivas más eficaces. Mientras tanto, los especialistas aseguran que las mujeres pueden reducir el riesgo de desarrollar demencia haciendo ejercicio físico de manera regular, no fumando y reduciendo el consumo de alcohol.
