Estado de salud

¿Y si ya no necesitas pastillas para la hipertensión? El cambio de enfoque que afecta a millones de mayores de 65

Hipertensión a partir de los 50. Getty Images
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Para muchas personas mayores de 50 años, la hipertensión ha sido durante décadas un diagnóstico casi automático acompañado de una receta crónica. Tomar una pastilla diaria, controlar la sal, vigilar el estrés… una rutina asumida como inevitable. Sin embargo, las nuevas guías clínicas están empezando a cambiar el paradigma  sobre quién realmente necesita fármacos y en qué cantidad. De hecho, es posible que algunos mayores de 65 no necesiten medicación alguna para controlar su presión arterial.

Un análisis reciente realizado por investigadores del Albert Einstein College of Medicine, la Facultad de Medicina de Yale y la Fundación Clínica Cleveland pone sobre la mesa este importante cambio de enfoque. En lugar de aplicar objetivos rígidos de presión arterial para todos los pacientes, las nuevas recomendaciones apuestan por una medicina más individualizada, especialmente en personas mayores.

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El riesgo cardiovascular no es igual para todos

El punto clave del análisis, publicado en 'Annals of Internal Medicine', está en entender que el riesgo cardiovascular no es igual para todos. Durante años, las guías han promovido cifras objetivo bastante estrictas (como mantener la presión por debajo de 130/80 mmHg), lo que ha llevado a tratar de forma intensiva a millones de personas.

Pero en mayores de 65 años, especialmente aquellos con buena salud general y sin antecedentes cardiovasculares relevantes, bajar demasiado la presión puede no aportar beneficios claros e incluso generar efectos adversos como mareos, caídas o deterioro renal.

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Según las guías de hipertensión de la AHA/ACC de 2025, aproximadamente el 11% de los adultos de entre 65 y 79 años con hipertensión en estadio I ya no cumplirían los requisitos para recibir medicación para la presión arterial. Hablamos de adultos mayores generalmente sanos y de bajo riesgo, cuyo riesgo cardiovascular previsto a 10 años se sitúa por debajo del nuevo umbral de tratamiento.

Aquí es donde entra la necesidad de evaluar el contexto clínico completo del paciente. Factores como la fragilidad, la esperanza de vida, la presencia de otras enfermedades o el riesgo real de eventos cardiovasculares pasan a ser determinantes. Según este análisis, una parte significativa de adultos mayores podría mantener cifras ligeramente más altas sin necesidad de medicación, siempre bajo supervisión médica.

Consultas más personalizadas

En la práctica, esto se traduce en consultas más personalizadas. Tu médico podría plantearte reducir dosis, simplificar tratamientos o incluso suspender fármacos si considera que los riesgos superan los beneficios. De hecho, en algunos casos, el cambio más importante no será farmacológico, sino en el estilo de vida: mejorar la alimentación, aumentar la actividad física o controlar el peso puede ser suficiente para mantener la presión en rangos seguros.

Para quienes llevan años medicándose, este cambio puede generar dudas o incluso cierta desconfianza. Es lógico. Pero el mensaje no es que la hipertensión deje de ser importante, sino que el tratamiento debe adaptarse mejor a cada persona.

Eso sí, ningún cambio debe hacerse por cuenta propia. La retirada o ajuste de medicación antihipertensiva requiere seguimiento clínico, mediciones periódicas y, en muchos casos, un proceso gradual. La automedicación, o la “auto-desmedicación", sigue siendo un riesgo.