Por qué tu cerebro necesita olvidar para funcionar mejor a los 50

Desechamos lo que no es relevante para poder pensar, razonar y entender, según el neurocientífico Rodrigo Quian Quiroga
Liset Menéndez de la Prida, neurocientífica: “Generamos recuerdos de cosas que no hemos vivido”
Todos hemos vivido esa sensación de no recordar un nombre o un dato que 'deberíamos tener'. A veces solemos castigarnos, especialmente a partir de los 50, por nuestros fallos de memoria, viéndolos como señales de torpeza o del paso del tiempo. Sin embargo, la ciencia moderna nos sugiere todo lo contrario. Nos invita a mirar el olvido como algo útil y adaptativo, no como un fallo permanente. De hecho, si lo recordáramos absolutamente todo probablemente tendríamos un caos ingobernable en la cabeza.

El neurocientífico Rodrigo Quian Quiroga, uno de los investigadores más reconocidos en neurociencia de la memoria, explica en su libro 'La máquina del olvido' (Ariel) que nuestro cerebro no funciona como un archivo de ordenador que guarda todos los datos rígidamente. Más bien, selecciona lo que considera relevante, poniendo a un lado lo que no lo es para poder pensar, razonar y entender.
"Paradójicamente, para recordar hay que olvidar", resume. Para él, este proceso es tan profundo que explica gran parte de lo que llamamos inteligencia humana. Es decir, recordar solo lo esencial, olvidar detalles superfluos y así tener espacio mental para hacer asociaciones profundas entre ideas. "El cerebro selecciona y procesa relativamente poca información de una manera muy redundante para poder extraer un significado", subraya.
El olvido como forma de aprendizaje
La ciencia reciente propone que olvidar no es solo 'perder memoria', sino un mecanismo activo que ayuda al cerebro a reorganizar lo que sabe con lo que está aprendiendo. Un estudio publicado en Nature Reviews Neuroscience sugiere que el olvido involucra cambios en cómo las células de memoria (engramas) se vuelven más o menos accesibles según nuestras experiencias y expectativas.
Este enfoque lo ve como una forma particular de plasticidad cerebral —la capacidad que tiene el cerebro para cambiar y adaptarse—, lo cual es especialmente importante a medida que acumulamos años de vivencias.
En un mundo lleno de información, nuestro cerebro debe decidir qué conservar y qué descartar. Si recordáramos cada detalle de cada día, sin capacidad de abstraer ni olvidar, pronto estaríamos abrumados y nos costaría tomar decisiones o incluso hacer cálculos mentales sencillos.
Entonces, ¿por qué recordamos vivencias de 20 años atrás como si fueran de ayer mismo? Muy sencillo, porque en realidad no las recordamos, o al menos no todas, ni como realmente sucedieron. "Creemos recordar hechos de nuestro pasado como si se tratara de una película que revivimos a partir de nuestra memoria (...) A partir de muy poca información, el cerebro genera una realidad y un pasado que nos lleva a ser quienes somos", explica Quian Quiroga.
El olvido emocional protege el bienestar
Aunque no es lo mismo olvidar por completo un acontecimiento negativo, la tendencia natural de la mente a perder detalles con el tiempo puede suavizar emociones intensas. Una memoria demasiado literal de cada dolor o frustración podría mantenernos anclados en sensaciones difíciles cuando ya hemos superado esas experiencias. Esto no significa ignorar lecciones de vida —como evitar repetir errores— sino que olvidar ciertos aspectos facilita adaptarse, evolucionar y seguir adelante.
Así que olvidar no significa perder, sino ganar claridad. Filtrar lo superfluo, centrarse en lo esencial y permitir que la mente se concentre en lo que tiene valor en cada etapa de la vida. En otras palabras, nuestro cerebro olvida a propósito para poder seguir funcionando mejor y adaptarse a nuevas circunstancias.
